sábado, 11 de diciembre de 2010

“La lucha no ha terminado. Es sólo el principio”


"Tanto el ataque al coche real, como el destrozo de las ventanas de edificios del Gobierno y el enfrentamiento directo con la policía, forman parte de una profunda rabia que se ha labrado entre los estudiantes frente a los dirigentes de su país"


Una foto está recorriendo el mundo. La foto en que aparecen el Príncipe Carlos y su mujer Camilla en su Rolls-Royce, asustados por el ataque de un grupo de jóvenes que rompió una ventana de su coche y lo roció de pintura. El heredero a la Corona británica y la duquesa de Cornwall iban al teatro cuando se vieron sorprendidos por una masa de estudiantes que, después del resultado de las votaciones en el Parlamento, se dispersaron y comenzaron a descargar su ira con violencia. Puede tratarse de un hecho puntual que no tiene relación directa con lo que se estaba jugando el 9 de diciembre en Londres: la subida de las tasas universitarias hasta 9.000 libras. Estos focos de violencia que protagonizó una parte de los manifestantes fueron además criticados por otra gran parte de los estudiantes que abogaban por una marcha pacífica. Pero también hay que entender que tanto el ataque al coche real, como el destrozo de las ventanas de edificios del Gobierno y el enfrentamiento directo con la policía, forman parte de una profunda rabia que se ha labrado entre los estudiantes frente a los dirigentes de su país. Se puede entender esta revuelta en cierta manera como una lucha de clases, si bien espontánea y sin una conciencia política demasiado organizada. Durante las protestas del último mes se ha acusado a los Conservadores de ser una panda de millonarios que gobierna solo para sus intereses. Asimismo, las diferencias de clase en el Reino Unido están mucho más marcadas que en otros países europeos y el malestar social que eso implica sale de vez en cuando a la luz. Éste ha sido uno de los casos. La subida de los precios de la matrícula universitaria hasta 9.000 libras puede dejar a gran parte de las clases populares sin acceso a la Educación Superior. Si a eso se le añade la supresión del EMA, una pequeña ayuda destinada a jóvenes de entre 16 y 19 años de las clases más desfavorecidas para seguir con sus estudios mas allá de la enseñanza obligatoria, esta sutura se puede hacer mucho mayor. El recorte del presupuesto universitario dedicado a la enseñanza podría además reducirse en un 80%, lo que dejará a muchas universidades británicas en una situación muy débil para afrontar su futuro. Muchas carreras que no son económicamente productivas se ven claramente amenazadas.

El Parlamento finalmente aprobó la subida de las tasas universitarias hasta un mínimo de 6.000 libras y un máximo de 9.000. Estas medidas se pondrán en práctica a partir de septiembre de 2012 y no afectará a los que ya hayan empezado sus títulos. La votación pasó con un margen mucho menor del que se esperaba. La diferencia ha sido de 21 diputados. Eso quiere decir que 21 Liberal-Demócratas votaron al final en contra, tal y como prometieron antes de las elecciones, y 8 se abstuvieron. Sin embargo, Nick Clegg, el líder de los Lib-Dem y otros 27 compañeros de partido votaron a favor. Esto es lo que desde el principio ha encendido la ira de los estudiantes, muchos de los cuales votaron a Clegg en las elecciones del pasado mayo. Hay por consiguiente un profundo sentimiento de traición hacia los Lib-Dems, de los que han aprendido que “no se puede confiar”. Un diputado de este partido comentó el jueves a una reportera de la BBC que el único compromiso que volverá a firmar será el de no hacer ningún compromiso nunca más. Por lo tanto, nos encontramos ante una profunda crisis de la democracia liberal, que ha demostrado que no depende de la voluntad popular, tal y como siempre se nos ha enseñado. La única excusa que los Conservadores tenían para intentar convencer a los estudiantes es que no comenzarían a pagar el precio de las matrículas hasta que empezaran a ganar un mínimo de 21.000£ anuales, debido al sistema de préstamos que existe en el Reino Unido. El problema radica, sin embargo, en que la deuda que los estudiantes de grado tendrán al final de la carrera será de entre unas 30.000 y 38.000 libras. Según las estimaciones del Instituto de Estudios Fiscales, un graduado medio tendría que ganar unas 50.000 libras al año durante 26 años para pagar toda la deuda. Esto generará por tanto un importante endeudamiento entre los británicos que no solo les afectará a ellos, sino también al Estado. La razón por la que se supone que se quieren poner en práctica estas medidas es para paliar la importante deuda que tiene el Estado británico. Sin embargo, como se ha criticado constantemente, estas reformas no van a ayudar en nada a solucionar esa deuda, sino que simplemente van a ayudar a desmantelar el Estado del Bienestar. Eso es básicamente lo que se pretende con todos los recortes que se van a llevar a cabo en todos los sectores públicos británicos, como se puede deducir del estudio Comprehensive Spending Review (Análisis del Gasto Comprensivo) en el que se hizo pública la voluntad de poner en práctica todos estos recortes. .

Mientras se votaban estas medidas en el Parlamento, el centro de Londres se convertía en un auténtico polvorín. Las dos marchas de estudiantes que habían sido convocadas a las once de la mañana en el centro de Londres se juntaron en Westminster, frente al Parlamento. En principio, los estudiantes no tenían permitido acercarse a Parliament Square. La policía intentó pararles y se repitieron los “kettles” de los que ya hablamos en la segunda entrega de esta serie, una especie de cordón policial que no dejaba continuar la marcha de los estudiantes. Sin embargo, los estudiantes pudieron llegar hasta Parliament Square, donde se concentraron para protestar frente al Parlamento contra la subida de los precios de la matrícula que se estaba debatiendo dentro. Alrededor de las 3.45 las cosas se pusieron violentas. Los policías acordonaron a los estudiantes, los estudiantes presionaron para intentar rebasar el cordón policial y la violencia se desató. Se atacó a los manifestantes con bastones, incluso desde los caballos que estaban escoltando la marcha. A su vez, algunos estudiantes lanzaron vallas a los policías. Las imágenes de lo que estaba pasando alrededor de las cinco de la tarde dentro y fuera de las Casas del Parlamento eran asombrosas. Mientras los diputados discutían sobre las medidas que estaban a punto de votar, una multitud de personas estaban fuera del Parlamento gritando contra lo que estaban a punto de aprobar en la Cámara de los Comunes. Varias hogueras se encendieron, mientras la masa de gente allí concentrada permanecía retenida por la policía, sin poder salir. Sobre las 5.40 de la tarde llegó la noticia sobre el resultado de las votaciones. Los estudiantes la recibieron desilusionados, aunque en gran parte estaban resignados respecto a lo que podía pasar en el Parlamento. Es a partir de este momento cuando se intensificó la violencia. Varios grupos de manifestantes comenzaron a tirar adoquines a la policía y a romper cristales en varios edificios gubernamentales. La policía respondió más que contundentemente. Empezaron a golpear a porrazo limpio a todos los manifestantes, tanto la policía de a pie como desde los caballos. El parte de heridos fue de 43 manifestantes y seis policías que tuvieron que ser hospitalizados. Un estudiante de 20 años tuvo que ser operado de urgencia por una hemorragia cerebral causada por los golpes propinados por la Policía Metropolitana de Londres. En plenos enfrentamientos, hubo grupos de manifestantes que se desperdigaron por el centro de la ciudad desplegando su ira. Intentaron quemar el enorme árbol de Navidad que hay en Trafalgar Square, pero el intento fue frustrado. Justo después ocurrió el famoso incidente con el Príncipe Charles, cuando él estaba intentando ir tranquilamente al teatro, ajeno a las luchas estudiantiles que estaban teniendo lugar en el centro de la ciudad.

La camiseta de un estudiante que se manifestó el jueves en Londres rezaba: “No future. Too expensive” (“No hay futuro. Es demasiado caro”). Eso es lo que les puede pasar a muchos jóvenes británicos que no tienen dinero suficiente como para permitirse una carrera. Y para muchos departamentos universitarios parece ser que su futuro también les puede resultar muy caro, si es que se lo pueden permitir. Pero esto no significa que no haya futuro para la lucha estudiantil, sino más bien todo lo contrario. El movimiento estudiantil británico se ha despertado y no se va a volver a dormir tan rápidamente. Como decía otro estudiante a un periodista de The Guardian nada más conocer el resultado de la votación en el Parlamento: “The fight is not over. It’s the beginning” (“La lucha no ha terminado. Es sólo el principio”).

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