viernes, 15 de abril de 2011

Bolivia: protestas populares desnudan la demagogia del proceso de cambio

Miles de manifestantes cercan la casa presidencial de Evo Morales


Centro de Estudios Populares de Bolivia
http://estudioyrealidad.blogspot.com/


Bolivia, 14 de abril de 2011 (CEP).- El gobierno de Evo Morales quiere borrar con el codo el gazolinazo de fines de 2010, pero no puede quitar los efectos de ese asalto y golpe económico a los sectores populares. El resultado es, hasta ahora, ocho jornadas de protestas en todo el país, con maestros, salubristas y obreros que se mantienen con la moral alta para demandar incremento salarial y denunciar el fracaso del “proceso de cambio”.


“¡Evo, Álvaro, dónde está el cambio!”, reclaman los maestros del área rural llegados de todo el país a La Paz, sede de gobierno, para exigir que se cumpla la “nueva” Constitución Política, aprobada en 2009, en la que se elimina teóricamente las diferencias salariales entre profesores del campo y de la ciudad.


Los maestros de áreas rurales y citadinas están en coordinación en sus movilizaciones, y son protagonistas del “bloqueo de las mil esquinas” que a diario afecta la vida de la ciudad desde donde gobierna Evo Morales.


Los asalariados no están de acuerdo con el escaso 10% de incremento salarial que ha anunciado el gobierno, y piden más (30%) porque el gasolinazo del 26 de diciembre pasado, a pesar de haberse anulado también gracias a las protestas sociales, encareció el costo de vida de la población.


Ciertos dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB), cooptados por el gobierno de Evo Morales, no han podido contener las protestas de las amplias masas que no cesan en sus marchas, bloqueos y movilizaciones. Los dirigentes en la COB del revisionista Partido Comunista de Bolivia, aliado al gobierno de Evo, han quedado anulados y prefieren esconderse en las negociaciones con las autoridades.



La moral de los trabajadores es alta, las protestas son entusiastas y con convicción, totalmente distintas a las cada vez menos frecuentes manifestaciones de apoyo al gobierno que suelen organizar los tirasacos de Evo Morales. Nada los desalienta hasta ahora, y aguantan firmes los insultos del gobierno cuando los tacha de “derechistas” y “golpistas”.  Nada los desmoviliza, ni las amenazas de los ministros de descontarles el sueldo ni los descuentos ya hechos en el sector educación. Nada les baja la moral, ni las constantes gasificaciones a las que les someten los policías en la ciudad.


A pesar de todo, los dirigentes de la COB al servicio del gobierno intentan de todas formas desviar las protestas, queriendo aceptar un 15% de aumento a los salarios e incluso planteando que la demanda salarial no es tan importante como hablar de la reactivación productiva.


El gobierno también hace su trabajo, y ha lanzado un decreto rompehuelgas para que otros centros de salud atiendan a los beneficiarios de las Cajas que están en huelga. La sorpresa es que esos otros centros de salud también están en huelga.


La otra movida de Evo Morales fue atraer a los sindicatos campesinos, cooptados en el Pacto de Unidad, para que salgan a marchar y a enfrentar a los trabajadores. Hasta ahora esto no ha sucedido, tampoco la FEJUVE de La Paz, controlado por masistas, pudo articular su amenaza de marchar contra las protestas, pero los maestros han adelantado que no van a responder con flores a las agresiones de los sectores vinculados al masismo.


Después de largos años de letargo en que los sectores populares evitaron cualquier cuestionamiento al “proceso de cambio”, después años en que cualquier demanda de derechos era tachada por Evo Morales de “derechista”, después de seguir ciegamente a dirigentes aristocratizados, comprados y cooptados por el Movimiento Al Socialismo (MAS), ahora los trabajadores del país están nuevamente luchando en las calles por mejores condiciones de vida y por salarios que les permitan vivir dignamente.


Más amplios sectores de subempleados (desde comerciantes minoristas y trabajadores informales) todavía están desmovilizados, sin cohesión sindical, pero viviendo en situaciones durísimas con salarios temporales que pueden ser considerados ilegales. Y es que el salario mínimo es de 815 bolivianos (entre 115 dólares o 90 euros). Pero ese salario mínimo rige en el papel desde principios de este año, muchísimos trabajadores subempleados ganan un promedio de 600 bolivianos y carecen de cualquier tipo de beneficios sociales, como salud, jubilación etcétera.



Es necesario que todos los sectores se organicen y luchen junto a los organizados por mejores condiciones de vida, que se articulen en un movimiento popular clasista y que las luchas que ahora desarrollan sean la escuela para la construcción de un verdadero programa de transformación.


Centro de Estudios Populares

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