domingo, 3 de junio de 2012

SOBRE LA INEVITABILIDAD



Sade


La desaparición de la URSS tuvo, como todo lo realmente importante, una doble faz: de un lado, sirvió para desatar las últimas correas de la camisa de fuerza que para el imperialismo había significado el marxismo-leninismo en tanto que programa para la acción del movimiento obrero internacional. Por dos veces derrotado en el campo de batalla por el pueblo soviético –intervención extranjera durante la Guerra Civil (1917-1922) y agresión nazifascista (1941-1945)-, el imperialismo, de manera gradual, fue recobrando tras la II Guerra Mundial su descarnado y auténtico rostro belicista y explotador a escala mundial, tendencia que se aceleró a partir del triunfo de la línea revisionista en la URSS (1956): ese proceso de, digamos, reencuentro del imperialismo con su esencia más íntima, que tiene como punto de inflexión histórico el hundimiento del socialimperialismo soviético, culmina en nuestros días bajo la forma de crisis generalizada del sistema imperialista y multiplicación de sus guerras de agresión, preludio de una gran guerra de redivisión.


En otras palabras, la desaparición de la Unión Soviética ha supuesto un gigantesco paso adelante en el desarrollo de las condiciones objetivas de las que surgirá –está surgiendo ya, de hecho- una nueva oleada revolucionaria, análoga a la que desencadenó la crisis bélica interimperialista de 1914-1919 –de la que nació la URSS- o a la inmediatamente posterior a la derrota del imperialismo nazifascista en la II Guerra Mundial –de la que brotó la República Popular China-.


La otra cara de la desaparición de la URSS se refiere al efecto de la misma sobre el movimiento obrero internacional y sobre la relación de éste con su programa político, el marxismo-leninismo. A pesar de que el triunfo de la línea revisionista en la Unión Soviética recibió de inmediato la clarividente y acerada crítica de Mao Tse Tung y de otras fuerzas del Movimiento Comunista Internacional, lo cierto es que, primero, su carácter minoritario dentro éste y más tarde el triunfo, en 1978, del revisionista Deng Xiao Ping en la propia China impidieron que el marxismo-leninismo-maoísmo se convirtiera en la línea política dominante del movimiento obrero internacional. El socialimperialismo soviético siguió conservando, como referencia ideológica, un enorme ascendiente sobre amplias masas obreras a lo largo y ancho del mundo. A su vez, esa tendencia se vio reforzada con la aparición de un nuevo revisionismo a la derecha del socialimperialismo soviético –el eurocomunismo- que dotaba, por contraste, de una apariencia izquierdista a los revisionistas del PCUS.


En ese contexto, el hundimiento de la URSS no ha hecho sino agravar la profunda crisis ideológica que afecta al movimiento obrero internacional desde hace décadas, crisis que podría caracterizarse como de desencuentro, en su sentido más literal, entre la clase obrera y su propio programa político, aquel que puede transformar la ascendente marea revolucionaria en socialismo; de hecho, el único que puede conseguirlo: el marxismo-leninismo.


La última gran agresión imperialista, la sufrida por Libia, ha puesto de relieve la incapacidad de esa izquierda huérfana tras el naufragio del socialimperialismo soviético para interpretar correctamente el sentido histórico tanto de la crisis generalizada del sistema imperialista como de la oleada revolucionaria en ascenso: mientras unos, los llamados ninistas –trotskistas-, equiparaban la agresión imperialista de la OTAN a la represión interna del régimen de Gaddafi –tolerando dicha agresión, y las que hayan de venir, cuando no apoyándolas abierta y cómplicemente-, otros, los conspiratistas, no han sido capaces de ver más que a la CIA detrás de los levantamientos populares contra régimenes corruptos y proimperialistas –erigiéndose así en defensores a toro pasado de tiranuelos y ladrones-.


Salvo honrosas excepciones como el Partido Comunista de la India (Maoísta) y otras fuerzas de su mismo ámbito ideológico o próximas a él, a la pregunta ¿qué hacer?”, los ninistas –trotskistas- responden con las archiconocidas viejas fórmulas revisionistas que hablan de completar el marxismo, de enriquecerlo, de renovarlo y dotarlo con recentísimas aportaciones que supuestamente habrán de hacerle cobrar nuevos e imparables bríos. En realidad, como la historia se ha encargado de demostrar una y otra vez, todos esos cantos de sirena no tienen otro objeto que inutilizar, al servicio de los intereses de la burguesía y en especial de una cierta pequeña burguesía ilustrada, la palanca de la revolución: escondida tras una fraseología que resalta lo nuevo, la izquierda legal pequeño burguesa difunde un programa nacido al tiempo que el propio marxismo –como si de Ificles y Heracles se tratara-, cuya íntima esencia es mantener intacto lo viejo, es decir, no superar los límites del sistema capitalista de explotación. El auténtico alcance del programa ninista –trotskista- se observa en la Libia masacrada por la OTAN, en la apuesta monárquico-constitucional de la dirigencia de la Izquierda Abertzale, la veremos también en la Grecia de Syriza, si consigue llegar al gobierno.


Por su parte, los conspiratistas, en sus análisis con mayores pretensiones de objetividad de la realidad presente, exponen una concepción que yerra en un doble sentido: de un lado, siguen aferrados a la vieja falacia del izquierdismo del socialimperialismo soviético incurriendo en no pocos casos en ese colmo de la inconsecuencia antimarxista que consiste en defender, al mismo tiempo, al camarada Stalin y a la camarilla de revisionistas que tomó el poder en la URSS después de 1956. Y de otro, proyectan en su análisis del imperialismo actual un esquema ideológico que sencillamente no existe ya: el del enfrentamiento bipolar entre el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético. Y lo que es más grave, además toman partido. De este modo no sólo ven izquierdismo y antiimperialismo en lugares donde no lo hay como China o Rusia sino que al ponerse de un lado –un lado u otro es lo mismo- incurren en el gravísimo error antileninista de la mayoría de las socialdemocracias europeas tras el estallido de la I Guerra Mundial: se convierten en izquierdistas imperialistas.


***


Necesitamos Partido Comunista. Y lo necesitamos con urgencia.


Necesitamos altura de miras políticas para saber unir lo que puede unirse.


Necesitamos que ese Partido eleve la conciencia política de las masas, único modo en que podremos asir con firmeza el momento revolucionario cuyo olor, como el de la tormenta, se presiente antes de su estallido.


El gran Engels nos advierte en el Anti-Dühring –y la historia del movimiento obrero nos lo confirma- de cuál será la consecuencia de no estar a la altura de estos retos:


“Y si el llamamiento a suprimir las contraposiciones y diferencias de clases, que hasta 1830 dejó frías a las clases trabajadoras y en sufrimiento, encuentra hoy eco entre millones, repercute en un país tras otro (…), si ese grito ha conquistado una fuerza que puede hacer frente a todos los poderes unidos contra él y puede estar seguro de su triunfo en un próximo futuro, ¿a qué puede deberse todo ello? A que, por una parte, la gran industria moderna ha creado un proletariado, una clase que puede formular por primera vez en la historia la exigencia de suprimir no tal o cual organización de clase o tal o cual privilegio de clase, sino las clases como tales, y que se encuentra en tal situación que tiene que imponer esa exigencia so pena de hundirse en la condición del coolí chino.


[Artículo de opinión remitido por SADE]


2 comentarios:

  1. "no han sido capaces de ver más que a la CIA detrás de los levantamientos populares contra régimenes corruptos y proimperialistas"

    Es que ahi algo mas que la sucia mano de la CIA y de la burgesia imperialista occidental detras de las fascistas ratas "rebeldes"? Levantamiento popular? Levantantamiento militar de la burguesia Libia favorable a las relaciones economicas con el imperilaismo yanki, sera.

    En su testamento, Gadafi señala a las capas de la burguesia que dentro de su capitalismo nacional anti-imperialista y pan-africanista, solo buscaban mayores ganacias economicas y se oponian a la Jamahiriya.

    Es cierto que ya no existe ninguna potencia favorable a los pueblos, pero no significa tener que aceptar la demonizacion y el exterminio de aquellos a los que el terrorismo imperialista pone en su punto de mira.

    http://libia-sos.blogspot.com.es/

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  2. Camarada,

    1.- Vaya por delante, en primer lugar, que el párrafo que extraes de mi artículo no sólo se refiere al caso de Libia, ni siquiera sólo al mundo árabe.

    2.- El análisis conspiratista abandona el análisis de clase y al escudarse detrás de las siglas "CIA" encuentra una especie de "deus ex machina" a que recurrir para resolver cualquier dificultad analítica. A esa fuerza "omnipotente" que es la "CIA" el conspiratismo le opone artificialmente "antiimperialistas" que distan enormemente de serlo en la realidad: el papel desempeñado por Gaddafi desde el final de la Guerra Fría fue de pura adaptación a la nueva correlación de fuerzas que tenía en EE.UU. a la principal potencia imperialista.

    3.- La sublevación contra Gaddafi, como dejó claro la intervención de la OTAN, estaba integrada mayoritariamente por elementos proimperialistas que cabe calificar de buergueses; la prensa burguesa, no obstante, informó antes de esa intervención de la existencia de elementos que oponiéndose a Gaddafi rechazaban la agresión de la OTAN.

    3.- Gaddafi no es más antiimperialista -en verdad no lo era en absoluto- por el hecho de ser agredido por la OTAN: la historia está llena de ejemplos de países imperialistas que agreden a regímenes burgueses, como parte de procesos de redivisión interimperialista: estudiemos la política exterior nazi, de Mussolini o de los EE.UU.: hay docenas y docenas de ejemplos en el mismo sentido. ¿Era la España de la Restauración, por ejemplo, un régimen antiimperialista cuando en 1898 entra en guerra con EE.UU. por Cuba?

    4.- Estoy totalmente de acuerdo con tu último párrafo: el deber revolucionario y leninista era defender la soberanía libia ante la agresión imperialista y eso implicaba defender en este punto a Gaddafi.

    5.- Planteémonos la pregunta de por qué cayó Gaddafi: primero, porque su régimen estaba completamente corrompido y la clase obrera -que en su mayoría ni siquiera era libia, eran extranjeros en régimen de semiesclavitud- no movió un dedo por salvarlo. Compara la actitud del pueblo soviético ante la agresión nazifascista y la del pueblo libio ante la agresión de la OTAN. Segundo, no hubo la más mínima solidaridad internacional efectiva ante un régimen que distaba mucho de poder mover los corazones y la cabeza del proletariado mundial. Compara la actitud del mundo ante el levantamiento fascista en 1936 en España y la actitud del mundo ante la agresión a Libia.

    Un saludo rojo.

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