viernes, 30 de septiembre de 2011

¡NO A LA CONCILIACIÓN CENTRISTA CON EL REVISIONISMO! HE AHÍ LA CUESTIÓN CENTRAL


Unión Obrera Comunista (MLM)
http://www.revolucionobrera.com/


En un aluvión de Comunicados, entre los días 26 y 28 de septiembre fueron dados a circulación los pronunciamientos del Partido Comunista (Maoísta) de Italia: A propósito de la Declaración del Comité Internacionalista Proletario del Estado Español, y del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India [Italia]: Sobre los problemas planteados en la sección del Estado Español del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, y un tercer pronunciamiento del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia – España en el Blog Dazibao Rojo: ¡Denunciar el oportunismo del Colectivo Odio de Clase!. No se hicieron esperar las inmediatas respuestas en el Estado Español por parte de los camaradas del Colectivo Odio de Clase: En respuesta al comunicado del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, y de los camaradas de la Organización Comunista Bandera Roja: Una aclaración al PCM – Italia, contenida en el No. 1 de su publicación Contracorriente.

Seguramente irán y vendrán más comunicados al respecto, pero dado que esta lucha ya involucra de hecho el problema de la unidad de los marxistas leninistas maoístas, nos obliga a tomar posición pública. Coincidimos en que como lo manifiestan respectivamente los camaradas del Colectivo Odio de Clase y de la Organización Comunista Bandera Roja:

La discusión de fondo es sobre la posición respecto al revisionismo y la traición del Partido Comunista de Nepal Unificado (Maoísta) - PCNU(M), es decir, sobre al centrismo.

Los problemas de líneas que dividen a los marxistas leninistas maoístas en el Estado Español, tienen su raíz profunda en esa discusión de fondo.


• El Comité Internacionalista Proletario, de acuerdo a su carácter de Comité amplio de apoyo, será el indicado de responder por sus palabras y sus actos.

Los hechos que aparecen como causas inmediatas de esta discusión y gran desacuerdo, corroboran una vez más la justeza de la crítica que hicimos a la Declaración del Primero de Mayo firmada entre otros, por los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia y por el Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia: esa Declaración consumó una conciliación centrista con el revisionismo y la traición del Partido Comunista de Nepal Unificado (Maoísta) PCNU(M); tal conciliación no allana, sino que entorpece el camino hacia la unidad del Movimiento Comunista Internacional.

Y aunque los acontecimientos en Nepal que involucran al PCNU(M) han mostrando hasta la saciedad y en vivo su catadura revisionista y traidora, sin embargo estos camaradas que han caído en el pantano de la conciliación con el revisionismo, que se han prestado para cubrirle la espalda a un partido traidor como lo es el PCNU(M), que vacilan en la lucha contra ese, el peligro principal para la unidad del Movimiento Comunista Internacional, se niegan a reconocer la verdad mostrada por los hechos, desechan la crítica de otras organizaciones marxistas leninistas maoístas, rehúyen la autocrítica, y prefieren hundirse aún más en el pantano del centrismo, como lo hacen ahora lanzando la acusación de “oportunistas” a quienes justamente les han señalado y puesto en alerta sobre sus peligrosos pasos hacia el oportunismo.

No otra cosa significa, acudir al viejo método, ese sí típico del oportunismo, de escurrirse, rodarse por las ramas, para eludir la cuestión central: la unidad de los marxistas leninistas maoístas presupone como condición indispensable, inexcusable, el deslinde radical con el revisionismo y la denuncia franca a sus traiciones y contubernio político con las clases reaccionarias.

Y no nos referimos al deslinde con el revisionismo en general, declaración que ya es común oír en boca de los propios revisionistas “maoístas”. Nos referimos al deslinde profundo de campos con el revisionismo, que si bien como todo oportunismo, tiene su causa profunda en la necesidad imperialista de prolongar su agonía, hoy tiene causa inmediata en la derrota de la línea marxista leninista maoísta en el Movimiento Revolucionario Internacionalista MRI, y aparece con nombres propios: revisionismo prachandista del PCNU(M) y “nueva síntesis” post-mlm del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos - PCR,EU.

Los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, y los camaradas del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia, eluden esta cuestión central, cuando se deslizan hacia el problema de los Comités de Apoyo a la Guerra Popular en la India, olvidando que su manifiesta conciliación con el PCNU(M) en la Declaración del Primero de Mayo, se atravesó como palo en la rueda, en la lucha por la unidad de los comunistas, y es ese el principal impedimento para que los camaradas MLM en España puedan mancomunar sus esfuerzos en apoyo a la Guerra Popular en la India.

Se elude esa cuestión central, cuando se hila tan delgado como lo hacen los camaradas de Italia respecto a las “condiciones” para apoyar la Guerra Popular y al Partido Comunista Maoísta de la India, posando de ser “más papistas que el Papa”, convirtiendo la solidaridad internacionalista en un galimatías, haciendo del apoyo a la revolución en la India una “propiedad sectaria”, y sobre todo, pasando por alto que el fondo del acuerdo en el Comité Internacionalista Proletario estriba en apoyar la revolución en la India dirigida por un Partido que actúa diametralmente opuesto al traidor partido revisionista de Nepal PCNU(M).

Se elude esa cuestión central, cuando los camaradas de Galicia subestiman la divergencia de fondo con los camaradas del Colectivo Odio de Clase, y les endilgan “oportunismo, saboteo y fraccionalismo” por haber constituido el Comité Proletario Internacionalista. Es inevitable que el estado actual de confusión y dispersión del Movimiento Comunista Internacional MCI —cuya causa inmediata fue la derrota sufrida en el MRI— se manifieste en los Comités más amplios donde inciden los MLM, tanto así que para camaradas impulsores del Comité Internacional es coherente con su centrismo, apoyar la Guerra Popular en la India al mismo tiempo que le dan respaldo al PCNU(M) que traicionó la Guerra Popular en Nepal. En contra parte, para otros camaradas MLM de España, juntarse con el centrismo para dar apoyo a la revolución en la India, les resulta incoherente con su lucha crucial por la unidad actual del Movimiento Comunista Internacional: la lucha contra el revisionismo.

Eluden esa cuestión central, los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, de quienes ya conocemos su respuesta pública: “No tenemos ninguna autocrítica que hacernos por haber apoyado esta línea” [1] a nuestra exigencia de que no bastaba declararse antiprachandista hoy, sino ser serios y autocriticar públicamente su apoyo al Acuerdo de Paz del PCNU(M) en el 2006, y para distraer hoy traen a cuento que el PC M de la India criticó los acuerdos y negociaciones de paz aplicadas por el PCNU(M) “pero no sobre la base de declaraciones de principios o imperativos absolutos” y que “también ha presentado planes de acuerdos y negociaciones con el Gobierno de la India”, yéndose nuevamente por las ramas, pues la discusión hoy no es sobre si son o no necesarios y a veces obligados los acuerdos para los comunistas, sino en que no se puede renegar de los principios y traicionar la revolución a cuenta de las ventajas temporales de un acuerdo, como lo hicieron los revisionistas en Nepal. Como siempre, los hechos son más elocuentes que las declaraciones: a nombre del maoísmo y con siglas maoístas muy resaltadas el Primero de Mayo los camaradas de Italia promueven y firman un acuerdo con el PCNU(M) que objetivamente silenció su revisionismo y traición en Nepal; pero hoy condenan a los camaradas MLM de España por hacer un acuerdo con otros revolucionarios no declarados maoístas, para denunciar el revisionismo y la traición en Nepal. En el primer caso, deben ser los MLM quienes respondan por haberse comprometido con el revisionismo; en el segundo, deben ser los no declarados maoístas quienes respondan por haberse comprometido en la denuncia al revisionismo.

Eluden esa cuestión central, los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, con su actitud soberbia de negarse a reconocer la traición del 2006 en Nepal, y junto con los camaradas de Galicia seguir dándole apoyo al partido que ejecutó esa traición, siendo extremadamente blandos con los jefes revisionistas de ese partido que hoy se maquillan de “antiprachandistas”, pero enconadamente duros con los marxistas leninistas maoístas, que como los camaradas del Colectivo Odio de Clase han puesto su esfuerzo y su trabajo en defensa del marxismo revolucionario y en lucha frontal contra el oportunismo y la conciliación con el revisionismo.

Vemos un ataque orquestado y concéntrico, que pretextando invalidar al Comité Internacionalista Proletario, en realidad está dirigido a desprestigiar al Colectivo Odio de Clase y desmoralizar a los camaradas, no tanto en cuanto al apoyo a la Revolución en la India se refiere, sino en su labor de crítica al centrismo que desdibuja y concilia con el peligro revisionista, de lucha contra ese el principal peligro para la unidad del MCI, y de denuncia a sus bellaquerías como parte y defensor del pestilente Estado reaccionario. Es un ataque velado contra los marxistas leninistas maoístas que en otros países defendemos esas mismas posiciones, identificados básicamente en que reconocer el papel histórico que jugó el MRI, exige reconocer que la conciliación con el revisionismo fue la causa de su colapso, y que aprender esa amarga lección, implica romper cabalmente con todo tipo de oportunismo para poder avanzar en la edificación de un nueva y sólida unidad de los marxistas leninistas maoístas a nivel internacional. Ese es hoy el camino justo y correcto en la lucha por la unidad del MCI, en el cual hoy respaldamos a los camaradas del Colectivo Odio de Clase, a quienes llamamos a persistir, no doblegarse ante estos ataques, seguir adelante luchando contra la corriente centrista que antes lanzó los dardos del “dogmato-revisionismo”, luego del “liquidacionismo del MRI” y ahora el de “boicoteadores” del apoyo a la Revolución en la India.

Finalmente, frente a la alusión que los camaradas de Galicia hacen en su pronunciamiento, a la recomendación de la Unión a los camaradas del Colectivo Odio de Clase, de no retirarse del Comité Internacional, que les expresamos en una carta del 26 de mayo, justo pocos días después de haber publicado nuestro pronunciamiento ¡No a la conciliación centrista con el revisionismo!, está precisamente, no en el contexto de conciliar con las posiciones centristas partícipes en el Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, sino de la posibilidad de luchar contra esas posiciones en el seno de ese tipo de Comités. Era una recomendación supeditada al respeto de su decisión para tratar las discrepancias prácticas entre estos grupos de comunistas en España, y aunque no se habían conocido los artificios y cortapisas que hoy dejan ver los camaradas de Italia respecto a ese apoyo internacionalista, se refería estrictamente a la cuestión central, en cuanto al método de lucha contra las posiciones centristas, contradicción que consideramos es en el seno de los comunistas, de los marxistas leninistas maoístas y no con oportunistas desvergonzados insalvables; por tanto, tratable con la lucha teórica, con la crítica y autocrítica, con la persuasión. Por eso encarecimos a los camaradas: Tenemos la obligación de unir lo susceptible de ser unido, para combatir el peligro principal.

Esta cuestión del método también la hemos insistido en la correspondencia a los camaradas del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello”, y a los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia. Pero hasta ahora pesa más la división de los comunistas por asuntos de detalle, de la animosidad y el prejuicio, que la unión de los comunistas en defensa de los principios del MLM y contra su falsificación revisionista. También en esta cuestión del método, seguiremos luchando contra la corriente.

Comisión de Relaciones Internacionales

Unión Obrera Comunista (MLM)


Colombia, septiembre 29 de 2011

Copia al Periódico Revolución Obrera

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[1] Replica del PCM de Italia a la Unión Obrera Comunista (MLM), en carta del 12 de febrero del 2011.

¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA! ¡ORGANIZACIÓN, REBELIÓN Y RESISTENCIA!





MUJERES DE LA RESISTENCIA IRAQUI


THE REVISIONIST TRAITORS IN NEPAL STILL IN THE SERVICE OF THE REACTIONARY STATE


Unión Obrera Comunista (MLM)
Página web: www.revolucionobrera.com

On November 8, 2006 was confirmed the signing of a peace agreement between the Communist Party of Nepal (Maoist) - CPN (M) - and the interim government of Nepal.

Until this, a People's War of ten years led by the said party had managed to corner the centuries-old monarchy in the country and its reactionary army in the capital Kathmandu, forcing the king to leave the control of the government directly into the hands of the ruling classes, the bourgeoisie and the landowners.

But against all odds, the leaders of the CPN (M) decided to stop the people's war, and to abandon the programmatic project of destruction of the old reactionary state with the revolutionary violence of the masses, and the construction of a State of New Democracy, as a form of dictatorship of the proletariat in a semi-feudal and semi-colonial country.

Instead of this, the leaders of the CPN (M) undertook to negotiate, with the reactionary political parties of the exploiting classes and the reformist parties of the petty bourgeoisie, their participation in the old reactionary state to "remodel" it, engaging in the peace agreement to dismantle the bases of popular power, to disarm the people, to keep the People's Liberation Army - PLA- weapons locked in UN containers, to merge their soldiers in the reactionary army (the same royal army that was about to surrender), to form a new parliament, an interim government where the Maoists leaders have seats in some ministries and to convene a Constituent Assembly.

An abominable felony that the leaders of the CPN (M) presented under the name "theory of tactics for the revolution in the 21st century", for which they received applause from all the reactionaries in Nepal and the imperialist bourgeoisie, supported by the international opportunism praising it as a sign of sanity and wisdom of the "Maoists", with the tacit support of the silence of the defunct Revolutionary Internationalist Movement - RIM and open support of some of its parties for whom it was an "example of tactical flexibility" and a "development of Marxism" to the conditions of the new century, reaching the ridiculous argument of a leader of the Revolutionary Communist Group of Colombia1 who at a public event organized by Revolución Obrera, justified the Peace Agreement as a "big ploy to fool the reactionary and the imperialists ".

Meanwhile, marxist leninist maoist parties and organizations from different countries immediately denounced the betrayal of the CPN (M), as did the comrade Azad, Spokesperson of the Communist Party of India (Maoist), who later was foully murdered, because his ideas and practice were completely opposed to the surrender of Nepal's Maoist leaders, as publicly stated by on November 13 2006: "A new Nepal can only emerge by defeating the reactionary state. The deposit of PLA weapons under UN supervision lead to the disarming of the masses." “Nothing is more dreadful to imperialism and the reactionaries than armed masses and hence they would gladly enter into any agreement to disarm them”, "The agreement of the Maoists to be part of the interim government of Nepal can not transform the reactionary character of the state machinery that serves for the exploitation by the ruling classes and imperialism." "A fundamental principle of Marxism is that it can not have basic changes in the social system without demolishing the machinery of state. "

So, the Executive Committee of the Communist Workers' Union (MLM) publicly called on the 14th November to "Struggle against the Traitor Opportunism in the leadership of the Communist Party of Nepal (Maoist)". “The decision of the party leadership to sign a peace agreement with the commitment to lay down their arms and participate in the bourgeois government and a Constituent Assembly is a clear betrayal of the people and the international proletariat. Giving up to destroy the reactionary state with the People's War is a prostration before the might of the bourgeoisie and the worst manifestation of distrust of the power emanating from the armed and organized masses. We reject categorically the decision of the Communist Party of Nepal (Maoist) to depose weapons and renounce the path of People's War."

Indeed, signing the Agreement of TREASON in Nepal, their leaders unanimously dedicate themselves to be political fiddler with the bourgeoisie and their opportunistic counterparts, especially with the charge of the Prime Minister, who since then have rotated between Koirala (the bourgeois Congress Party), Prachanda (of the revisionist CPN (M)) who resigned after 8 months unable to remove the military commander of the Army, Khanal (of the opportunist petty-bourgeois party UML) and now Bhattarai (again of the revisionist UCPN (M)2) who was lastly elected by the Constituent Assembly in August.

Thus, Prachanda and Bhattarai, yesterday's chief of the people's war, have with the backing of their party become Prime Minister, to lead the reactionary state, the execution of the dictatorship of the exploiting classes on the people. It is the continuation of the betrayal and its direct aid to reactionary state, through the practice of ministeryalism, already denounced at the time of the Second International in the late nineteenth century, but which is still blatantly hailed by "maoists" parties who see it as "steps of progress of the revolution in Nepal."

The current program UCPN (M) is a bourgeois and reactionary program of completing the peace process and agree the new constitution, defended both by the Prachanda-Bhattarai and the Kiran-Badal-Gaurav-Basanta blocks, this last block being presented by some maoist parties as the revolutionary line of the UCPN (M), of which is denied its revisionist character, when in reality the differences between these two blocks are only on the form of the accomplishment the betrayal agreed in the Agreements of 2006: while the firsts added to the treachery the symbolic handover of the keys of the containers with the weapons of the PLA to a special committee for the integration in the army, the seconds requires "the worthy integration of the PLA [to the reactionary army] ... with weapons and in group ... the spirit of the Comprehensive Peace Agreement"3.

That is a difference entirely secondary and especially stupid, because in fact already been seized weapons from the hands of the people with the November 2006 agreement that placed them under UN supervision!

Execrable betrayal consumated five years ago!, but that the RIM since, and most of their parties since then, endeavored to deny, to evade and to keep silence about! in a conciliation with the revisionism that the world proletariat will never forgive, and now, some voices emit surprise, anger and condemnation about the new outrages of the CPNU (M), and again implore, as what happened with Prachanda in 2006, in a waiting measure centrist of "no rush" in the confrontation with the equally treacherous block of Kiran.

The official theoretical basis of the UCPN (M) is not Marxism Leninism Maoism, but revisionism!

The official political line UCPN of the (M) is not the violent destruction of the reactionary state, but its defense, its "remodeling" and ultimately, submission to the dictatorship of the bourgeoisie!

The simple denunciation of the Prachanda-Bhattarai clique is not sufficient for the demarcation between Marxism and revisionism, it is essential to recognize the revisionist and traitor nature of the UCPN (M) and give up the pretense of promoting centrist unity of the MLM with this party!

A true revolutionary line in Nepal is obliged to break with the revisionist line of the UCPN (M), to denounce his treason committed with the peace agreement of 2006, and to raise again the flags of the struggle to death against the bourgeoisie, the landowners, the imperialists and all reactionaries!

We are fully confident that the honest and firm Communists of Nepal, armed with Maoist Marxism-Leninism, find again in the workers and peasants the social base of the revolution that will overthrow with the weapons, shatter and sweep away the reactionary state that oppresses the people to ensure the privileges of the exploiters, a state which today is headed by the "maoist" Bhattarai in the office of Prime Minister.

Periodista Vocero de Revolución Obrera

Colombia, 13th September 2011


Comunicado en castellano

El 8 de noviembre de 2006 se confirmó la firma de un Acuerdo de Paz, entre el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) PCN(M) y el Gobierno interino de Nepal. Hasta ese momento una Guerra Popular de 10 años dirigida por el mencionado partido, había logrado acorralar en la capital Katmandú, a la centenaria monarquía de ese país y a su ejército reaccionario, obligando al rey a dejar el mando del gobierno directamente en manos de las clases dominantes, la burguesía y los terratenientes.

Pero inesperadamente los dirigentes del PCN(M) decidieron parar la guerra popular, y abandonar el propósito programático de destruir el viejo Estado reaccionario con la violencia revolucionaria de las masas, y construir un Estado de Nueva Democracia, como forma de la Dictadura del Proletariado en ese país semifeudal y semicolonial. En su lugar, los dirigentes del PCN(M) se dedicaron a negociar, con los partidos políticos reaccionarios de las clases explotadoras y los partidos reformistas de la pequeña burguesía, su participación en el viejo Estado reaccionario para “remodelarlo”, comprometiéndose en el Acuerdo de Paz a desmantelar las bases del poder popular, desarmar al pueblo, guardar las armas del Ejército Popular de Liberación-EPL bajo llave en contenedores de la ONU, fusionar a sus soldados en el ejército reaccionario (el mismo ejército real que estaba a punto de rendirse), formar un nuevo parlamento, un gobierno interino donde los jefes maoístas tuvieran asiento en algunos ministerios y convocar una Asamblea Constituyente.

Una abominable felonía que los dirigentes del PCN(M) presentaron bajo el nombre de “teoría táctica para la revolución en el siglo XXI”, por lo cual recibieron aplausos de todos los reaccionarios de Nepal y de la burguesía imperialista, respaldo del oportunismo internacional alabándola como muestra de cordura y sensatez de los “maoístas”, apoyo tácito en el silencio del extinto Movimiento Revolucionario Internacionalista-MRI y apoyo abierto de algunos de sus partidos para quienes era un “ejemplo de flexibilidad táctica” y de “desarrollo del marxismo” a las condiciones del nuevo siglo, llegando hasta el ridículo argumento de algún jefe del Grupo Comunista Revolucionario de Colombia (1) que en un acto público convocado por Revolución Obrera, él justificó el Acuerdo de Paz como “gran estratagema para engañar a los reaccionarios y a los imperialistas”.

Por su parte, partidos y organizaciones marxistas leninistas maoístas de diversos países, de inmediato denunciaron la traición del PCN(M), tal como lo hizo el camarada Azad, Vocero del Partido Comunista de la India (Maoísta), quien luego fuera vilmente asesinado, porque sus ideas y su práctica eran completamente opuestas a la capitulación de los jefes maoístas de Nepal, como públicamente lo declaró el 13 de noviembre del mismo 2006: “Un nuevo Nepal sólo puede emerger derrotando al estado reaccionario. El depósito de las armas del EPL bajo la supervisión de la ONU llevará al desarme de las masas.” “No hay nada más peligroso para el imperialismo y los reaccionarios que las masas armadas y por tanto entrarán gustosas en cualquier acuerdo para desarmarlas.” “El acuerdo de los maoístas de ser parte del gobierno interino de Nepal no puede transformar el carácter reaccionario de la maquinaria del estado que le sirve para la explotación a las clases dominantes y al imperialismo.” “Un principio fundamental del marxismo es que no puede haber cambios básicos en el sistema social sin demoler la maquinaria del estado.”

También el Comité Ejecutivo de la Unión Obrera Comunista (MLM) llamó públicamente el 14 de noviembre a “Combatir el Oportunismo Traidor en la Dirección del Partido Comunista de Nepal (maoísta)” “La decisión de la dirección del Partido, de firmar un Acuerdo de Paz bajo el compromiso de deponer las armas y participar en el gobierno burgués y en una Asamblea Constituyente, es una clara traición al pueblo y al proletariado internacional. Renunciar a destruir el Estado reaccionario con la Guerra Popular es una postración ante el poder de la burguesía y la peor manifestación de desconfianza en el Poder que emana de las masas armadas y organizadas. Rechazamos categóricamente la decisión de la dirección del Partido Comunista de Nepal (maoísta) de deponer las armas y renunciar al camino de la Guerra Popular.”

En efecto, firmado el Acuerdo de TRAICIÓN en Nepal, sus dirigentes por unanimidad, se dedicaron al trapicheo politiquero con la burguesía y sus congéneres oportunistas, en especial tras el cargo de Primer Ministro, que desde entonces se lo han rotado entre Koirala (del burgués Partido del Congreso), Prachanda (del revisionista PCN(M)) quien dimitió a los 8 meses incapaz de remover al jefe militar del Ejército, Khanal (del oportunista partido pequeño burgués UML) y ahora Bhattarai (de nuevo por el revisionista PCNU(M) (2)) quien fue elegido a finales del pasado agosto por la Asamblea Constituyente.

Así, Prachanda y Bhattarai, ayer jefes de la guerra popular, hoy con el respaldo de su partido han pasado en calidad de Primer Ministro, a encabezar en el Estado reaccionario, la ejecución de la dictadura de las clases explotadoras sobre el pueblo. Es la continuación de la traición y de su auxilio directo al Estado reaccionario, mediante la práctica del ministerialismo, denunciado ya en los tiempos de la II Internacional a fines del siglo XIX, pero que todavía es descaradamente saludada por partidos “maoístas” que ven en ella “pasos de avance de la revolución en Nepal”.

El programa actual del PCNU(M), es el programa burgués y reaccionario de completar el proceso de paz y acordar la nueva Constitución, defendido tanto por el bloque de Prachanda–Bhattarai, como por el de Kiran-Badal-Gaurav-Basanta, éste último reivindicado por algunos partidos maoístas como la línea revolucionaria del PCNU(M) del cual niegan su carácter revisionista, cuando en realidad las diferencias entre esos dos bloques, son sólo en la forma de cumplir la traición pactada en el Acuerdo del 2006: mientras los primeros agregaron a la traición la entrega simbólica de las llaves de los contendores con las armas del EPL, a un Comité Especial de Integración del Ejército, los segundos exigen “la integración digna del EPL [al ejército reaccionario]… con armas y en grupo… con el espíritu del Acuerdo de Paz Global” (3). O sea, una divergencia completamente secundaria y sobre todo estúpida, porque de hecho las armas ya fueron arrebatadas de manos del pueblo por el Acuerdo de noviembre del 2006 que las entregó a la supervisión de la ONU!!!

¡Execrable traición consumada hace cinco años!, pero que el MRI de entonces y la mayoría de sus partidos de entonces, se empeñaron en ¡negar, eludir y silenciar!, en una conciliación con el revisionismo que el proletariado mundial nunca les perdonará, así ahora, algunos emitan voces de sorpresa, rabia y repudio ante las nuevas infamias del PCNU(M), y se vuelva a implorar, como ocurrió cuando Prachanda en el 2006, un compás de espera centrista de “no precipitarse” en la confrontación al bloque igualmente traidor de Kiran.

La base teórica oficial del PCNU(M) no es el marxismo leninismo maoísmo, sino el revisionismo!

La línea política oficial del PCNU(M) no es la destrucción violenta del Estado reaccionario, sino su defensa, “remodelación” y en últimas, sumisión a la dictadura burguesa!

La simple denuncia a la camarilla Prachanda–Bhattarai no basta para el deslinde entre el marxismo y el revisionismo; es indispensable reconocer el carácter revisionista y traidor del PCNU(M) y renunciar a la pretensión centrista de promover la unidad de los MLM con ese partido!

Una verdadera línea revolucionaria en Nepal, está obligada a romper con la línea revisionista del PCNU(M), a denunciar su traición perpetrada en el Acuerdo de Paz del 2006, y a levantar de nuevo las banderas de la lucha a muerte contra la burguesía, los terratenientes, los imperialistas y todos los reaccionarios!

Confiamos plenamente en que los comunistas honrados y firmes de Nepal, armados del marxismo leninismo maoísmo, de nuevo encontrarán en los obreros y campesinos la base social de la revolución, que con las armas derrocará, hará añicos y barrerá el Estado reaccionario que oprime al pueblo para garantizar los privilegios de los explotadores, Estado que hoy encabeza el “maoísta” Bhattarai en el cargo de Primer Ministro.

Periodista Vocero de Revolución Obrera

Colombia, Septiembre 13 de 2011


(1) Esta organización, que oficial y públicamente nunca dijo nada sobre la traición en Nepal, por esos días, en apoyo al revisionista Camino Prachanda, difundía sin crítica una recopilación de sus principales documentos.

(2) Se refiere al Partido Comunista de Nepal Unificado (Maoísta), producto de la fusión el 13 de enero de 2009 del PCN (maoísta) y el PCN (Ekata Kendra Masal).

(3) Ver Comunicado de Prensa de Kiran y Badal el 2 de septiembre: Let us oppose the decision of handing over the keys! Let us implement the decision of dignified army integration!

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Consideraciones sobre el agosto inglés




Movimiento Anti-imperialista
https://www.nodo50.org/mai/


Durante cuatro días de agosto, el corazón del imperialismo británico, la capital y muchas otras urbes inglesas, ha ardido en medio de una auténtica revuelta de masas, escenario que empieza a ser habitual en la Europa imperialista en los últimos tiempos, desde el incendio de las banlieues francesas en el otoño de 2005.


El detonante fue otra muestra de despotismo policial, forma como el capital gestiona la vida de los suburbios más degradados de las grandes urbes, que esta vez se cobró la vida de Mark Duggan, joven de 29 años y padre de cuatro hijos, a sumar a las más de 330 personas muertas, según cifras oficiales, impunemente a manos de la policía en el Reino Unido desde 1998 (en el Estado español se cuentan por casi 800 los muertos bajo custodia policial y carcelaria desde 2001, cifra que, no sólo nos recuerda la materialización de ese despotismo en estas tierras, sino el tributo de sangre que la máquina del Estado burgués se cobra indefectiblemente, aún en tiempos de funcionamiento “normal”, “pacífico” y “democrático”).

La severa miopía del revisionismo


La chispa del asesinato del joven Duggan caía sobre un terreno bien abonado, que no es otro que el de la decadencia del capitalismo, la época de su crisis general e histórica, el imperialismo, que ha generado hace ya mucho tiempo por todo el orbe las condiciones objetivas para la consecución de la Revolución Proletaria Mundial, condiciones que, dadas como están, sólo se van agudizando a medida que la agonía imperialista se prolonga. El último síntoma de esta agonía es la cada vez mayor aglomeración de proletariado procedente de los países oprimidos que, por ironías del imperialismo, se agolpan en las periferias de las grandes metrópolis imperialistas desde todos los rincones de un planeta expoliado.


No nos corresponde a nosotros marcar la diferencia étnica, nacional o cultural, como hace la prensa burguesa y liberal, pues la revuelta inglesa nos ha mostrado gráficamente el mejor mentís a este tipo de campañas propagandísticas disgregadoras, como son las imágenes de los millares de rebeldes en los que se apreciaban todas las tonalidades de piel, abundando significativamente la blanca. Lo interesante es, llanamente, señalar cómo esta inmigración va haciendo cada vez más clara, empírica y palpablemente, esa realidad sobre el carácter internacional de la clase proletaria.


Precisamente, eso es lo que hace que cada vez más la vanguardia deba comenzar a prestar atención y a pertrecharse para la lucha por rebatir y contrarrestar la propaganda imperialista sobre la “multiculturalidad”, que, junto a las variadas “identidades” sectorializadas e individualizadas (la “identidad” de género, la generacional, etc.), pretende trocear en múltiples problemáticas parciales y en miles de sujetos fragmentados y enfrentados entre sí, lo que no es sino una sola clase que reclama una sola solución universal a su único problema, el capitalismo imperialista, aunque éste se manifieste fenoménicamente de multitud de formas. Divide et impera es la consigna que resuena tras la cándida expresión de la multiculturalidad, lo cual, por supuesto, no implica que la vanguardia proletaria no deba ser sensible a las problemáticas culturales del proletariado inmigrante, pues éstas no son otras que sus propias problemáticas, ya que no existe el proletariado en general, sino que éste, internacional por naturaleza, se expresa a través de los distintos marcos culturales en que se genera. No se trata, pues, de enfrentar un supuesto multiculturalismo proletario al multiculturalismo burgués, sino comprender la diversidad cultural para, desde la misma, a la vez que facilitará nuestra fusión con los distintos sectores que conforman el hondo y profundo de las masas proletarias, avanzar hacia ese crisol universal de culturas en que cristalizará el Comunismo.


Como decimos, el suelo es fértil para la rebelión. No se trata aquí tampoco de la crisis económica puntual, por importante que sea, ni de los recortes, pues incluso el Estado benefactor, sin recortar, nunca ha gestionado de otra forma que no sea policialmente la esclavitud asalariada y el expolio imperialista, así como el reparto de las prebendas que ese mismo expolio generaba. La actual crisis y la proletarización creciente de un importante sector de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía son cuestiones cuantitativas que en nada afectan a la cualidad esencial del problema, esto es, esa esclavitud asalariada y ese expolio imperialista. Por lo tanto, es puro oportunismo y convergencia con el capital, en su forma social-liberal y socialdemócrata, burguesa y pequeño-burguesa, el focalizar la causa de las revueltas en la cuestión de la reducción del gasto público, pasando por alto ese problema central que señalamos: la existencia histórica de la explotación capitalista que, junto a la deslumbrante acumulación de capital, va generando una creciente muchedumbre de desposeídos que, obligada a abandonar sus países expoliados (expolio que sucedía durante esos años dorados del capitalismo y del bienestar que van hasta la década de los 70, y que explican mucha de su pujanza), se acumula ahora en las rapaces metrópolis. Que esa miseria acumulada se colme y se desborde, por ejemplo desde Jamaica a Bristol, es algo natural y que está en la lógica de las relaciones de producción capitalistas mundializadas. Es decir, tanto la plenitud del bienestar, como su crisis y recorte, tienen una única base: el imperialismo.


Una prueba palmaria de que precisamente no son los recortes la causa de la revuelta, sino que ésta es expresión del agotamiento del capitalismo y de su descomposición histórica, que va dejando, como subproducto, un reguero de desestructuración social entre los desposeídos, arrancados de su hábitat y de sus formas colectivas de agregación (proceso que también, con otras características, está en la génesis de formación del capitalismo, como sucedió con la destrucción de la primitiva comunidad campesina); una prueba palmaria, decimos, la tenemos en esa característica peculiar de esta revuelta y que tanto horroriza y escandaliza a burgueses y revisionistas por igual, a saber, la violencia de destrucción material que ha acompañado a la revuelta unida a la absoluta ausencia de cualquier reivindicación material concreta por parte de los rebeldes.


Este sólo hecho ya demuestra que no son los sectores instalados en el sistema, partícipes del mismo, los que han protagonizado la revuelta, sino lo hondo y profundo de las masas, el proletariado parado, precarizado, inmigrante y sin papeles (el propio gobierno británico ha dispuesto ya la deportación de cientos de extranjeros participantes en la rebelión), que no busca ni puede querer buscar alguna petición concreta de mejora material parcial, pues su lugar son las aplastantes alcantarillas del bienestar, donde los códigos y las convenciones políticas, sociales y morales de la democracia burguesa se disipan.


Nos resultará útil acercarnos a alguna categoría acuñada por la intelectualidad burguesa para comprender mejor este fenómeno, que empieza a ser habitual en la Europa imperialista. Algunos autores han caracterizado estas formas de expresión de los desposeídos, de las masas hondas y profundas, como violencia divina. Un intelectual, de la extrema izquierda del stablishment académico burgués, ha caracterizado esta violencia como:

“Cuando quienes se encuentran fuera del campo social estructurado golpean ‘a ciegas’, exigiendo y ejerciendo la justicia/venganza inmediata, eso es la ‘violencia divina’ (…) Como la langosta bíblica, castigo divino por los pecados de la humanidad, esa violencia golpea desde cualquier sitio, es un medio sin fin…”[1]

El origen de este concepto está en Walter Benjamin, que abunda en la caracterización del mismo:

“La violencia divina constituye en todos los puntos la antítesis de la violencia mítica. Si la violencia mítica funda el derecho, la divina lo destruye; si aquélla establece límites y confines, ésta destruye sin límites (…) si aquélla amenaza, ésta golpea (…) La primera exige sacrificios; la segunda los acepta.”[2]

Poco importa ahora, a efectos de caracterización y comprensión del fenómeno, que estos autores que se han acercado a él se hallen más o menos próximos al marxismo. Lo importante es que en estas definiciones nos dan algunas características que hemos visto manifestarse real y materialmente en las calles de Londres y otras ciudades inglesas.



En primer lugar, efectivamente, hemos visto a los que se “encuentran fuera del campo social estructurado”, es decir, aquellos para los que ayuntamientos, ONG’s, parlamentos, sindicatos, convenios o partidos burgueses (liberales, fascistas o revisionistas), etc., no son un lugar de confluencia política. Y les hemos visto ejerciendo la “justicia/venganza inmediata”, desde “cualquier sitio”, como “medio sin fin”, “destruyendo los límites y el derecho sin buscar fundar uno nuevo”, es decir, una violencia que acaba en sí misma, sin pretender que sea un medio para una serie de reivindicaciones que configuren un nuevo contrato social. Por definición, esas reivindicaciones concretas que los revisionistas exigen confeccionar a los rebeldes, presuponen al Estado burgués como contraparte aceptada y legítima, con la que negociar y acordar un nuevo marco social o político consensuado, es decir, dentro de los límites de ese mismo Estado fundado sobre las relaciones capitalistas.


Así pues, tenemos una violencia que golpea, se venga, como fin, que no busca cualquier tipo de acuerdo o pacto social. Ignorar ese cauce es precisamente lo que aterroriza a burgueses y revisionistas por igual, lo que les resulta irracional[3], y muestra su fondo de clase común. Y es el indicador de que no ha sido la aristocracia obrera o la pequeña burguesía la que ha guiado con sus concepciones, códigos y objetivos la revuelta, aunque haya elementos de estos estratos que se hayan sumado a la misma (y es que la crisis económica puntual, aunque no sea causa de fondo, siempre es un factor que ensancha el flujo de los que se unen a la revuelta, es decir, aparece como factor cuantitativo y no como detonante), como muestran los variados perfiles sociológicos de los detenidos por participar en esta revuelta plebeya que la prensa burguesa ha publicado (que van desde profesores y trabajadores sociales a parados).



Todo ello pone en evidencia a los oportunistas que han “condenado” la “criminalidad” y han visto su causa en el “recorte de lo público”, abusando hasta la náusea del concepto de lumpen y evidenciando una vez más que no representan otra cosa que la gestión pública de la dictadura del capital, el colchón de “estabilidad y derecho”, erigido sobre la superexplotación imperialista, para esa fracción social burguesa que es la aristocracia obrera. Un botón de muestra:

“La FMJD [Federación Mundial de la Juventud Democrática] condena la imprudente violencia y la criminalidad extendida las noches recientes; sin embargo, la entendemos como un producto directo del sistema capitalista y de la peligrosa pérdida de estabilidad y derechos de la juventud de hoy en día (…) Además, la FMJD remarca que los recortes en gasto público han tenido un impacto desproporcionado sobre la juventud y los grupos étnicos minoritarios.”[4]

Como se ve, todos los lugares comunes de esa fracción arribista de la clase obrera que venimos denunciando. Así pues, la cuestión no es que nosotros tomemos puntualmente algún concepto de la intelectualidad burguesa radical para acercarnos a un fenómeno que empieza a tomar formas novedosas y de gran magnitud, sino que lo realmente expresivo del momento actual y de la situación del Movimiento Comunista Internacional (MCI) es que ese sector de la intelectualidad burguesa muestre una mucho mayor sensibilidad y dé mejores herramientas para acercarse a la comprensión real de un fenómeno que se abre paso que toda esa pléyade de marxistas ortodoxos, supuestamente cercanos a las luchas obreras, cuyo “marxismo” no es otra cosa que el embotamiento de la teoría revolucionaria, su reducción a justificación del sindicalismo, para servir fielmente a los intereses de la aristocracia obrera. Es deber de los comunistas revolucionarios retomar su confianza en la concepción proletaria del mundo y comenzar a confrontarla con las múltiples doctrinas y “novísimas” teorías que pretenden guiar el camino de la emancipación humana, confrontación que, sobre la base del Balance de la experiencia del Ciclo de Octubre, la enriquecerá hasta el punto de volver a constituirla en referente de la vanguardia y de las masas del proletariado.


Es precisamente esa dejación y ese desprecio por la teoría revolucionaria, su reducción a justificación del culto a la espontaneidad, lo que, como venimos insistiendo, impide desde hace décadas que el proletariado revolucionario se rearme para destruir definitivamente a ese capitalismo agonizante que es el imperialismo.


De este modo, como decimos, el problema no es que Zizek sea un intelectual burgués –que lo es—, ni que Benjamin deje hueco al misticismo al hacer derivar su análisis de la violencia de las formas del derecho, sino que el recetario sindicalista que algunos desvergonzados llaman “marxismo”, como ha resultado tras el desgaste de un siglo largo de revolución, es incapaz de hacernos retomar el pulso a la sociedad, sino que fomenta que la reacción espontánea de muchos autodenominados “comunistas” ante sucesos como los de Inglaterra sea el desdén, el desprecio, la mirada de superioridad hacia la masa rebelde, y el epíteto zahiriente de “lumpen” hacia los alzados. Todo lo que no entre en su estrecho recetario sindical, desde el 15-M hasta una verdadera rebelión como la de Londres, no merece, por parte de nuestro sindicomunista, otra cosa que su ignorancia y sus repugnantes aires de superioridad.

Las diferencias en el seno de la clase obrera y el lumpemproletariado


Desde sus mocedades, el movimiento obrero y el marxismo han tenido consciencia respecto a la heterogeneidad del proletariado como clase, y la existencia de distintos grupos y fracciones en su seno, tanto desde el punto de vista socioeconómico, como del político.
Seguramente, la primera división que aparece en el marxismo sea la del conjunto de la clase con respecto a sus sectores más bajos y degradados, ese lumpemproletariado, de cuya estigmatización ha hecho el revisionismo uno de sus lugares comunes y uno de sus dogmas más atemporales. El Manifiesto Comunista lo define así:

“El lumpemproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras.”[5]

Ciertamente, no es una definición laudatoria desde el punto de vista de las expectativas de la revolución proletaria, sin embargo, aún como posibilidad secundaria, subordinada a su tendencia a venderse a la reacción, marca la posibilidad de que se pueda ver “arrastrado hacia el movimiento por una revolución proletaria”. Es decir, a pesar de la absoluta maldad y el desprecio con el que el oportunismo ha querido ver a esta fracción social, cayendo en la unilateralidad, los maestros del socialismo no excluyen, aunque de forma secundaria, la posibilidad de que esta fracción se pueda ver envuelta a participar en la revolución proletaria.


Esta dualidad de los padres de nuestra cosmovisión al referirse a este estrato atraviesa su obra. De hecho, en 1850, en una reseña sobre una obra literaria que retrata los ambientes conspirativos parisinos antes de la revolución de febrero de 1848, Marx coloca entre los conspiradores revolucionarios a “bohemios democráticos”, antiguos proletarios que, por sus actividades conspirativas han dejado su trabajo productivo y arrastran, por ello, las costumbres del lumpemproletariado.[6] Así pues, aunque es conocida la precaución, la distancia y la dureza de Marx y Engels respecto al lumpemproletariado no excluyen su participación en la revolución e incluso la describen en una situación concreta, 1848, en base, no sólo a la literatura, sino también a la experiencia de su estancia en París. Es por ello que el revisionismo dominante, el que se limita a descalificar al lumpen, utilizando incluso el argumento policíaco de la “criminalidad”, cae, como decimos, en un error de unilateralidad. De hecho, esa posición unilateral nunca ha sido la postura de los auténticos marxistas revolucionarios. Como muestra, Mao Tse-Tung, al analizar las distintas clases y fracciones sociales que se encontraban en la sociedad china al inicio de la revolución, describe así a estos sectores:

“Existe además un numeroso lumpemproletariado, compuesto de campesinos que han perdido su tierra y de obreros artesanos sin trabajo. Llevan una vida más precaria que ningún otro sector de la sociedad. Tienen en todo el país sus sociedades secretas, que fueron en un principio organizaciones de ayuda mutua para lucha económica y política (…). Uno de los problemas difíciles de China es cómo tratar a esta gente. Capaz de luchar con gran coraje, pero inclinada a las acciones destructoras, puede transformarse en una fuerza revolucionaria si se la conduce de manera apropiada.”[7]

Como vemos, una postura alejada de la absolutización de las características negativas de este estrato que el revisionismo ha elevado a dogma incuestionable.


Sin embargo, en segundo lugar, desde que Marx y Engels escribieron El Manifiesto, la clase obrera y su lucha se han desarrollado enormemente, y han aparecido nuevas divisiones en su seno, más determinantes y decisivas para la estrategia de la revolución, y a las que el revisionismo, curiosamente, suele hacer poco caso. Nos referimos a la aparición de la aristocracia obrera. De hecho, la preocupación de los padres del socialismo científico por estos nuevos estratos, privilegiados y arribistas, que ellos ya observan en Inglaterra debido al monopolio industrial y colonial de que este país disfrutó a lo largo de prácticamente todo el siglo XIX, irá eclipsando su preocupación respecto a los estratos más bajos y degradados de nuestra clase. Significativamente, desde 1860 aproximadamente las referencias de Marx y Engels hacia las divisiones en el seno de la clase obrera irán abundando en torno a esta aristocracia obrera, término ya acuñado por los renanos[8], a la par que su preocupación por el subproletariado irá decayendo.


Por supuesto, una vez el capitalismo concurrencial devino en monopolista, dando lugar a la formación del imperialismo, este estrato social, anteriormente una excepción inglesa, se generalizó, en mayor o menor amplitud, en todos los países imperialistas, convirtiéndose, como ya señalara y enfatizara Lenin, en la base social objetiva del oportunismo y el revisionismo, determinando la escisión del movimiento obrero en dos alas, irremediable y fatalmente enfrentadas.


Así pues, si en un primer momento el marxismo centró su vigilancia respecto a los sectores más degradados del proletariado, con el desarrollo de nuestra clase y su lucha fue prestando su atención y preocupación hacia los estratos elevados y privilegiados.


Ello es natural debido a que el contexto histórico del primer marxismo, en el momento de su primigenia formulación, no es otro que el de la conformación de la clase obrera como tal clase, como sujeto económico dotado de personalidad propia en el seno de la sociedad burguesa, esto es, como clase en sí. Como se sabe, el mecanismo de este proceso de conformación son las demandas económicas inmediatas, la lucha obrero-patrón. Así pues, en este contexto, es más que natural que las principales preocupaciones de aquellos pensadores que centraban su atención en el proletariado, se concentraran en el problema que suponían, de cara a tal fin, a esa cohesión como clase económica, necesaria y progresiva en aquel momento, los sectores más degradados, alejados intermitente o totalmente de la producción y que, por lo mismo, desarrollaban tendencias disolutivas y de dispersión. Ése era el peligro del lumpen en ese momento histórico y que justifica las advertencias y precauciones del naciente marxismo.


Sin embargo, el desarrollo histórico y el advenimiento del imperialismo nos van a dar una nueva división, inmensamente más crucial, que es la que separa a la aristocracia obrera del resto de la clase. Ahora ya no se trata de la cohesión social de clase sobre la base económica dada, sino de la total subversión de esa base económica, de la propia condición de clase proletaria y de la sociedad de clases. Por eso, ahora el peligro principal ya no lo representan los sectores disolutos y degradados, pues el proletariado ya está históricamente conformado como clase, sino la fracción arribista y privilegiada que, gracias precisamente a esa situación de privilegio, está conforme con su posición y busca perpetuarla (como diría Engels, “consideran definitiva su posición desahogada”). Es decir, el peligro principal en la era del imperialismo ya no es una posible disolución social que impide una conformación de clase, sino precisamente esos sectores que buscan eternizar esa condición de clase.


Ante todo esto, ¿qué ofrece el comunismo dominante? La idealización del obrero como tal obrero, las supuestas virtudes morales y de disciplina que emanarían de la posición de los “verdaderos” obreros frente al lumpen, su “rapiña” y su “delincuencia”. Es decir, el embellecimiento de la explotación y las mismas retahílas de hace siglo y medio, pero en un contexto totalmente diferente que las convierte en absolutamente reaccionarias.


Y es que desde Lenin, y aún antes, el marxismo ha puesto la principal línea divisoria, que en el seno de la clase obrera separa la revolución de la contrarrevolución, entre las masas hondas y profundas del proletariado y la aristocracia obrera. Ésta última se ha convertido nada menos que en el soporte objetivo del imperialismo y en su principal baluarte social. Algo sobre lo que ya abundó Lenin, pero que ya Engels percibió en Inglaterra:

“(…) [La oposición de los cartistas] hizo comprender a los fabricantes –y cada día que pasaba se lo hacía comprender mejor— que sin la ayuda de la clase obrera la burguesía no logrará jamás establecer plenamente su dominio social y político sobre la nación.”[9]

Así pues, todos estos profundos cambios históricos ¿no deberían hacer replantearse al “comunismo” hegemónico sus gastadas concepciones? ¿No habría que calibrar mejor, a la luz de estos hechos, las relaciones entre los distintos estratos de la clase obrera y la posición de los comunistas hacia los mismos? Dejamos la pregunta para aquellos militantes honestos, pues sabemos que la motivación del revisionismo no es, ni podrá ser, otra que la de servir a la aristocracia obrera.


Más aún, la equiparación, consciente o inconsciente, de la miseria con el lumpen, de aquellos que viven en muy precarias condiciones, con los elementos disolutos y corrompibles, también es ajena al marxismo y dice mucho de la posición de clase y política de quien lo sugiere. Y esto es especialmente cierto con el primer marxismo. Veamos, por ejemplo, la descripción que hace Engels de un barrio proletario londinense:

“En cuanto a las grandes masas obreras, el estado de miseria e inseguridad en que viven ahora es tan malo como siempre o incluso peor. El East End de Londres es un pantano cada vez más extenso de miseria y desesperación irremediables, de hambre en las épocas de paro y de degradación física y moral en las épocas de trabajo.”[10]

Y es que efectivamente, la degradación, la pobreza, la inseguridad han sido y son generalmente las condiciones materiales que determinan la vida de los proletarios. No hay razón desde un punto de vista materialista para no colegir de esta degradada condición material una igualmente degradada condición ideológica, moral y hasta psicológica. Ésa es precisamente la causa material que explica los excesos de las masas oprimidas en los momentos de rebelión y revolución.


Sin embargo, este mísero terreno es la más fértil de las tierras una vez que los revolucionarios han conseguido situarse en el momento histórico e identificar y extraer del mismo las necesidades y las bases e instrumentos para su acción, esto es, una teoría revolucionaria a la altura de las circunstancias y los instrumentos que permitan que ésta prenda sobre ese terreno. Engels, refiriéndose a ese mismo barrio nos muestra esa metamorfosis:

“(…) el despertar del East End londinense. Este valle de infinita miseria ha dejado de ser la pocilga de agua estancada que era hace seis años. El East End se ha sacudido la apatía de la desesperación; ha vuelto a la vida y se ha convertido en la patria del ‘nuevo tradeunionismo`, es decir, la organización de la gran masa de obreros ‘no cualificados’. (…) Sus fundadores y sus dirigentes [de los nuevos sindicatos] eran hombres de conciencia socialista o de sentimientos socialistas; las masas que afluyeron a ellos y que constituyen su fuerza estaban integrados por hombres toscos e ignorantes, a los que la aristocracia de la clase obrera miraba por encima del hombro. Pero tienen la enorme ventaja de que su mentalidad es todavía un terreno virgen, absolutamente libre de los ‘respetables’ prejuicios burgueses tradicionales, que trastornan las cabezas de los ‘viejos tradeunionistas’, mejor situados que ellos.”[11]

No es, por supuesto, cuestión de que la vanguardia resucite un trasnochado sindicalismo combativo, sino que la cuestión es que los auténticos socialistas del momento fueron, con las mejores herramientas teóricas y políticas posibles en el momento –por necesidad histórica—, a los sectores más profundos de las masas, transformando un lugar de degradación y miseria, material y moral, en el bastión del socialismo inglés de finales del siglo XIX.


Sin embargo, hoy la actitud de una mayoría considerable de los autodenominados “comunistas” hacia estos “valles de miseria” –y una de las grandes virtudes de todos estos movimientos y revueltas que han sacudido Europa en los últimos años es haber puesto en descubierto esos “valles” en el corazón del imperialismo (usando los términos de Engels, las masas han vencido al depurado “arte burgués de ocultar la miseria de la clase obrera”)— es la de ese mismo desprecio y actitud altanera, cuando no la denuncia policíaca de la “delincuencia”.


Pareciera que exigieran a las masas miserables una actitud supermoral que trascendiera sus condiciones materiales. No faltarán los que apelaran a una anacrónica “disciplina proletaria”. Y decimos “anacrónica” no porque haya pasado a la historia, sino porque esta disciplina siempre ha sido la consecuencia de la concienciación y organización de las masas proletarias por el socialismo o el comunismo, por la actividad de la vanguardia proletaria. No surge de una supuesta inmanencia de virtudes “obreras” que anidaran en el explotado por el mero hecho de serlo. Por eso exigir “disciplina” a los obreros en ausencia de movimiento revolucionario, o peor aún, descalificarlos como “delincuentes” o “lumpen” cuando se rebelan espontáneamente, es una banalización de la explotación y de la miseria, y de sus consecuencias morales. Además, supone escurrir el bulto respecto a las propias responsabilidades como vanguardia y esparcir la división entre los obreros, que es lo que ocurre cuando la aristocracia obrera intenta imponer sus “respetables” valores burgueses entre las masas hondas y profundas del proletariado (algo que también se ve cada día en la obscena participación del revisionismo de todo el festín identitario y multicultural del imperialismo). Ella, esa fracción social arribista, es el verdadero foco de divisionismo en el seno de la clase obrera, muy a pesar de sus voceros y teorizadores.
Por eso, a los revisionistas se les puede hacer el mismo reproche que Marx hacía a algunos socialistas (reformistas) de su época:

“(…) esa ilusión que no les permite ver en la miseria nada más que miseria (en lugar de ver en ella el lado revolucionario destructivo que ha de acabar con la vieja sociedad).”[12]

Sólo este pasaje del auténtico espíritu marxista debería bastar para dejar en evidencia a todos aquellos autodenominados “comunistas” que en la gran rebelión inglesa de este verano sólo han visto la miseria de la miseria (robos, saqueos, destrucción material incontrolada, etc.), y no la enorme fuerza destructiva y revolucionaria que anida en lo más hondo de las sociedades imperialistas.


Así pues, recapitulando, varios son los pecados en los que incurre el revisionismo y su dogmática y demagógica visión respecto del lumpemproletariado: en primer lugar, absolutización unilateral de los aspectos negativos de esta fracción de clase; en segundo, ignorancia y falta del adecuado análisis histórico que permita situar a estos sectores degradados respecto a los nuevos estratos que surgen de la clase obrera, concretamente la aristocracia obrera; finalmente, en tercer lugar, banalización de la miseria, e ignorancia del papel de la vanguardia y del aspecto destructivo revolucionario de esta miseria. Todo ello se puede englobar, desde el punto de vista de clase, como un discurso articulado contra los sectores hondos y profundos del proletariado en favor de la aristocracia obrera y, consecuentemente, la burguesía.

El mensaje de la rebelión en Inglaterra


A pesar de estas consideraciones sobre el lumpemproletariado, que entendemos útiles para enfrentar algunos prejuicios que el revisionismo ha arraigado entre la vanguardia, lo cierto, como ya venimos diciendo, es que la gran revuelta que ha conmocionado Inglaterra este agosto no la ha protagonizado el lumpen, sino los genuinas masas hondas y profundas del proletariado (y todos los análisis sociológicos de los detenidos por participar en la revuelta lo confirman). Si la forma de la acción de las masas y la absoluta ausencia de alguna reivindicación material concreta ya nos indicaban que no eran los estratos privilegiados de entre los trabajadores los que encabezaban la revuelta, su mera magnitud ya indica que no ha sido el lumpemproletariado el agente principal de este movimiento.


Y es que durante cuatro días fue Inglaterra en su conjunto la que ardió, no sólo la capital. Liverpool, Manchester, Birmingham, Nottingham y otras urbes también vieron crepitar las llamas. Decenas de miles de policías movilizados (16.000 una sola noche en Londres, traídos desde todas partes del Reino Unido), casi 4.000 detenidos, procesados sumaria y masivamente en auténticos tribunales de excepción que dictan condenas ejemplarizantes. Incluso se llegaron a movilizar masas, como millares de “ejemplares ciudadanos” de los estratos medios (aristocracia obrera y pequeña burguesía), con su escoba al hombro, dispuestos a “ocultar la miseria de la clase obrera”, o las bandas de hooligans fascistas que los mass media se veían obligados a presentar como “respetables ciudadanos protegiendo sus hogares”. Además, a pesar de que la propaganda burguesa y su coro de revisionistas centraran su atención en los saqueos, se produjeron masivos enfrentamientos contra la policía, a la que se le disputó el control del territorio, resultando calcinadas varias comisarías.


La magnitud de los acontecimientos, el calibre de las fuerzas movilizadas y los ensayos de enfrentamiento masas contra masas nos hablan de que no ha sido el lumpen, incapaz de actuar masivamente por su propia naturaleza disgregada y disolvente, el que ha inquietado seriamente a la burguesía británica.


Así pues, estamos ante un genuino movimiento espontáneo de rebelión del proletariado. A pesar de la vigorosa rabia y de la violencia espontánea de los oprimidos, algo siempre digno de elogio, y que siempre sirve para marcar líneas entre los auténticos revolucionarios y los oportunistas de todo pelaje, el movimiento inglés no ha dejado de padecer todos los vicios del espontaneísmo. Con un ambiente dominado por la ideología burguesa, sin referente y horizonte revolucionario constituido y, consecuentemente, con la hegemonía total del revisionismo y otras corrientes pequeñoburguesas en el seno de la vanguardia, el movimiento inglés, como no podía ser de otra manera, se ha limitado ha ser un súbito y violentísimo fogonazo sin ningún tipo continuidad y ahogado por la represión. Ésa es la realidad objetiva, el agosto inglés no anuncia ningún tipo de ascenso de un movimiento de masas. Se alimentará la conflictividad y el ambiente de tensión social, pero no será el inicio de un movimiento de masas reivindicativo. La propia ausencia de alguna reivindicación concreta en el inicio de la revuelta o en su curso, la experiencia de las banlieues francesas y la absoluta desorientación de la vanguardia son los motivos que nos llevan a concluir esto.


Así, contra las esperanzas de los más “izquierdistas” lo que hemos visto son una vez más los límites del movimiento espontáneo de las masas en ausencia de referente revolucionario. Sólo desde la existencia previa de éste –y de un incipiente movimiento político articulado a su alrededor— se puede tener esperanzas de intervenir en este tipo de movimientos con resultados fructíferos para la revolución. Es, dicho sea de paso, ese referente el que puede influir sobre amplios estratos de la sociedad en la lucha revolución-contrarrevolución, lo que hace, precisamente, que no se puedan despreciar de entrada las posibilidades de atraer para la revolución a un sector del lumpemproletariado más o menos amplio.


Sin embargo, además de la ausencia de dirección, objetivos y continuidad, un rasgo característico del agosto inglés, como venimos diciendo, es la ausencia de reivindicaciones parciales. Si esto es una aberración horrorosa para el revisionismo, no debería serlo tanto para los revolucionarios, pues es el síntoma más elocuente del alejamiento de amplios sectores sociales proletarios respecto a todas las ilusiones burguesas de conseguir algo a través de los mecanismos establecidos. Es la más expresiva de las pruebas de que hay un suelo social fértil sobre el que trabajar para la revolución. Puesto que ni las propias masas aceptan un programa de mínimos, es deber de los revolucionarios proporcionarles uno de máximos. Por ello es fundamental la tarea de Balance, pues sin la experiencia histórica de la revolución proletaria será imposible la elaboración científica del programa concreto de la Revolución Socialista y traerlo de nuevo a las condiciones de las sociedades imperialistas, tras muchas décadas de rebaja y liquidación oportunista.


Por supuesto, continuando con los límites del espontaneísmo, ha sido esto lo que efectivamente ha facilitado la participación de elementos del lumpemproletariado. Es algo natural, y que ha sucedido siempre en cualquier revuelta espontánea, que, precisamente por esa espontaneidad, carece de los mecanismos para imponer una disciplina revolucionaria. Concéntrense, “comunistas” que han condenado la “criminalidad” de la revuelta, en construir el movimiento revolucionario que pueda imponer esa disciplina y déjense de las monsergas moralizantes del buen filisteo. Los auténticos comunistas señalan los límites del espontaneísmo y la inevitabilidad de que las masas cometan excesos al levantarse tras décadas de embrutecedor sometimiento, pero jamás condenan la rebelión –o la revolución— por sus excesos. Jamás.


Realmente lo que nos ha mostrado la revuelta en Inglaterra, como años atrás las banlieues francesas, es ese potencial destructivo-revolucionario del que hablaba Marx, y que anida en las capas más profundas del proletariado de las metrópolis imperialistas, potencial que si es correctamente movilizado puede destruir la vieja sociedad. No obstante, no se trata de reeditar la vieja problemática espontaneísta, tan cara históricamente al comunismo, de dirigir el movimiento tal cual es. Y ello porque difícilmente se puede pretender esto con un movimiento, absolutamente desarticulado, como el inglés. Esto es una muestra de la caducidad de las viejas premisas espontaneístas y de lo oportuno de los planteamientos que buscan reconstituir el discurso y el movimiento revolucionarios desde la conciencia, desde la independencia respecto del movimiento espontáneo, puesto que la propia espontaneidad de las masas no se articula ni aspira a reclamos parciales. De lo que se trata es de construir ese movimiento revolucionario que pueda establecerse como referente social y que sea él el que baje a esos barrios degradados y dejados por todos, cicatrizados por esa violencia divina de que se ha hablado: y que vaya no a organizar un movimiento reivindicativo a la vieja usanza, sino a organizar el Nuevo Poder, a movilizar y armar masas (para lo cual, insistimos para que nadie se cree falsas expectativas, no sólo es necesaria una correcta línea política, sino también la existencia del Programa revolucionario, con todo lo que ello implica de transformación del contexto social y político respecto del actual). Eso es lo que vociferan los hechos ingleses, que señalan, no tanto el modelo de rebelión (aunque ésta sea saludable), sino el suelo social sobre el que prenderá un Programa de Guerra Popular y de Nuevo Poder. Las masas nos muestran el enorme potencial destructivo y revolucionario que anida en ellas. Corresponde a la vanguardia la tarea constructiva, la de crear las bases y los instrumentos que permitan a ese potencial expresarse en todo su vigor; transformarlo y dirigirlo, mediante Guerra Popular, a la destrucción del viejo Estado y al establecimiento de la dictadura del proletariado. Ello pasa porque la vanguardia resuelva esas tareas constructivas que hoy toman la forma de reconstitución ideológica y política del comunismo. De lo contrario, contra todas las viejas esperanzas, el ardor y la rabia de las masas se sucederán indefinida y estérilmente, entre violentos relámpagos y entre una aún más violenta represión.

Movimiento Anti-Imperialista
Septiembre de 2011.

Notas

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[1] Introducción de Slavoj Zizek a ROBESPIERRE: Virtud y terror. Akal. Madrid, 2010, pág. 10.

[2] Benjamin, W.: Crítica de la violencia. Biblioteca Nueva. Madrid, 2010, págs. 114 y 117

[3] A pesar que desde el punto de vista pragmático y utilitario, el de coste/ganancia, el saqueo en un contexto de revuelta de masas en las calles, sea una forma perfectamente racional de redistribución de la riqueza por parte de los escalafones más profundos de la sociedad, que se niegan a buscar cauces institucionalizados en el orden burgués para logar esa redistribución (como esos revisionistas que reclaman la restauración de lo público). Todo ello perfectamente comprensible para un marxista, sirvan estas palabras de Marx para sonrojar a todos esos oportunistas que han condenado la “delincuencia” y la “rapiña” del “lumpen” durante esta revuelta: “El delincuente rompe la monotonía y el aplomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y, provoca esa tensión y ese desasosiego sin los que hasta el acicate de la competencia se embotaría. Impulsa con ello las fuerzas productivas. El crimen descarga el mercado de trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduciendo así la competencia entre los trabajadores y poniendo coto hasta cierto punto a la baja del salario, y, al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe a otra parte de la misma población. Por todas estas razones, el delincuente actúa como una de esas ‘compensaciones’ naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren toda una perspectiva de ramas ‘útiles’ de trabajo.” MARX, K.: Elogio del crimen. Sequitur. Madrid, 2010, págs 30 y 31 [extractado de Teorías sobre la plusvalía]. Por supuesto, Marx huye de cualquier idealización, de corte anarquizante, del delincuente, y lo sitúa como “compensación natural” intrínseca que ayuda al “equilibrado” funcionamiento del capitalismo. Es decir, no una apología, sino una apreciación objetiva del mismo, muy lejos, desde luego, del griterío histérico y de la sentencia moralizante con los que muchos de los supuestos “marxistas” se han limitado, como buenos filisteos, a estigmatizar a los rebeldes.

[4] FMJD: Con respecto a los disturbios en Londres y otras partes de Gran Bretaña. 9 de agosto de 2011.

[5] MARX, C.; ENGELS, F.: Obras escogidas. Ayuso. Madrid, 1975. Tomo I, pág.29.

[6] Desgraciadamente, no hemos podido encontrar el pasaje en castellano, por lo que lo transcribimos en inglés a continuación: “These democratic bohemians of proletarian origin--there are also democratic bohemians of bourgeois origin, democratic loafers and piliers d'estaminet--are therefore either workers who have given up their work and have as a consequence become dissolute, or characters who have emerged from the lumpenproletariat and bring all the dissolute habits of that class with them into their new way of life. One can understand how in these circumstances a few repris de justice are to be found implicated in practically every conspiracy trial.” Reseña de la obra de A. Chenu Les conspirateurs en la Nueva Gaceta Renana, abril de 1850. Se puede encontrar en inglés en la web: http://www.marxists.org/archive/marx/works/1850/03/chenu.htm

[7] MAO TSE-TUNG: Obras escogidas. Fundamentos. Madrid, 1974. Tomo I, pág. 15.

[8] “[Los obreros “protegidos” del sector fabril y de las tradeuniones] Constituyen la aristocracia de la clase obrera; han logrado una posición relativamente desahogada y la consideran definitiva.” MARX; ENGELS: O. E., tomo II, pág. 417.

[9] MARX; ENGELS: Op. cit., pág. 415.

[10] Ibídem, pág. 417.

[11] Ibid., págs. 420 y 421.

[12] MARX; ENGELS: O. E., tomo I, págs 378 y 379.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¡NO A LA CONCILIACIÓN CENTRISTA CON EL REVISIONISMO! HE AHÍ LA CUESTIÓN CENTRAL


Unión Obrera Comunista (MLM)
http://www.revolucionobrera.com/


En un aluvión de Comunicados, entre los días 26 y 28 de septiembre fueron dados a circulación los pronunciamientos del Partido Comunista (Maoísta) de Italia: A propósito de la Declaración del Comité Internacionalista Proletario del Estado Español, y del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India [Italia]: Sobre los problemas planteados en la sección del Estado Español del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, y un tercer pronunciamiento del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia – España en el Blog Dazibao Rojo: ¡Denunciar el oportunismo del Colectivo Odio de Clase!. No se hicieron esperar las inmediatas respuestas en el Estado Español por parte de los camaradas del Colectivo Odio de Clase: En respuesta al comunicado del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, y de los camaradas de la Organización Comunista Bandera Roja: Una aclaración al PCM – Italia, contenida en el No. 1 de su publicación Contracorriente.

Seguramente irán y vendrán más comunicados al respecto, pero dado que esta lucha ya involucra de hecho el problema de la unidad de los marxistas leninistas maoístas, nos obliga a tomar posición pública. Coincidimos en que como lo manifiestan respectivamente los camaradas del Colectivo Odio de Clase y de la Organización Comunista Bandera Roja:

La discusión de fondo es sobre la posición respecto al revisionismo y la traición del Partido Comunista de Nepal Unificado (Maoísta) - PCNU(M), es decir, sobre al centrismo.

Los problemas de líneas que dividen a los marxistas leninistas maoístas en el Estado Español, tienen su raíz profunda en esa discusión de fondo.


• El Comité Internacionalista Proletario, de acuerdo a su carácter de Comité amplio de apoyo, será el indicado de responder por sus palabras y sus actos.

Los hechos que aparecen como causas inmediatas de esta discusión y gran desacuerdo, corroboran una vez más la justeza de la crítica que hicimos a la Declaración del Primero de Mayo firmada entre otros, por los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia y por el Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia: esa Declaración consumó una conciliación centrista con el revisionismo y la traición del Partido Comunista de Nepal Unificado (Maoísta) PCNU(M); tal conciliación no allana, sino que entorpece el camino hacia la unidad del Movimiento Comunista Internacional.

Y aunque los acontecimientos en Nepal que involucran al PCNU(M) han mostrando hasta la saciedad y en vivo su catadura revisionista y traidora, sin embargo estos camaradas que han caído en el pantano de la conciliación con el revisionismo, que se han prestado para cubrirle la espalda a un partido traidor como lo es el PCNU(M), que vacilan en la lucha contra ese, el peligro principal para la unidad del Movimiento Comunista Internacional, se niegan a reconocer la verdad mostrada por los hechos, desechan la crítica de otras organizaciones marxistas leninistas maoístas, rehúyen la autocrítica, y prefieren hundirse aún más en el pantano del centrismo, como lo hacen ahora lanzando la acusación de “oportunistas” a quienes justamente les han señalado y puesto en alerta sobre sus peligrosos pasos hacia el oportunismo.

No otra cosa significa, acudir al viejo método, ese sí típico del oportunismo, de escurrirse, rodarse por las ramas, para eludir la cuestión central: la unidad de los marxistas leninistas maoístas presupone como condición indispensable, inexcusable, el deslinde radical con el revisionismo y la denuncia franca a sus traiciones y contubernio político con las clases reaccionarias.

Y no nos referimos al deslinde con el revisionismo en general, declaración que ya es común oír en boca de los propios revisionistas “maoístas”. Nos referimos al deslinde profundo de campos con el revisionismo, que si bien como todo oportunismo, tiene su causa profunda en la necesidad imperialista de prolongar su agonía, hoy tiene causa inmediata en la derrota de la línea marxista leninista maoísta en el Movimiento Revolucionario Internacionalista MRI, y aparece con nombres propios: revisionismo prachandista del PCNU(M) y “nueva síntesis” post-mlm del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos - PCR,EU.

Los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, y los camaradas del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello” de Galicia, eluden esta cuestión central, cuando se deslizan hacia el problema de los Comités de Apoyo a la Guerra Popular en la India, olvidando que su manifiesta conciliación con el PCNU(M) en la Declaración del Primero de Mayo, se atravesó como palo en la rueda, en la lucha por la unidad de los comunistas, y es ese el principal impedimento para que los camaradas MLM en España puedan mancomunar sus esfuerzos en apoyo a la Guerra Popular en la India.

Se elude esa cuestión central, cuando se hila tan delgado como lo hacen los camaradas de Italia respecto a las “condiciones” para apoyar la Guerra Popular y al Partido Comunista Maoísta de la India, posando de ser “más papistas que el Papa”, convirtiendo la solidaridad internacionalista en un galimatías, haciendo del apoyo a la revolución en la India una “propiedad sectaria”, y sobre todo, pasando por alto que el fondo del acuerdo en el Comité Internacionalista Proletario estriba en apoyar la revolución en la India dirigida por un Partido que actúa diametralmente opuesto al traidor partido revisionista de Nepal PCNU(M).

Se elude esa cuestión central, cuando los camaradas de Galicia subestiman la divergencia de fondo con los camaradas del Colectivo Odio de Clase, y les endilgan “oportunismo, saboteo y fraccionalismo” por haber constituido el Comité Proletario Internacionalista. Es inevitable que el estado actual de confusión y dispersión del Movimiento Comunista Internacional MCI —cuya causa inmediata fue la derrota sufrida en el MRI— se manifieste en los Comités más amplios donde inciden los MLM, tanto así que para camaradas impulsores del Comité Internacional es coherente con su centrismo, apoyar la Guerra Popular en la India al mismo tiempo que le dan respaldo al PCNU(M) que traicionó la Guerra Popular en Nepal. En contra parte, para otros camaradas MLM de España, juntarse con el centrismo para dar apoyo a la revolución en la India, les resulta incoherente con su lucha crucial por la unidad actual del Movimiento Comunista Internacional: la lucha contra el revisionismo.

Eluden esa cuestión central, los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, de quienes ya conocemos su respuesta pública: “No tenemos ninguna autocrítica que hacernos por haber apoyado esta línea” [1] a nuestra exigencia de que no bastaba declararse antiprachandista hoy, sino ser serios y autocriticar públicamente su apoyo al Acuerdo de Paz del PCNU(M) en el 2006, y para distraer hoy traen a cuento que el PC M de la India criticó los acuerdos y negociaciones de paz aplicadas por el PCNU(M) “pero no sobre la base de declaraciones de principios o imperativos absolutos” y que “también ha presentado planes de acuerdos y negociaciones con el Gobierno de la India”, yéndose nuevamente por las ramas, pues la discusión hoy no es sobre si son o no necesarios y a veces obligados los acuerdos para los comunistas, sino en que no se puede renegar de los principios y traicionar la revolución a cuenta de las ventajas temporales de un acuerdo, como lo hicieron los revisionistas en Nepal. Como siempre, los hechos son más elocuentes que las declaraciones: a nombre del maoísmo y con siglas maoístas muy resaltadas el Primero de Mayo los camaradas de Italia promueven y firman un acuerdo con el PCNU(M) que objetivamente silenció su revisionismo y traición en Nepal; pero hoy condenan a los camaradas MLM de España por hacer un acuerdo con otros revolucionarios no declarados maoístas, para denunciar el revisionismo y la traición en Nepal. En el primer caso, deben ser los MLM quienes respondan por haberse comprometido con el revisionismo; en el segundo, deben ser los no declarados maoístas quienes respondan por haberse comprometido en la denuncia al revisionismo.

Eluden esa cuestión central, los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia, con su actitud soberbia de negarse a reconocer la traición del 2006 en Nepal, y junto con los camaradas de Galicia seguir dándole apoyo al partido que ejecutó esa traición, siendo extremadamente blandos con los jefes revisionistas de ese partido que hoy se maquillan de “antiprachandistas”, pero enconadamente duros con los marxistas leninistas maoístas, que como los camaradas del Colectivo Odio de Clase han puesto su esfuerzo y su trabajo en defensa del marxismo revolucionario y en lucha frontal contra el oportunismo y la conciliación con el revisionismo.

Vemos un ataque orquestado y concéntrico, que pretextando invalidar al Comité Internacionalista Proletario, en realidad está dirigido a desprestigiar al Colectivo Odio de Clase y desmoralizar a los camaradas, no tanto en cuanto al apoyo a la Revolución en la India se refiere, sino en su labor de crítica al centrismo que desdibuja y concilia con el peligro revisionista, de lucha contra ese el principal peligro para la unidad del MCI, y de denuncia a sus bellaquerías como parte y defensor del pestilente Estado reaccionario. Es un ataque velado contra los marxistas leninistas maoístas que en otros países defendemos esas mismas posiciones, identificados básicamente en que reconocer el papel histórico que jugó el MRI, exige reconocer que la conciliación con el revisionismo fue la causa de su colapso, y que aprender esa amarga lección, implica romper cabalmente con todo tipo de oportunismo para poder avanzar en la edificación de un nueva y sólida unidad de los marxistas leninistas maoístas a nivel internacional. Ese es hoy el camino justo y correcto en la lucha por la unidad del MCI, en el cual hoy respaldamos a los camaradas del Colectivo Odio de Clase, a quienes llamamos a persistir, no doblegarse ante estos ataques, seguir adelante luchando contra la corriente centrista que antes lanzó los dardos del “dogmato-revisionismo”, luego del “liquidacionismo del MRI” y ahora el de “boicoteadores” del apoyo a la Revolución en la India.

Finalmente, frente a la alusión que los camaradas de Galicia hacen en su pronunciamiento, a la recomendación de la Unión a los camaradas del Colectivo Odio de Clase, de no retirarse del Comité Internacional, que les expresamos en una carta del 26 de mayo, justo pocos días después de haber publicado nuestro pronunciamiento ¡No a la conciliación centrista con el revisionismo!, está precisamente, no en el contexto de conciliar con las posiciones centristas partícipes en el Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, sino de la posibilidad de luchar contra esas posiciones en el seno de ese tipo de Comités. Era una recomendación supeditada al respeto de su decisión para tratar las discrepancias prácticas entre estos grupos de comunistas en España, y aunque no se habían conocido los artificios y cortapisas que hoy dejan ver los camaradas de Italia respecto a ese apoyo internacionalista, se refería estrictamente a la cuestión central, en cuanto al método de lucha contra las posiciones centristas, contradicción que consideramos es en el seno de los comunistas, de los marxistas leninistas maoístas y no con oportunistas desvergonzados insalvables; por tanto, tratable con la lucha teórica, con la crítica y autocrítica, con la persuasión. Por eso encarecimos a los camaradas: Tenemos la obligación de unir lo susceptible de ser unido, para combatir el peligro principal.

Esta cuestión del método también la hemos insistido en la correspondencia a los camaradas del Comité de Lucha Popular “Manolo Bello”, y a los camaradas del Partido Comunista Maoísta de Italia. Pero hasta ahora pesa más la división de los comunistas por asuntos de detalle, de la animosidad y el prejuicio, que la unión de los comunistas en defensa de los principios del MLM y contra su falsificación revisionista. También en esta cuestión del método, seguiremos luchando contra la corriente.

Comisión de Relaciones Internacionales

Unión Obrera Comunista (MLM)


Colombia, septiembre 29 de 2011

Copia al Periódico Revolución Obrera

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[1] Replica del PCM de Italia a la Unión Obrera Comunista (MLM), en carta del 12 de febrero del 2011.

UN AÑO DESPUÉS DEL 30 DE SEPTIEMBRE



PARTIDO COMUNISTA DEL ECUADOR SOL ROJO
http://pukainti.blogspot.com/


Desde el 30 de septiembre del 2010, el régimen fascista de Alianza País ha venido sosteniendo la tesis del golpe de estado y reeditando esos acontecimientos con fines específicos.

En el marco de las contradicciones interburguesas una fracción servil a la burguesía compradora manifiesta en el partido Sociedad Patriótica, manejada por los hermanos Gutiérrez atizó cierto descontento en filas policiales para empujarlos a una aventura violenta y tratar de “pescar a río revuelto” la desestabilización gubernamental.

Pero, ¿por qué no dio resultado este intento desestabilizador en la democracia burguesa? Porque no tuvo la capacidad de convocar ni a las masas oprimidas del país y menos consolidar posiciones en la burguesía compradora en la medida de que ni los actores, -la policía-, quienes los manipularon desde Sociedad Patriótica ni el revisionismo que plegó a estos últimos entienden el actual proceso político que vive el país en manos de la burguesía burocrática (Alianza País).

Nuestro Partido sostiene que en el Ecuador se vive un segundo proceso de profundización del capitalismo burocrático. Proceso incisivo y decidor en torno a tratar de reestructurar el Estado y dinamizar sus estructuras a un nuevo modelo económico, político-jurídico que permita por lo menos de manera circunstancial salvar la crisis a la que ha arrastrado el imperialismo al país y detener la explosión social se venía irremediablemente. Ahí la figura de la burguesía burocrática y del revisionismo para activar sus fuerzas en defensa de la democracia burguesa y del viejo estado con discurso socializante, antiimperialista, con comportamientos bonapartistas y fascistas no cruentos.

Esta reestructuración en gran medida tubo consenso tácito al interior de la Gran Burguesía, es decir se presenta como una necesidad del imperialismo y del viejo estado, y en ese sentido el no entender este proceso llevó a Sociedad Patriótica a pretender un golpe de estado que no pudo materializarse y que por el contrario le ha permitido al régimen fortalecer sus tesis y ahondar en aspectos que han sentado mayores bases para el proceso de corporativización de la sociedad.

Desde luego que este proceso reformador tiene actores que al tener posiciones discordantes contra el régimen, las contradicciones se muestran básicamente en el orden inter burgués. Claro, desde luego que cierto sector del revisionismo se cobija bajo las polleras del régimen y la defensa de la “democracia” y otro que se arrastra entre las patas de la burguesía compradora y se muestra contestatario. Las dos expresiones del revisionismo que si bien es cierto discrepan en la práctica, en el fundamento tiene un solo objetivo: salvaguardar la democracia burguesa y con ella al viejo estado.

En ese contexto durante todo el año y particularmente este último mes de septiembre, el régimen haciendo millonarios gastos en publicidad ha insistido en su tesis del “golpe de estado”. Pero dicha tesis y sus argumentos tratan de consolidar en las masas la idea de que la revolución ciudadana ha dado saltos enormes en la construcción de la “democracia plena”, de ser verdaderamente –a decir del régimen- un proceso histórico para el pueblo y que consiguientemente tiene enemigos y detractores que están del lado del imperialismo y de la oligarquía. Desde luego, atrás de toda esta verborrea está lo fundamental, la reestructuración estatal.

Propender la idea de un régimen “víctima” de “pelucones” y del “imperialismo” procura también la solidaridad de las masas. Obran sobre su conciencia de manera decidida. El proyecto restaurador tiene todavía cuerda, hay sectores burgueses que tienen mucha expectativa de lo que sucede en el país. Otros actores en el escenario internacional como el imperialismo chino, Rusia e Irán aprovechan de este proceso para insertarse más y de mejor manera en la estructura económica del país. Piensan a largo plazo. Sin embargo la sombra del imperialismo yanqui está presente, pervive en lo más profundo de la composición orgánica de la economía nacional. Los terratenientes también están atentos, aunque sus requerimientos por parte del régimen han sido en alguna medida suplidos y la continuidad del estado bajo estructuras semi feudales condicionadas por su condición de semicoloniedad están vigentes y fortalecidas.

El 30-S fue el producto de contradicciones interburguesas y no más. La responsabilidad de pretender arrastrar a las masas a estas luchas reflejan la desesperación que tiene por un lado el revisionismo de la izquierda que perdió en segunda instancia (al principio MPD y otras fuerzas apoyaron al régimen) la posibilidad de enquistarse en el viejo aparato estatal para reproducirse (MPD) y por otra la de aquellos que ahora tienen ese espacio y vegetan como amebas en la burocracia estatal como es el caso del PCE, PSE, y otros.

No debemos permitir que las masas sean utilizadas para los protervos fines del partidismo tradicional burgués, y mucho menos que sean utilizadas como “carne de cañón” por el revisionismo que indistintamente de su posición en torno al gobierno las quieren utilizar malévolamente y alejarlas de sus verdaderos fueros revolucionarios.

Un año después, tras la cortina del 30 de septiembre está el país lleno de contradicciones, con un régimen que no detiene su ofensiva anti popular, del incremento de impuestos y productos, crecimiento del desempleo, corrupción generalizada, delincuencia debordada y también atizado por elementos policiales y militares que son parte de grandes carteles internacionales de la droga. Un país que se desangra en las calles por el azote delincuencial. Que se asfixia a muerte en el campo ante la imposibilidad de subsistir con un dólar diario por familia. Un país de masas que acrecientan su disconformidad con el estado que no tiene capacidad alguna de solucionar sus más elementales requerimientos de supervivencia.

Hoy la nueva ley anti monopolio va a golpear a un importante sector de la burguesía compradora. No dudemos, un nuevo 30 de septiembre se está fraguando ya y el régimen lo sabe, de ahí su campaña publicitaria, la búsqueda de solidaridad internacional y de las masas y sobre todo su victimización. Ahí el revisionismo atento como perro de caza para atrapar a las masas y envolverlas en las contradicciones inter burguesas. Sencillamente no podemos ni debemos permitirlo. Las masas si luchan, que sean para su liberación. Si aportan con cuota de sangre que sea por el Poder, a la final los comunistas lo tenemos bien claro: ¡Salvo el poder, todo es ilusión!


LUCHAR POR LA DEMOCRACIA BURGUESA Y LA CONQUISTA DEL GOBIERNO ES NADA. ¡LUCHAR POR EL PODER LO ES TODO!

NI UNA SOLA GOTA DE SANGRE DEBE VERTER NUESTRO PUEBLO EN EL CONTEXTO DE LAS LUCHAS INTERBURGUESAS. TODA LA QUE SEA NECESARIA PARA DESTRUIR EL VIEJO ESTADO Y CONSTRUIR LA NUEVA DEMOCRACIA

DESARROLLAR GUERRA POPULAR PARA DESTRUIR EL CAPITALISMO BUROCRÁTICO ES LA TAREA PRINCIPAL DE LA CLASE Y EL PUEBLO. ¡CONSTRUIR EL NUEVO PODER LA TAREA FUNDAMENTAL!

EL REVISIONISMO NO SOLO ES EL PRINCIPAL PELIGRO DE LA REVOLUCIÓN, TAMBIÉN ES EL PRINCIPAL OBSTÁCULO PARA DESARROLLARLA.

VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO

VIVA LA GUERRA POPULAR EN LA INDIA, PERÚ, FILIPINAS Y TURQUÍA


A CONQUISTAR EL SOL ROJO DE LA LIBERACIÓN: EL COMUNISMO