jueves, 10 de noviembre de 2011

EL CENTRISMO: TOLERANCIA Y CONCILIACIÓN CON EL OPORTUNISMO


[Nota de ODC: el presente texto es parte de un documento más amplio titulado CONTRA EL CENTRISMO elaborado por los muy apreciados camaradas de la Unión Obrera Comunista (MLM) en septiembre de 2009. Dicho documento es de plena vigencia y retrata magistralmente las características de los centristas en la actualidad, los cuales tienen en el Estado español a un grupo especialmente rastrero y oportunista. Los centristas llaman actualmente a la unidad con los oportunistas de Nepal y apoyan una supuesta "fracción roja" encabezada por Kiran y otros cuyas posiciones políticas son claramente revisionistas, liquidacionistas y capitulacionistas.]

Unión Obrera Comunista (Marxista Leninista Maoísta)
http://www.revolucionobrera.com/


“La crisis engendrada por la gran guerra arrancó el velo, barrió los convencionalismos, abrió el absceso, desde hacía tiempo maduro, y mostró el oportunismo en su verdadero papel de aliado de la burguesía. Ahora ha llegado el momento en que es indispensable apartar completa y orgánicamente de los partidos obreros a este elemento. La época imperialista no tolera la coexistencia en un mismo partido de los elementos de vanguardia del proletariado revolucionario y la aristocracia semipequeñoburguesa de la clase obrera, que se beneficia con las migajas de los privilegios proporcionados por la condición “dominante” de “su” nación. La vieja teoría de que el oportunismo es un “matiz legítimo” dentro de un partido único y ajeno a los “extremismos” se ha convertido hoy en día en el engaño más grande de la clase obrera, en el mayor obstáculo para el movimiento obrero. El oportunismo franco, que provoca la repulsa inmediata de la masa obrera, no es tan peligroso ni perjudicial como esta teoría del justo medio, que exculpa con palabras marxistas la práctica del oportunismo, que trata de demostrar con una serie de sofismas lo inoportuno de las acciones revolucionarias, etc. Kautsky, el representante más destacado de esta teoría y, a la vez, la figura de mayor prestigio de la II Internacional, se ha revelado como un hipócrita de primer orden y como un virtuoso en el arte de prostituir el marxismo.”
V.I. Lenin, La bancarrota de la II Internacional – mayo / junio de 1915

“El centrismo es un concepto político. Su ideología es la ideología de la adaptación, la ideología de la supeditación de los intereses proletarios a los intereses de la pequeña burguesía dentro de un partido común. Esta ideología es extraña, ajena al leninismo”
J.V. Stalin

Caracterización del centrismo

En la historia de la lucha de líneas en el Movimiento Comunista Internacional –entre el marxismo y el oportunismo, entre el marxismo verdadero y el falso– siempre ha surgido una posición que se queda en el centro de esa contienda abogando por su conciliación. En términos de clase significa la conciliación entre proletariado y la burguesía; esto es, representa a la pequeña burguesía –clase intermedia entre esas clases fundamentales– cuya situación económica híbrida (propietaria y trabajadora) la convierte en una clase inestable, que le hace coro a la burguesía en los períodos de ascenso económico del capitalismo, ilusionada con las migajas de plusvalía que le depara; pero en los tiempos de crisis, y sobre todo en los períodos de ascenso de la revolución, encuentra en el proletariado su mejor y fiel aliado. Al igual que el oportunismo, el centrismo tiene su base social en la pequeña burguesía cuyos partidos políticos ya sean demócratas o falsos partidos obreros y comunistas, defienden, irradian y reproducen las ideas conciliadoras de la burguesía, pero también –por estar la pequeña burguesía obligada en determinadas condiciones históricas a actuar revolucionariamente al lado del proletariado– fortalece las filas del partido con sus elementos más conscientes, quienes renuncian a sus intereses para asumir la defensa de los intereses del proletariado, de su ideología y programa político, sin dejar de ser vehículo de ideas, comportamientos, hábitos y costumbres propios de su proveniencia de clase pero que el partido debe mantener a raya, doblegados, mediante luchas y campañas ideológicas.

Centrismo es defender la unidad con el oportunismo, como lo hacía el partido de la época de la II Internacional, tolerante con el oportunismo al que consideraba una “desviación legítima” dentro de sus propias filas. El centrismo es una posición diametralmente opuesta al leninismo el cual demostró hasta la saciedad el vínculo umbilical que existe entre el imperialismo y el oportunismo, su antagonismo con los intereses del proletariado y la misión de su partido, lo que hace imposible convivir con el oportunismo en la misma organización, “El socialchovinismo –dice Lenin– es el oportunismo maduro hasta el punto de que ya no es posible que este absceso burgués siga existiendo como hasta ahora en el seno de los partidos socialistas.”

El centrismo no reconoce la necesidad inevitable de la escisión con el oportunismo, la elude y la teme porque se acobarda de proclamar francamente las consignas revolucionarias del proletariado y su partido. Eludir la escisión con el oportunismo y abogar por la unidad con él, es escindir la lucha del proletariado, atentar contra sus intereses, contra el partido y la revolución; es renunciar al marxismo revolucionario: el marxismo leninismo maoísmo. Sobre el problema de la escisión aclara Lenin “Esto no significa que se desee o, al menos, sea posible la escisión inmediata con los oportunistas en todos los países: significa que ha madurado en el plano histórico, que es inevitable y progresiva, que es necesaria para la lucha revolucionaria del proletariado, que la historia, tras de volver del capitalismo “pacífico” al imperialismo, ha virado hacia esa escisión. Volentem ducunt fata, nolentem trahunt*.

* A quien lo desea, lo lleva el destino; y a quien no lo desea, lo arrastra”.

El centrismo disimula y elude las contradicciones más profundas del imperialismo para justificar la unidad con el oportunismo, buscando en cada nueva situación del proceso de agonía del capitalismo –y en la propia prolongación de tal agonía– un argumento más para negar el carácter insoluble de tales contradicciones dentro de los límites del capitalismo, o sea, para ilusionar al proletariado con la solución de tales contradicciones sin necesidad de la derrota revolucionaria del imperialismo, o en otras palabras, para engañarlo con una supuesta imbatibilidad del imperialismo, con la prolongación de su existencia a una nueva fase ultraimperialista o como lo prefiere llamar el revisionismo prachandista: “Estado globalizado del imperialismo estadounidense”.

Al comienzo de la I guerra mundial imperialista de 1914, cuando el oportunismo pasó de su alianza ideológica secreta con la burguesía a la manifestación sin tapujos de su público compromiso político con la burguesía imperialista bajo la forma del socialchovinismo, fue apoyado y justificado teóricamente por Kautsky, quien años antes había encabezado la denuncia y refutación al revisionismo bernsteiniano, pero luego optó por “olvidar las palabras del marxismo” para dar respaldo al oportunismo socialchovinista de una forma no explícita, sino sutil, hipócrita, solapada, empalagosa, “honrada”: el centrismo.

A pesar de haber corrido casi un siglo desde entonces, y de las peculiares condiciones que en cada periodo de la agonía del capitalismo han hecho necesarias determinadas formas de oportunismo, su base económica y su contenido ideológico y político siguen siendo los mismos, sus argumentos siguen siendo en el fondo los mismos, sus expresiones similares, en fin, sigue idéntica la esencia de todo oportunismo: la colaboración de clases! De ahí que sea asombrosa la vigencia de las palabras de Lenin en el combate al centrismo kautskista de aquella época:

“El imperialismo ha sido valorado ya teóricamente en todos sus rasgos principales como la lucha de la burguesía agonizante, decrépita y podrida, por el reparto del mundo y el sojuzgamiento de las naciones “pequeñas”; miles de veces han sido repetidos estos argumentos en las innumerables publicaciones periódicas de los socialistas de todos los países; el francés Delaisi, por ejemplo, representante de una nación “aliada” con respecto a nosotros, explicó de una manera popular, en su folleto La guerra que se avecina (¡en 1911!), el carácter expoliador de la guerra actual en lo que respecta también a la burguesía francesa. Pero esto no es todo. Los representantes de los partidos proletarios de todos los países expresaron en Basilea, de un modo unánime y formal, su convicción inquebrantable de que la guerra que iba a estallar tendría precisamente un carácter imperialista, e hicieron de esto deducciones tácticas. Por esta razón, entre otras, deben ser rechazadas en el acto, como sofismas, todas las alusiones a que las diferencias entre la táctica nacional e internacional han sido insuficientemente estudiadas (véase la última interviú de Axelrod en los núms. 87 y 90 de Nashe Slovo), etc., etc. Esto es un sofisma, pues una cosa es el estudio científico de todos los aspectos del imperialismo -estudio que sólo está comenzando y que, por su naturaleza, no tiene fin, como no lo tiene la ciencia en general-, y otra cosa son los fundamentos de la táctica socialista contra el imperialismo capitalista, fundamentos que han sido expuestos en los millones de ejemplares de periódicos socialdemócratas y en la resolución de la Internacional. Los partidos socialistas no son clubes de debates, sino organizaciones del proletariado en lucha, y cuando varios batallones se pasan al enemigo, se les debe llamar traidores, sin “dejarse llevar” por discursos hipócritas acerca de que “no todos” comprenden “de igual manera” el imperialismo, de que, por ejemplo, el chovinista Kautsky y el chovinista Cunow son capaces de escribir tomos enteros sobre esto, de que el problema “no ha sido suficientemente debatido”, etc., etc. El capitalismo nunca será estudiado hasta el fin en todas las manifestaciones de su naturaleza expoliadora y en todas las minúsculas ramificaciones de su desarrollo histórico y de sus peculiaridades nacionales; los investigadores (y sobre todo los pedantes) nunca dejarán de discutir sobre cuestiones de detalle. Sería ridículo renunciar, “con este motivo”, a la lucha socialista contra el capitalismo y no oponerse a quienes han traicionado esta lucha; mas ¿qué otra cosa nos proponen Kautsky, Cunow, Axelrod y consortes?”.

El centrismo llama a la unidad con el oportunismo, escudándose en la unidad general de la clase obrera, olvidando que fue precisamente el oportunismo el que ha escindido a la clase obrera, al socialismo y al Movimiento Comunista Internacional. Esa unidad con el oportunismo que es el representante de la burguesía dentro del movimiento obrero, que ha traicionado y se opone a los intereses de clase del proletariado, es en realidad y en el fondo, el afán centrista de la unidad con la burguesía a través de los oportunistas.

Centrismo es la defensa del oportunismo en forma encubierta, lacaya y benevolente: colocando impedimentos a la lucha contra el oportunismo; guardando impávido silencio frente a las teorías y traiciones del oportunismo; acudiendo solapadamente al ardid de “las palabras olvidadas del marxismo” o apelando falsamente al marxismo y la experiencia histórica; dispensando elogios y saludos a los desmanes oportunistas; haciendo insinuaciones y alertas sobre los “riesgos” de las “novedosas” teorías y experiencias oportunistas, sin atreverse a discutir abierta y directamente las cuestiones fundamentales puestas en tela de juicio, tras el argumento de un “insuficiente debate interno” o de “no prestarse para que el enemigo aproveche la división”; manifestando oposición a los oportunistas pero eludiendo el problema de los principios o sin que tal lucha sea de principios, puesto que las divergencias del centrismo con el oportunismo no son de principio sino por asuntos secundarios, de detalle, de procedimiento; desplegando una lucha aparentemente de principios, a medio camino, a medias tintas, pues parte de una similar “redefinición” de los principios y de especiales reservas sobre la piedra de toque para diferenciar el marxismo del revisionismo: la cuestión de la Dictadura del Proletariado y el reconocimiento de su experiencia histórica. El centrismo no defiende abierta y directamente las teorías del oportunismo, sino en forma velada e hipócrita; en el fondo, el centrismo hace con “guante de seda”, la misma e idéntica falsificación del marxismo que los abiertamente oportunistas hacen en forma burda y descarada.

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