Mao Tsetung inició y dirigió una gran batalla internacional contra lo que vino a
conocerse como "revisionismo moderno", empezando por el "discurso secreto" de Jruschov en 1956 que contenía un ataque
frontal a Stalin y a la dictadura del proletariado que Stalin representaba.
Esta lucha condujo a una importantísima escisión en el movimiento comunista
internacional entre su ala revolucionaria dirigida por Mao y el Partido
Comunista de China, y los partidos revisionistas que siguieron la batuta de
Jruschov y del partido soviético.
Sobre la base del impulso de la lucha de Mao contra el revisionismo moderno y la
Gran Revolución Cultural Proletaria, se formaron partidos maoístas que asumieron
la preparación y el inicio de guerras populares. El heroico lanzamiento por
revolucionarios maoístas de la lucha armada en la India, las Filipinas, Turquía,
Bangladesh y otros países, es testimonio del amplio impacto de la gran ruptura
que se dio en el MCI. Y la formación de un movimiento maoísta internacional
ayudó a atizar las luchas revolucionarias de los pueblos oprimidos contra el
imperialismo que entonces sacudían el mundo, incluida la heroica lucha del
pueblo vietnamita.
La gran lucha contra el revisionismo moderno confrontó a dos destacados
partidos, el Partido Comunista de China y el Partido Comunista de la Unión
Soviética, uno contra el otro, cada uno quien detentaba el Poder a nombre de la
clase obrera. Sin embargo, en el caso de Jruschov y su sucesor, esta afirmación
no era más que una delgada capa de pintura roja para tapar el dominio de una
nueva burguesía.
Por tanto, incluso de forma más aguda que la lucha de Lenin contra los
revisionistas de su época, el Gran Debate en el movimiento comunista reflejó
intereses de clase divergentes y opuestos, y de ello se desprendió la
intensidad y el carácter irreconciliable de esta lucha.
Lo que estaba en cuestión no era ni más ni menos que la construcción de una
sociedad sin clases, el comunismo. En la URSS y el bloque oriental en su
conjunto, este objetivo se proclamaba de forma muy parecida a cómo los curas
prometen un reino final de dios sobre la tierra. Pero este sortilegio religioso
de los revisionistas estaba tan divorciado de la sociedad que presidían como lo
está el "amor fraternal" del infierno del capitalismo.
El maoísmo
defendió la continuación de la revolución para que, paso a paso, se fueran
creando las condiciones ideológicas, políticas y económicas en pro de una
sociedad en la que el trabajo humano dejara de ser una mercancía de compraventa,
donde la división del trabajo entre el campo y la ciudad, entre los obreros y
los campesinos, y entre el trabajo manual y el intelectual se redujera
progresivamente.
El maoísmo representaba los intereses de los obreros y los
campesinos en la lucha por conservar su dominio en la sociedad y prevenir que
los nuevos explotadores usurparan y corrompieran los frutos del socialismo.
Estos principios se hicieron vivos ante los pueblos del mundo entero cuando
decenas de millones de obreros, campesinos e intelectuales revolucionarios se
alzaron en China durante la Revolución Cultural para hacer avanzar la sociedad
en el camino hacia el comunismo.
El revisionismo, en especial el revisionismo en el Poder en la URSS y en los
demás países de Europa oriental, defendía un programa completamente distinto. En
estas sociedades no se hacía nada por romper con la división del trabajo y los
demás "sellos de nacimiento" heredados del sistema capitalista. Por el
contrario, los nuevos gobernantes luchaban por proteger y defender las
desigualdades que les beneficiaban. El objetivo que se propagaba para los
obreros no era rehacer el mundo sino conseguir una "tajada justa" mientras
viviesen enriqueciendo a otros. Este punto de vista es el mismo que siempre ha
caracterizado al sindicalismo reformista y al revisionismo en todos los países.
Hace muchos años que Marx llamó a los obreros a rechazar la consigna de "salario
justo diario por trabajo justo diario" y escribir sobre su bandera la consigna
revolucionaria: "¡Abolición del sistema salarial!".
Exigir, como
algunos hicieron entonces, que exista unidad entre el maoísmo y el revisionismo
moderno al estilo soviético, tiene tan poco sentido como exigir la unidad entre
explotadores y explotados. La unidad entre revolucionarios marxistas y
revisionistas empedernidos no puede durar, y donde parece existir es que
simplemente está a punto de reventarse.

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