martes, 8 de marzo de 2016

El turismo sexual es imperialismo sexualizado



"En la industria del turismo sexual, la globalización y el patriarcado cooperan para que, aun en países más solventes económicamente, siguen siendo los cuerpos y las vidas de mujeres y niñas marginadas que son cosificadas y desensibilizadas para asegurar placer y dinero para la gente privilegiada. La mayoría de las mujeres y niñas prostituidas en los países ricos (como por ejemplo en el Occidente Europeo) siguen siendo inmigrantes de países más pobres; como países de Europa del Este, África, Asia, América Latina y el Caribe. Quienes compran sexo no tienen que viajar fuera de sus países para encontrar sus preferencias de mujeres y niñas “exóticas”– en la industria global del sexo, ellas son importadas."
 
"Cuando se prioriza la anonimidad de hombres privilegiados en el Norte Global o países más adinerados para defender la explotación de incontables mujeres y niñas en el Sur Global, vemos el imperialismo al desnudo. Cuando esas justificaciones están conectadas directamente con la cosificación de una Otra convertida en fetiche, estamos observando un patrón racista y clasista de sexualizacion. Se mantiene y se perpetúa un sistema que asume que el cuerpo y la vida de las personas marginadas (en su mayoría mujeres y niñas) existen solo para satisfacer las “necesidades” manufacturadas por gente más privilegiada y poderosa."
 

 El turismo sexual es imperialismo sexualizado
 
por Raquel Rosario Sánchez
 
Recuerdo el momento perfectamente. Estaba en la playa en la Republica Dominicana con mi hermana cuando me acerqué al bar para pedir comida cuando se me acerco un hombre y me puso conversación. Me dijo su nombre y me dijo que era de Francia. Quizás de manera inocente, me sentí contenta de tener la oportunidad de practicar el francés que estaba aprendiendo en el colegio con “una persona francesa de verdad”, así que conversamos un poquito mientras yo esperaba mi comida. Me dijo que era administrador público en un hospital. “Quel age a vous?” le pregunte en mi francés incorrecto. “Je suis cinquante-sept”, me dijo (57 años). Al poco tiempo empecé a buscar a mi hermana y estaba a punto de irme cuando sucedió. El hombre había pedido otra bebida y me la paso. Se me debió de notar en la cara que estaba confundida y sorprendida cuando me di cuenta de sus no tan inocentes intenciones, porque el hombre puso su mano encima de mi mano, se me acerco y me susurro, “No te preocupes. Tú no tienes que hacer nada todavía”. Yo tenía 17 años.
 
Un episodio en el en el programa ‘Love+Sex’ del periódico digital Huffington Post titulado “Esto es ser un turista sexual” (subtítulo: Salir del país nunca ha sido tan bueno), conducido por Carina Kolodny y Noah Michelson nos pide que reconsideremos el turismo sexual. Ambos empiezan diciendo que este episodio no se trata sobre “el turismo sexual que mucha gente se imagina; un hombre viejo que va a un país pobre y se pasa la semana con niñas menores de edad traficadas”.
 
La palabra “imagina” implica que la dinámica de un hombre mayor buscando pagar por sexo con una persona local, joven y pobre, es solo un producto de nuestra imaginación, no una realidad, y que por esta razón es debatible. Para distraernos de la realidad un poco más, el episodio define el turismo sexual para las personas oyentes de la manera más genérica posible- según tanto Kolodny y Michelson, “El turismo sexual puede significar muchas cosas diferentes dependiendo a quien tu eres y lo que quieres encontrar”. Es una definición tan imprecisa que estamos tentados a ignorar cualquier conocimiento empírico que tenemos sobre el asunto.
 
Durante el episodio, las personas escuchan las opiniones de dos hombres que viajan fuera de su pais con la intención de participar en el turismo sexual. Uno de ellos es un hombre australiano llamado Matt que viaja a San Francisco y el otro es un hombre llamado Jay que se identifica como “una figura pública” que necesita “proteger su identidad” mientras satisface lo que tanto él como el episodio del programa califica como “una necesidad”. La tercera persona invitada es una mujer llamada Jody Hanson quien escribió un libro sobre la industria del sexo llamado El Negocio del Sexo’. La cuarta persona es un hombre llamado Elard Tissot Van Patot quien es el fundador y director del Red Light District Tour en Ámsterdam.
 
Ámsterdam, Australia, San Francisco… Olvídense de la idea de personas viajando a países pobres buscando pagar por sexo con niñas y mujeres que no tiene mejores opciones más que vender sexo para sobrevivir- ¡el turismo sexual es moderno y súper fashion!
 
En la industria del turismo sexual, la globalización y el patriarcado cooperan para que, aun en países más solventes económicamente, siguen siendo los cuerpos y las vidas de mujeres y niñas marginadas que son cosificadas y desensibilizadas para asegurar placer y dinero para la gente privilegiada. La mayoría de las mujeres y niñas prostituidas en los países ricos (como por ejemplo en el Occidente Europeo) siguen siendo inmigrantes de países más pobres; como países de Europa del Este, África, Asia, América Latina y el Caribe. Quienes compran sexo no tienen que viajar fuera de sus países para encontrar sus preferencias de mujeres y niñas “exóticas”– en la industria global del sexo, ellas son importadas.
 
El conductor y la conductora dedican una cantidad de tiempo desproporcionada al tema de las ‘apps’ y lo extraño que resulta, según su punto de vista, “encontrar sexo” sin ellas. Michelson pregunta “¿qué hacia la gente ante de las apps?” y Kolodny responde “Que pregunta tan triste. Porque yo siento que todo el mundo puede aplicar esa pregunta a cada aspecto de sus vidas. Ósea, ¿cómo vivía la gente sin el GPS en el auto?” S les olvida mencionar que el simple hecho de tener un teléfono móvil (o celular), acceso a internet, o tener un carro, son en sí mismas, posiciones que denotan privilegio inmenso… Solo un cuarto de la población mundial tiene un teléfono inteligente, pero según el conductor y la conductora, esta “triste” realidad confina a quienes la viven a “la edad media”. Conociendo tan de cerca cómo funciona el turismo sexual en un país en el Sur Global, el nivel de privilegios y la ignorancia con la que tanto la conductora y el conductor, así como los invitados y la invitada, manejaron este tema tan delicado me resulto exasperante.
 
Como ya es rutina en los círculos occidentales, privilegiados del feminismo liberal, el libro de Hanson describe la industria del sexo como si esta fuese un movimiento activista surgido en la calle, que sale del interés de parte de ‘la oferta’ en vez de ‘la demanda’ (que es en su gran mayoría una demanda de hombres). “El sexo es un negocio”, dice una descripción de su libro en su página web. “Para una trabajadora sexual es una manera de ganarse la vida; para una proxeneta, es una industrial de servicios empresariales; para una stripper, es crear una ilusión; para una dominatriz, es sobre mantener el control; para una escorta, el quid es que a él le paguen por hacer lo que él haría como sea”. Ignorar el hecho de que muy pocas mujeres y niñas fuesen coaccionadas a la industria del sexo si no fuese por la demanda tan intensa creada por hombres, crea una imagen mística de la prostitución. Una imagen falsa en que las mujeres simplemente “eligen” la prostitución porque les gusta tanto acostarse con hombres extraños. Aparte de que cuando ignoramos el conocimiento empírico que muestra que esta demanda es mayoritariamente de hombres por una industria sexual compuesta por mujeres y niñas, también desinformamos y deliberadamente alteramos las fichas del debate para fomentar un oasis que oculta la realidad.
 
Cuando le pregunta sobre las dudas que las personas tienen sobre el turismo sexual, Hanson responde “la gente se pone moralista sobre este asunto”, y añade, “la gente no entiende bien cómo funciona”. Ella quiere que creamos que la preocupación no es sobre la explotación, la pobreza, o la dinámica de hombres de dinero buscando mujeres y niñas marginadas, sino que todo puede ser atribuido a gente puritana que se siente incómoda con el tema del sexo.
 
Casi como si fuese una idea tardía, Kolodny dice que “hay evidencia extensa y contundente que indica que el turismo sexual contribuye a la explotación y la esclavitud de personas vulnerables y que muchas veces, estas personas son iniciadas demasiado jóvenes… y no tiene alternativas para salir de ese mundo”. A lo que responde Hanson, “Bueno, eso es todo muy cierto”. Pero luego ella dice que, aunque el punto de Kolodny es enteramente valido, tenemos que tener “una perspectiva balanceada”. Es decir, “Si, sabemos que hay explotación. Si, sabemos que hay niños y niñas que son obligados a la industria del sexo… ¿pero ¿dónde están las historias de las putas contentas?” Como si unas cuantas historias de empoderamiento a través de la explotación son suficientes para cambiar un sistema de opresión entero. Como si la pobreza justifica la explotación.
 
Cuando le preguntaron qué se puede hacer para prevenir la explotación en el turismo sexual, Hanson dice que cualquier tipo de regulación es perjudicial porque “la industria sexual tiene una manera natural de evolucionar y que, si la gente la deja sola, ella misma se organiza”. Este argumento, como hemos visto, no es solo ignorante, sino que también es extremadamente peligroso dado el hecho de que el crecimiento de la industria del sexo está siendo abastecido por la trata de persona y la explotación sexual de niños y niñas. (Y en todo caso, sabemos muy bien que la ideología neoliberal tiene amplia historia de perjudicar a las personas marginadas, en general).
 
Las personas oyentes son informadas de que Holanda es un país que “ha sido alardeado por su manera de manejar el turismo sexual y la prostitución”. Esto se plantea como si fuese un hecho concreto, sin mencionar que alrededor de un 60 y un 75 por ciento de las personas trabajando en la prostitución en Holanda son mujeres y niñas inmigrantes de países más pobres. Estas inmigrantes son descritas por los defendedores de la industria sexual como trabajadoras sexuales migrantes, sin enfatizar que muchas de ellas son traficadas. Según estadísticas proporcionadas por el gobierno holandés, alrededor de un 71 por ciento de las víctimas de la trata de personas en Holanda terminan en la industria del sexo. De ese porcentaje, un 88 por ciento son mujeres y niñas que tienen en promedio 25 años. Tampoco se menciona que el crimen organizado y la legalización de la prostitución están profundamente interconectados en Ámsterdam y que la trata de personas ha aumentado desde la legalización de la prostitución.
 
El fundador del Red Light District Tour, Elard Tissot Van Patot, enmarca la discusión como una conversación sobre el empoderamiento de la prostituta y la persecución opresiva del estado. Pero, la pregunta sigue siendo, ¿dónde está la demanda de esta industrial? ¿Por qué personas como Van Patot se esfuerzan tanto para ocultar quienes son los que están sustentando e impulsando una industria tan lucrativa?
 
La página web de Van Patot se refiere a las prostitutas como “putas”. Bajo el título “La puta a través de los tiempos”, se lee:
 
“La puta siempre ha sido una fuente de diferentes reacciones. La envidia es definitivamente una de ellas. Muchas esposas se sienten aliviadas de ver sus maridos yendo al Red Light District, porque ellas se rehúsan a acostarse con ellos. La puta siempre ha ganado mucho dinero y también la gente alrededor de ella, como su proxeneta, el burdel, etcétera. Esto lo sabemos porque en los cuados y pinturas, siempre hay placer, cerveza, besos y caricias- y esto siempre es representado de manera muy directa.”
 
Esta redacción hace referencia a las representaciones de prostitución en cuados pintados a través de la historia por hombres. El director del Red Light District Tour continúa escribiendo, “Hoy día, Lilit vive tanto como en aquellos tiempos. Más y más mujeres liberan su indomable energía de Lilit- su libre, oscuro, sexual, seductor y creativo poder”. Esta narrativa de las mujeres prostitutas exclusivamente como personas hedonistas y empoderadas sexuales es popular con aquellos quienes prefieren la fantasía a la realidad, como la mayoría de los hombres compradores que fomentan la prostitución.
 
Este episodio nos educa sobre el turismo sexual basado en información provista por dos hombres que participan en la prostitución como compradores, una mujer que se beneficia con la narrativa del “trabajo sexual como empoderamiento feminista”, y un hombre que explota extranjeras en un país rico. ¡Con razón terminamos con una representación tan deshonesta!
 
Al final del episodio, nos recuerdan que el turismo sexual no es tan malo como pensamos porque las mujeres son compradoras también. Argumentar que la excepción es la regla ha sido una táctica común de quienes tratan de normalizar y excusar sistemas de opresión. De hecho, cuando se busca en Google (en inglés) las palabras turismo sexual, se encuentran numerosos artículos sobre las compradoras del turismo sexual que visitan países en el sur global buscando sexys hombres de la localidad, como si esas pocas historias igualasen el asunto. Estas historias, como sabemos dadas las investigaciones en el tema, representan una minoría muy pequeña que no se compara con la demanda de hombres compradores en la industria del sexo, pero nos dejan con la idea de que el turismo sexual de mujeres compradoras está aumentando, y eso quiere decir que es equitativo en términos de género.
Cuando se prioriza la anonimidad de hombres privilegiados en el Norte Global o países más adinerados para defender la explotación de incontables mujeres y niñas en el Sur Global, vemos el imperialismo al desnudo. Cuando esas justificaciones están conectadas directamente con la cosificación de una Otra convertida en fetiche, estamos observando un patrón racista y clasista de sexualizacion. Se mantiene y se perpetúa un sistema que asume que el cuerpo y la vida de las personas marginadas (en su mayoría mujeres y niñas) existen solo para satisfacer las “necesidades” manufacturadas por gente más privilegiada y poderosa.
 
Ese momento, cuando un hombre francés de 57 años puso su mano encima de la mía, asumiendo que mi propósito principal estando en una playa en mi propio país era para proporcionarle placer a él, se ha repetido en mi vida en innumerables ocasiones… Hombres alemanes, hombres franceses, hombres estadounidenses… Es difícil explicar lo que se siente saber que las horrorosas condiciones y realidades de pobreza y carencias en tu país se vuelven experiencias pornificadas para turistas buscando diversión (o lo que el episodio del programa Love+Sex del Huffington Post llama ‘positivismo sexual’.)
 
A veces me pregunto que hubiese sucedido si ese hombre francés se hubiese acercado a una adolescente francesa de 17 años con una bebida alcohólica en la mano, y le hubiera solicitado ‘comprar’ sexo en un sitio público al frente de extraños, en vez de a mí, una adolescente dominicana. La conversación hubiese sido muy diferente.
 
Lo que me paso a mi le está sucediendo a miles de mujeres y niñas alrededor del mundo porque nuestra designación como “países empobrecidos” se empareja insidiosamente con la exotizacion de nuestros cuerpos de una manera enfermiza. Como dijo una compatriota dominicana, “La colonización nunca termino. Solo cambio de cara”. O como diría el episodio del Huffington Post, de manera tan casual, “eso es un poco problemático”.
Raquel Rosario Sánchez
 
 
Illustration de l'autriceRaquel Rosario Sánchez es una activista dominicana y defensora de los derechos de las mujeres y niñas. Sus esfuerzos se centran en la violencia contra mujeres y niñas, la trata de personas y la abolición de la pena de muerte. Ella está cursando una Maestra en Estudios de la Mujer, Genero y Sexualidad en Oregón.
 
Traduit de l’anglais pas l’auteure
 
In english : here




https://tradfem.wordpress.com/2016/01/20/raquel-rosario-sanchez-el-turismo-sexual-es-imperialismo-sexualizado/

-----

No hay comentarios:

Publicar un comentario