lunes, 4 de abril de 2011

¡LA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA ES UNA ILUSIÓN PARA LAS MASAS!





[El texto del camarada Azad cuya primera parte os ofrecemos a continuación es una crítica demoledora de la “democracia” india, “democracia” cuyos mecanismos de funcionamiento son una sinfonía de corrupción, intereses mafiosos y oportunismo político, es decir, de engaño y fraude al pueblo indio. Como en todos los textos de ese gran marxista que fue el camarada Azad, su fuste político nos impulsa a saltar de lo concreto a lo general, de lo específicamente indio a lo que atañe a todos los revolucionarios del orbe.]

Traducido por ODIO DE CLASE


¡LA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA
ES UNA ILUSIÓN PARA LAS MASAS!

¡LA REVOLUCIÓN ES SU REALIDAD! (PARTE I)


Ser radical es llegar a la raíz de las cuestiones. Marx


Una vez más se ha puesto en marcha el gran fraude indio: el espectáculo de la farsa de las elecciones parlamentarias. Incluso los apologistas de la democracia parlamentaria en la India se han apresurado a considerarlas como el proceso electoral más fragmentado que jamás se haya disputado. Con ello hacen creer al mundo en la llamada “mayor democracia”, incluso a aquellos que aseguran que, en general, el sistema no está preparado para decir quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos en esta charada de la representación. Y esta perspicacia sobre la complicada situación venidera, o complicada situación para la perspicacia de la democracia parlamentaria en la India del siglo XXI, la ha resumido mejor que nadie nada menos que Lalu Prasad –uno de los candidatos a Primer Ministro-: cuando irónicamente observa que “si todos nosotros queremos ganar, ¿por qué contender por separado?” Si en el escenario preelectoral el tema principal es la perspicacia de Lalu para evitar las contiendas a varias bandas y en consecuencia la fragmentación del voto, el circo de juego de sillas que sigue al escenario postelectoral es tan fluido como las insaciables necesidades de un borracho empedernido escaso de dinero. Cualquiera que obtenga más de treinta escaños en las próximas elecciones a la Lok Sabha [“Casa del Pueblo”, en hindi: Cámara Baja del Parlamento indio] será un serio aspirante al puesto de Primer Ministro en el mundo a cara de perro de la política parlamentaria.

Plenamente conscientes de la completa pérdida de prestigio de un proceso que apenas ha despertado la confianza del ciudadano medio de la “república”, todos los grupos parlamentarios desde el Partido del Congreso, al BJP [Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio), en hindi] y los “marxistas” parlamentarios insisten en la necesidad de que todos los ciudadanos emitan su voto sin el cual dichos partidos están condenados. Los medios de comunicación, tanto electrónicos como impresos, están repletos de la más variada publicidad recordando a cada votante la necesidad de que utilice un arma inexistente: su voto. Los gobiernos estatales y de la Unión, los políticos y los ricachones gastan decenas y decenas de millones en infundir una sensación de urgencia e incumbencia en cada votante, como si su “derecho” al voto fuera a reflotar este barco zozobrante: la república india. Sesenta años después de la transferencia de poder de los británicos a sus serviles colegas del subcontinente, a las clases dirigentes de la burguesía compradora india les resulta inevitable invocar cierta legitimidad entre las masas, cada cinco años, tras la cortina de humo de las elecciones, para ejercer su derecho al saqueo y al expolio.


Las elecciones o la política del charcha, parcha y kharcha [discusión, publicidad y dinero, en hindi]

La estimación oficial de lo que se gastará en las actuales elecciones es la gigantesca cifra de 100.000 millones de rupias. Esta cantidad no incluye la publicidad pagada por varios partidos gobernantes con el dinero del pueblo. Un simple vistazo a las elecciones recientemente celebradas a la asamblea de Cachemira muestra la enorme cantidad de dinero que, ilegalmente, desvía el Estado para fabricar el consentimiento de un pueblo que no ha dejado de levantar constantemente su voz a favor de Azadi [“La Libertad”, en persa]. Es un secreto a voces que cada nuevo aspirante a candidato en Jammu y Cachemira recibió un millón de rupias del estado indio. Que la Comisión electoral, pasmarote grotesco e inútil, poco puede hacer, es evidente cuando se analizan las últimas elecciones a la asamblea de Karnataka. Los medios de comunicación informaron de que, de media, cada candidato del BJP, del Partido del Congreso y del Janata Dal (Secular) [JD (S), partido de centro-izquierda con especial implantación en Karnataka] gastó en su región al menos entre 50 y 60 millones de rupias. Los casos más notables son el de los nueve escaños del distrito de Bellary, rico en mineral de hierro, y el de casi todos los centros urbanos, donde el dinero gastado por cada candidato ascendió a la friolera de entre 150 y 180 millones. Una estimación a la baja de lo desembolsado por los principales contendientes en las 224 circunscripciones eleva el gasto a la astronómica cifra de 40.000 millones de rupias. Los grandes mafiosos de la minería de Bellary junto con los capos del inmobiliario desempeñaron un papel clave en la recaudación de decenas y decenas de millones para el BJP. Los capos del inmobiliario se convirtieron igualmente en candidatos del BJP. También las bebidas alcohólicas desempeñaron un papel clave para inducir al voto a personas de los sectores económica y socialmente más débiles.

En Andhra Pradesh, poco antes del día de la declaración del calendario electoral, los babus [“jefes”, en hindi] leales al Gobierno de YSR [Yeduguri Sandinti Rajasekhara Reddy, ex Primer Ministro de Andhra Pradesh, fallecido en 2009] trabajaron durante toda noche en la oficina del Primer Ministro –literalmente hasta quedarse sin pestañas pues lo hicieron a luz apagada- hasta firmar 3.000 órdenes gubernamentales anticipadas para repartir beneficios entre diversos sectores. Para no quedarse atrás, el experimentado tecnócrata y ex Ministro Principal [“Chief Minister”, en inglés, de un estado de la Unión India] Chandrababu aumentó el premio gordo ofreciendo a los pobres una televisión en color por valor de 10 millones de rupias y otros sobornos por el estilo. ¡Tanto vale el triunfo del proceso democrático indio!

El turbio papel del dinero negro y de los ricachones en la vida cotidiana de la gran democracia india es evidente en el número de escándalos que han adornado al parlamento desde los años 80: el escándalo del fraude de Lakhubhai Pathak, el escándalo Bofors, el escándalo de falsificación de St. Kitts, el escándalo de sobornos de JMM, el escándalo de los avales, la estafa de las telecomunicaciones, el coffingate, el escándalo de las adquisiciones de Defensa, la estafa de los pagos en efectivo por servicios de consultoría, la estafa del MPLADS, la estafa del tráfico de personas, la estafa del pago en efectivo por votar. La falta de espacio nos impide entrar en mayores detalles.


Los marxistas parlamentarios

El papel más turbio en la legitimación de la farsa del proceso parlamentario lo desempeña la llamada “corriente principal” de la izquierda. El PCI [Partido Comunista Indio] participó en las elecciones incluso antes de la transferencia de poder, ganándose la legitimidad colonial británica. Desde entonces, han obtenido el graduado al pasar de reformistas a partido de la clase gobernante, una vez convertido el PCI (Marxista) en una fuerza socialfascista. Su nuevo socio en esta ocasión es el PCI (Marxista-Leninista) (Liberación), participante ya en la contienda electoral a principios de los 80. A pesar de sus pretensiones de radicalidad, este partido, a todas luces el más degenerado de todos, no elige sus socios sino en función de su avidez por sentir la blandura del gaddi [“sillón”; literalmente en hindi, “cojín sobre el que se sienta el príncipe”]. El PCI (Marxista-Leninista) (Liberación), que convirtió en machacona cantinela que el PCI y el PCI (Marxista) eran fuerzas serviles de los imperialistas y de las grandes empresas de la burguesía compradora como Tatas, Jindals, Dove, etc., por reprimir brutalmente las protestas del pueblo y entregar tierras y recursos a estos tiburones en Singur, Nandigram, Salboni, Lalgarh, etc. va ahora en Bihar, para disputar las elecciones, ¡de la mano de esos mismos partidos! El PCI (Marxista-Leninista) (Liberación) ya intentó antes en Bihar, y desesperadamente, el mismo chalaneo con el SP [Samajwadi Party; literalmente, “Partido Socialista”], el LJP [Lok Jan Shakti Party, partido de ámbito local de Bihar] e incluso con el RJD [Rashtriya Janata Dal; literalmente, “Partido Nacional Popular”].

Pero por obtener el apoyo de los socialfascistas, el secuaz del imperialismo Manmohan Singh [Primer Ministro de la Unión india] no pudo lograr impulsar en el parlamento varias políticas antipopulares y aprobar diversas leyes antinacionales. Así, tras cuatro años de colaboración, codo con codo, con la UPA [“Alianza Progresista Unida”, fuerza gobernante en la Unión india], se vieron en la obligación de retirarse para conservar una mínima sensación de oposición a la UPA con ocasión del acuerdo nuclear. El tercer frente que mantenían con ladrones y mafiosos como Chandrababu Naidu, Mayawati, Jayalalitha y Deve Gowda se vendrá abajo por sus propias contradicciones tan pronto como comience la carrera para la formación de gobierno. La política de alianzas de conveniencia con la sola finalidad de llegar al gaddi o con objeto de ser un socio dominante es lo que, de hecho, ha generado el carácter oportunista y antipopular de la izquierda parlamentaria, incluidas sus pretensiones anticomunales. Cuando surgen los problemas reales del pueblo, su subordinación a los intereses imperialistas apenas les permite marcar diferencias respecto al Partido del Congreso y al BJP.


El escenario emergente

Ya sea la UPA dirigida por el Partido del Congreso, con o sin el apoyo del PCI (Marxista), ya la otrora NDA [“Alianza Nacional Democrática”, en sus siglas en inglés] encabezada por el BJP, todas las combinaciones del circo parlamentario –testimonio mudo de su naturaleza compradora- han puesto en práctica, con la mayor fidelidad, el Programa de Ajuste Estructural (SAP), dictado por el FMI y el BM, eufemísticamente llamado LPG [¿?]. El resultado de esta “brillante India” está a la vista de todos.

Mientras la economía mundial se tambalea sometida a la peor crisis desde la Gran Depresión, la India no ha estado nunca más atrapada en la red del imperialismo, especialmente de los Estados Unidos: ha tocado fondo con el mayor déficit presupuestario y comercial, en términos absolutos, y con el dólar más bajo que nunca. La dominación del capital extranjero nunca ha sido más intensa que ahora. Incluso la más mínima depresión en las economías occidentales tiene repercusiones profundas en un país semicolonial y semifeudal como la India en que el 40% de su PIB proviene de las exportaciones y las importaciones. Las bolsas de valores atrapadas por los FII [“Inversores Institucionales Extranjeros”, en sus siglas en inglés] han quedado arrasadas. Con la salida del país en 2008 de 13 mil millones de dólares –628.800 millones de rupias- llevada a cabo por los FII, los inversores en el mercado de valores indio perdieron 36,5 billones de rupias. La caída del 90% de los valores en el sector inmobiliario y del 80 en los fondos de mutualidades [“Mutual Funds”, en el original en inglés], donde estaban invertidos gran parte de los ahorros de la clase media, no han hecho sino empeorar aún más la crisis.

En el patrimonio neto de las grandes empresas compradoras, la participación del capital extranjero ha aumentado, por término medio, de alrededor del 6% a aproximadamente el 25%. Incluso para el crédito, la mayor parte de las grandes empresas depende de los préstamos extranjeros (en forma de EBCs [“Préstamos Comerciales Externos”, en sus siglas en inglés], etc.) al ser los tipos de interés mucho más bajos en el extranjero. Los medios de comunicación burgueses han señalado con meridiana claridad que la riqueza total invertida –en términos de capitalización bursátil- de todas las sociedades anónimas en su conjunto se hundió al pasar de 73 billones de rupias en enero de 2008 a 36,5 billones de rupias en octubre del mismo año. Desde entonces no ha dejado de caer. A día de hoy, la mitad de las 2.699 empresas que cotizan en bolsa están por debajo de su valor contable. Por primera vez en 15 años, la producción industrial cayó en un 0,5% en enero de 2009. Los sectores punteros de la economía india, como el mercado del automóvil, las industrias de exportación (cuero, textiles), las tecnologías de la información [“IT”, en sus siglas en inglés] y los servicios aplicados a las tecnologías de la información [“ITES”, en sus siglas en inglés] se han desplomado drásticamente.

Nuestro sabio Primer Ministro y nuestro erudito Ministro de Finanzas han procurado hundirnos en lo más profundo del torbellino de la bestia imperialista al reducir las restricciones sobre los “Participatory Notes” [tipo de fondos de inversión de alto riesgo], al elevar los tipos de interés sobre los préstamos a los indios no residentes [“NRI”, en sus siglas en inglés]; al aumentar el capital social permitido en los seguros del 26 al 49%; al permitir la adquisición de la mayor compañía farmacéutica india, Ranbaxy, por la japonesa TNC; y la lista no acaba ahí. Las políticas adoptadas –ya sea por el Partido del Congreso, el BJP, el PCI (Marxista), el TDP [Telugu Desam Party, en castellano “Partido del Pueblo y la Tierra Telugu”], el R/JD, el BSP [Bahujan Samaj Party, en castellano “Partido de la Mayoría Social”], el SP, el AGP [Asom Gana Parishad, en castellano “Asociación de los Pueblos de Assam”], el NC [“Partido Nacionalista del Congreso”, en sus siglas en inglés] o cualquier otro semejante-, no son más que una receta para el desastre del pueblo de este subcontinente, un sostén a los imperialistas (y a sus agentes compradores dentro del país) para ayudarles a cargar la crisis sobre los pueblos de los países atrasados como India.


Azad
Portavoz
Comité Central
Partido Comunista de la India (Maoísta)
12 de marzo de 2009


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