lunes, 25 de abril de 2016

Erdogán usa la expropiación para castigar a los kurdos con políticas de limpieza étnica

La fotografía muestra uno de los barrios de Yuksekova (Turquía) envuelto en llamas debido a los combates. / bianet.org


Por MANUEL MARTORELL  
 
Lenta pero inexorablemente va tomando forma en Turquía un plan para destruir, en el sentido más literal de la palabra, aquellos núcleos de población que han dado en los últimos años un mayor apoyo a las guerrillas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), incluso haciendo desaparecer barrios y hasta ciudades enteras.
 
De hecho, hace semanas que está en marcha una demolición sistemática de edificios y viviendas en Silopi, Cizre y Diyarbakir, sin que se sepa todavía dónde van a vivir las familias que han perdido sus propiedades tras expropiaciones urgentes en aplicación del artículo 27 de la Ley 2942. De acuerdo con esta ley, las confiscaciones se realizan debido al estado de ruina en el que han quedado miles de edificios tras los combates urbanos, dejando a las familias perjudicadas apenas otra opción que una indemnización gubernamental por la vivienda que ya no recuperarán.
 
Sin embargo, en otros casos, como ha ocurrido sólo hace unos días en Yuksekova, barrios enteros han sido presa de las llamas después de que el Ejército acabara con los núcleos de resistencia armada, utilizando tanques para destruir las edificaciones.
 

 
Así lo muestran las imágenes difundidas tanto por Youtube (ver vídeo) como por el periódico local Yuksekova Haber (Noticias de Yuksekova) y la asociación Bianet. En ellas se ve un barrio entero del que salen columnas de humo y cómo un edificio utilizado por las Unidades Cívicas de Defensa (YPS), grupo vinculado al PKK, es literalmente machacado por disparos de obús.
 
Según explica a Bianet el director de Yuksekova Haber, Ekran Capraz, en esta ciudad el Ejército ha seguido el mismo procedimiento que en otros lugares: primero pidió a la población que abandonara sus hogares indicándoles un lugar de concentración, en este caso un centro cultural. Allí se comprobó si las personas concentradas tenían antecedentes penales y luego fueron trasladadas a otros barrios o aldeas próximas.
 
Como se puede comprobar en el cuadro adjunto, las operaciones del Ejército y las medidas para expropiar las viviendas de sus habitantes castigan fundamentalmente a ciudades (Cizre, Silopi, Sirnak, Hakkari, Yuksekova, Dinarbakir, Nusaybin, Silvan…) donde el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) tiene una consolidada hegemonía política, rebasando en algunos casos el 90 por ciento del apoyo electoral en las pasadas elecciones generales de noviembre, pese a que este partido es acusado por el Gobierno de Tayip Erdogán de ser el brazo político del PKK.
 
Porcentajes de votación en las elecciones generales de noviembre reflejando el dominio (azul) del HDP. / Manuel Martorell
 
Solamente el gubernamental Partido de la Justicias y el Desarrollo (AKP) rebasa en algunos distritos el 15 por ciento de los votos cuando en el resto de Turquía este porcentaje se acerca al 50 por ciento. Tanto el principal partido opositor, el socialdemócrata Republicano del Pueblo (CHP), como el ultranacionalista turco MHP han desaparecido del panorama político de las provincias kurdas.
 
Algunas organizaciones dan la cifra de unos 500.000 desplazados debido a los combates que desde hace diez meses se desarrollan en una veintena de ciudades. Solamente en Diyarbakir, donde ha sido expropiado prácticamente todo el casco histórico incluidas sus antiguas iglesias, el Ayuntamiento calcula que unas 50.000 personas perderán el derecho a regresar a sus viviendas.
 
En otros distritos donde los combates han sido menos intensos pero en los que también se han producido deportaciones y éxodo de población el panorama electoral es muy similar. Por ejemplo, en el distrito de Lice el HDP consiguió el 95,8 por ciento de las papeletas, mientras que el gubernamental AKP obtuvo el 3 por ciento y el CHP y el MHP, el 0,4 y el 0,3 respectivamente. Lo mismo ocurre en Idil (82,7, 14,8, 0,9 y 0,8, respectivamente); Kiziltepe (82,5, 15,7, 0,9 y 0,4); Cukurca (81,8, 8,8, 2,7 y 5,8);Baglar (75,7, 19,2, 1,5 y 0,5) y Kayapinar (70,8, 22,6, 1,8 y 0,7).
 
 
Panorámica de la ciudad de Hakkari rodeada de montañas y bases militares. / Manuel Martorell
 
En el caso de las ciudades de Hakkari y Sirnak, que son capitales de provincia y están situadas en zonas de alta montaña difícilmente controlables, el Gobierno ha decidido trasladar la capitalidad de esas provincias a otras poblaciones situadas en la llanura.
 
Tanto el primer ministro, Ahmet Davutoglu, como el presidente Tayip Erdogán, se han referido a estos casos. En concreto, Davutoglu dijo en enero que Sirnak estaba en un lugar “demasiado angosto” para que pudiera expandirse como ciudad, mientras que Erdogán, durante el congreso de Transformación Urbana celebrado este mes de abril en Istanbul, tuvo palabras parecidas sobre Hakkari, añadiendo que no podía entender siquiera cómo se le había dado la categoría de ciudad.
 
Este caso de Hakkari (86 por ciento de votantes del HDP) resulta especialmente significativo porque está en una hondonada entre altas montañas y rodeada de bases militares que, a su vez, están expuestas a los ataques de la guerrilla. La solución consistiría en trasladar la población a una zona más llana para “protegerla” de futuros ataques terroristas. En el citado congreso de Transformación Urbana también se anunció que Sirnak y Hakkari serían reemplazadas como capitales provinciales por Cizre y Yuksekova, respectivamente.
 
Respecto a estas dos ciudades y a las de Baglar, Kayapina, Cukurca, Kiziltepe e Idil, el decreto gubernamental del 11 de abril señalaba explícitamente que las expropiaciones forzosas se realizaban para construir nuevos puestos de seguridad policial, una medida que se complementa con la también reciente creación de otras 15.000 plazas de policías especializados en la lucha antiterrorista, término con el que oficialmente se hace referencia a la guerra no declarada que ya dura más de tres décadas contra el PKK.
 
De acuerdo con lo manifestado por periodistas locales, el objetivo final consiste en acabar con estos reductos de apoyo al HDP y a la guerrilla desplazando a la población de su entorno natural y convirtiendo a estos desplazados en indigentes que después serían rescatados por el Estado reasentándoles en nuevos núcleos urbanos bajo su estricto control. Se da la circunstancia de que buena parte de estas familias desplazadas ya tuvieron que abandonar sus aldeas en zonas rurales debido a la campaña de limpieza étnica lanzada por el Ejército a mediados de los años 90, encontrando refugio en las ciudades kurdas de las que ahora vuelven a ser expulsadas.
 
No es, por lo tanto, la primera vez que en Turquía se utilizan este tipo métodos para acabar con el problema kurdo, pero sí es la primera vez que la posición del Gobierno se acerca a las propuesta realizadas en aquellos años 90 por la extrema derecha turca –el MHP- para “encerrar” a los núcleos de población simpatizantes de la guerrilla en unas “aldeas estratégicas” similares a las puso en marcha EEUU durante la guerra de Vietnam.
 
No tiene otra explicación la estrecha alianza existente en estos momentos entre el MHP y el AKP de Erdogán en un plan que comienza a parecerse peligrosamente a los desplazamientos en masa de la población kurda llevados a cabo por Sadam Husein en los años 80 o a la conversión, bajo el régimen jomeinista de Irán, de las provincias kurdas en una gigantesca prisión con millones de personas. En todo caso, se trata de métodos de limpieza étnica que se están aplicando dentro del mismo ámbito político –la Alianza Atlántica- que España y el conjunto de la Unión Europea comparte con Turquía.
 
 
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