viernes, 11 de marzo de 2016

Ni siquiera un reformista tan tibio como Lula se libra de las artimañas de la burguesía

 
La burguesía brasileña a por Lula: piden su ingreso en prisión
 
 
"Ni siquiera un reformista tan tibio como lo fue el ex presidente Lula se libra de las artimañas de unas instituciones del Estado que no quieren, bajo ningún concepto, que en Brasil se vuelvan a repetir experimentos políticos que atenúen, aunque sea levemente, las condiciones de vida de los millones de brasileños que integran las filas de la marginalidad social"
 
 
POR ADAY QUESADA / CANARIAS SEMANAL

Las burguesías latinoamericanas, convenientemente alentadas por el Imperio, están resultando implacables. Ni siquiera un reformista tan tibio como lo fue el ex presidente Lula se libra de las artimañas de unas instituciones del Estado que no quieren, bajo ningún concepto, que en Brasil se vuelvan a repetir experimentos políticos que atenúen, aunque sea levemente, las condiciones de vida de los millones de brasileños que integran las filas de la marginalidad social .

Eso es, más o menos, lo que está sucediendo estos días en Brasil, donde el rumor de que ex presidente Lula podría encabezar la candidatura a la presidencia del país, ha revuelto las tripas de las clases hegemónicas brasileñas.

En efecto, en la tarde de este jueves, tres fiscales de la ciudad de São Paulo solicitaron la prisión preventiva de Lula con los cargos de “lavado de dinero” y “falsedad ideológica”

No es una casualidad de que la solicitud fiscal se produzca a tan sólo tres días después de que manifestación por la destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Bueno es saber que manifestación fue organizada por todos los partidos derechistas del espectro político brasileño, acompañada por la mayor federación de la patronal de ese país.

LAS RESPONSABILIDADES DEL PARTIDO DEL TRABAJO

Hay que decir, no obstante, que la embestida de las clases hegemónicas brasileñas no es casual. Es el resultado, ni más ni menos, de la propia política aplicada por el peculiar “Partido del Trabajo”, un suerte de organización socialdemócrata sui generis, que durante decenios no ha hecho otra cosa que consolidar el poder institucional de la burguesía fortaleciendo, de paso, sus los privilegios en el aparato judicial.

Han sido las propias deformaciones del Partido del Trabajo de Lula, las que han facilitado su actual situación de debilidad frente al acoso de la burguesía. Durante estos años, la burocracia de ese partido se insertó de tal forma en el sistema capitalista brasileño, que resultaba difícil distinguirlo del conjunto del mismo.

LA OPERACION ACOSO A LULA

Sin embargo, la querella protagonizada la Fiscalía de São Paulo no es más que un ataque en toda regla en contra de la posibilidad de que el PT vuelva a repetir en el ejecutivo. No hace falta ser un lince para deducir que esta "operación de derribo" está inspirada desde instancias en los Estados Unidos, muy empeñadas estos días en recuperar su influencia perdida sobre el hemisferio sur americano

El tratamiento desproporcionadamente coercitivo del que fue víctima Lula la pasada semana, así como la exigencia ahora de que ingrese prisión, forman parte de una escalada en toda regla en contra de atenuado reformismo del partido en el poder. La verdad es que en el caso de Brasil, también es la expresión de disputas que se plantean en el seno de las facciones políticas integradas en el mismo sistema político del país.

Sin embargo, no hay que que perder de vista que los métodos que hoy se emplean a nivel de la superestructura para dirimir las disputas, serán utilizados en el futuro en contra del movimiento obrero y las organizaciones sociales que intenten frenar las luchas contra los recortes sociales que ya ha empezado a imponer el gobierno de Dilma, pero que forman parte también del "paquete reivindicativo" de la gran burguesía brasileña

LOS MECANISMOS JUDICIALES UTLIZADOS CONTRA LULA

Posiblemente Lula da Silva tenga razón cuando dice que tanto su rocambolesca detención de la pasada semana como ahora, la petición fiscal de que ingrese en prisión es una respuesta a una filtración publicada en todos los medios mundiales, según la cual Dilma le había propuesto que asumiera una función ministerial como objeto de poder combatir el acoso organizado de la derecha política y mediática.

Como dato anexo a la exigencia de que Lula ingresen prisión, hay que decir que el fiscal que lo solicita, Cássio Conserino, es una suerte de lo que en España conocemos por “juez estrella”. Es muy conocido por los grandes titulares de la prensa brasileña por sus actuaciones sensacionalistas y eminentemente mediáticas. Ya antes de que Lula fuera detenido para ser interrogado, este fiscal ya lo había declarado culpable. Antes del interrogatorio había manifestado a los medios que poseía elementos suficientes como para abrir una investigación. La jueza que ha dado curso al pedido del fiscal, tampoco tiene un historial brillante. Hace ocho años mandó a prisión por tres años a un hombre por un intento de asalto, sin que este hubiera sido reconocido por su presunta víctima. La jueza alegó que tenía la convicción de que el testigo no acusaba a su víctima por miedo.

Pese a que las maniobras de las clases hegemónicas brasileñas están quedando muy claras, la suerte que corre el Partido del Trabajo es sólo fruto de la trayectoria recorrida por una organización que pretendió conducir al país utilizando métodos similares a los usados por la burguesía a la hora de gobernar. El PT a través de su burocracia corrupta, trató de bloquear la dinámica de la lucha de clases en Brasil. La consecuencia de ello ha sido la desarticulación de imponentes movimientos sociales construidos laboriosamente durante muchos años.

Creyendo que a las exigencias de la derecha y sus desafíos había que responder con concesiones a las clases poderosas, con pasos atrás para neutralizar su acción, el PT ha logrado justamente todo lo contrario. La derecha brasileña se siente ahora fuerte, capaz de prescindir de quienes un día le sirvieron de mecanismo atenuante de la lucha de clases y las confrontaciones sociales. Ahora Dilma, Lula y el Partido del Trabajo, como les ha sucedido a tantos otros a lo largo de la historia, no hacen más que recibir lo que previamente ellos mismos habían sembrado.
 
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