jueves, 12 de mayo de 2016

Entrevista al comunista revolucionario portugués Francisco Martins Rodrígues (1ª PARTE)



“El sistema capitalista no va a evolucionar, ni va a desaparecer por sí mismo, ni entregará el poder, la única perspectiva que existe es su derrocamiento por la fuerza”
 
Francisco Martins Rodrígues es director de la revista comunista portuguesa Política Operária. Por su intensa actividad contra el fascismo fue encarcelado por la PIDE, la policía política de la dictadura portuguesa, cinco veces, con un total de doce años de cárcel. Fue uno de los célebres militantes comunistas fugados de la prisión de Peniche en enero de 1960.
 
Desde muy joven, participó activamente en la lucha por las libertades y el socialismo. Formó parte de la Comisión Ejecutiva del PCP entre 1961 y 1963. En ese mismo año, abandonó el partido, participando en la creación del Comité Marxista-Leninista Portugués, y del Frente de  Acción Popular. Tras el 25 de Abril contribuyó a la fundación de la Unión Democrática Popular (UDP), y posteriormente del Partido Comunista Reconstruido (PCR). En 1983 impulsa Política Operária.
 
Ha publicado diversos ensayos políticos, entre los que destacamos “Anti-Dimitrov. 1935-1985  meio século de derrotas da revolução” (1985); “O futuro era agora. O movimento popular do 25 de Abril” (1994); “Abril traído” (1999). Autor de docenas de artículos de opinión, gran amigo de la izquierda independentista galega, colabora asiduamente con la publicación periódica de Primeira Linha, Abrente, además de haber participado en las VI y VIII Jornadas Independentistas Galegas también organizadas por nuestro partido.
 
Primeira Linha en Rede, adelanta el contenido íntegro de la entrevista realizada por el camarada  Carlos Morais en Lisboa el pasado día 25 de agosto, y que forma parte del libro que bajo el título “O comunismo que aí vem” va a publicar Abrente Editora el próximo mes de noviembre. La entrevista es un documento de gran interés histórico y político para comprender algunas de las claves y significado del 25 de Abril portugués, como la historia y actualidad del movimiento revolucionario en Portugal, a través de uno de sus más cualificados protagonistas y teóricos.
 
Traducción al español realizada por Belém Grandal.
 
Naces hace 76 años, en 1927, en Moura, en el Alentejo. Cuál es el origen social de tu familia?

De la pequeña burguesía, mi padre era  oficial subalterno del ejército. Mi madre era hija de pequeños propietarios en Moura. Mi padre fue expulsado del ejército por ser opositor. Tuvieron seis hijos y hubo un agravamiento general de la situación económica en la familia. Tuvieron que emigrar para Lisboa cuando era aún muy joven. Mi padre encontró un empleo, mi madre estaba en casa con los hijos. Una vida con bastantes dificultades.
 
Estudiaste en Moura?
 
No, me vine con siete años para Lisboa. Estudié hasta los dieciséis años, cursé el antiguo sexto año del instituto, sin finalizar, y después me empleé en una librería. Fue el primer empleo que encontré, ahí estuve durante cuatro años. Más tarde fui a trabajar a la TAP como aprendiz de mecánico porque quería cambiar de profesión.
 
De qué año estamos hablando?
 
En el 48 fui a trabajar a la TAP, dónde estuve dos años. Fui encarcelado por la PIDE  por primera vez y expulsado de la TAP, a partir de ahí comencé mi vida más militante.
 
Ya tenías alguna vinculación orgánica con el PCP?
 
No. No se comenzaba nunca por el PC. Se comenzaba por las organizaciones periféricas. Había una organización de la juventud que se denominaba el MUD Juvenil, el Movimiento de la Unidad Democrática Juvenil. L@s jóvenes eran enviados allí, por lo tanto, me vinculé a ese movimiento y comencé a desarrollar mi militancia. Todo estaba bajo las directrices del partido.
 
Qué tipo de actividades llevaban a cabo?
 
Sobre todo de agitación. Pegar carteles, distribuir propaganda, pedir la amnistía para los presos políticos … A mi me detuvieron justamente porque en el MUD Juvenil decidimos realizar una concentración en la Avenida da Liberdade a  favor de la paz, contra la OTAN, pues Portugal había entrado en la OTAN. Realizamos la concentración y la PIDE estaba allí y detuvo a toda la gente. Estuve preso tres meses tras los que quedé en libertad.
 
Cuál era la capacidad de convocatoria?
 
Era pequeña, unas pocas decenas. Solamente conseguíamos desafiar a la policía. Era necesario tomar una actitud, era preciso reaccionar. El partido orientaba eso y tenía una preocupación grande en desarrollar una campaña contra la guerra, contra el peligro de una guerra atómica. Estábamos intentando sensibilizar a las personas y tenían que ser actos que llamasen la atención. No logró grandes resultados, porque la policía tenía la escuela de Salazar. La policía iba deteniendo a los grupos de personas cerca de la estatua a medida que iban llegando. Ni siquiera llegó a causar alguna alarma. Fue mi primera detención y prisión, y como además el empleo que tenía en la TAP era del Estado fui expulsado de la empresa.
 
Cómo fue el trato policial durante los tres meses de detención?
 
No fue muy malo. Estuve preso en Aljube. En ese tiempo no había integración con los prisioneros de delitos comunes. Antiguamente iban directamente a las comisarías de la policía. Nos llevaron para el Aljube que era la prisión de la PIDE y estuve allí unos tres meses. Estuve cerca de un mes en la celda de aislamiento. Era la principal forma de presión, aquellas celdas individuales que llamaban cajas. Y llamado al interrogatorio de la PIDE con cierta frecuencia, oíamos gritos, pero tortura propiamente, agresión, no hubo. En ese tiempo a los iniciados, a los más jóvenes la policía no les aplicaba el mismo trato que a los clandestinos, a los militantes ya conocidos por la PIDE. Consideraban que eran jóvenes aún un poco desnortados, y que era necesario comprobar si era posible su recuperación. Pero el contacto con los  otros presos del partido que allí estaban aún me entusiasmó más para proseguir.
 
Después de esta primera detención cuál fue la reacción de la familia?
 
Mi familia ya sabía que yo tenía militancia antes de estar preso. Estaba muy asustada, me suplicaban que dejase todo eso, que quedaría sin empleo. También porque mi hermano mayor ya había estado preso antes. Había estado preso por realizar unas pintadas en las paredes. Estuvo dieciocho meses en la prisión. Salió muy mal, quedó mentalmente deteriorado para toda la vida. Eso causó un traumatismo muy grande, sobre todo en mi madre. Estaba con recelo por si pudiera suceder lo mismo conmigo. Yo fui a visitarlo a la cárcel, para mi fue una cierta iniciación. Quise seguir el camino. No fue sólo por eso, pero tuvo un cierto efecto en mi. Mi familia vivía aterrorizada, andaba escondiendo libros, mi madre llegó a quemar papeles. Me enojaba con ella. Las personas vivían con terror “si viene la policía esto va todo aguas abajo”.
 
Sales de la prisión y encuentras un empleo
 
Así es. Fui preso en el año 50. Salí en marzo del 51. Encontré un empleo que era muy precario, con un mecánico de frigoríficos. Ganaba a comisión en una tienda que vendía frigoríficos. Pero duró solamente tres meses, de nuevo volví a militar en el MUD Juvenil. Como no había hecho ninguna declaración en la policía, me ofrecieron más responsabilidades, ¡claro!, y por lo tanto no tenía tiempo para nada. Me propusieron y yo acepté pasar a ser subsidiado por el MUD Juvenil para estar a tiempo completo. En el verano del 51 comencé a tener actividad a tiempo completo. Hubo en ese año 1951 unas elecciones a la Presidencia de la República. Fue presentado un candidato democrático, que era el profesor Rui Luís  Gomes. Claro, ya se sabía que las elecciones eran todas falsificadas, pero se aprovechaba para hacer propaganda durante aquel mes.
 
Cuándo se produce tu entrada en el PCP?
 
Fue precisamente en ese momento. Entro al PC, pero continúo a ser públicamente afiliado al MUD Juvenil, liberado del MUD Juvenil, llego hasta la Comisión Central. Los contactos en el partido eran muy espaciados, muy restringidos, en aquello que llamaban una fracción. Había un funcionario del partido que se reunía con un comunista del MUD Juvenil, en este caso era yo, con otro comunista del movimiento de la paz, con otro comunista del MND, el Movimiento Nacional Democrático -una fracción donde se reunía los comunistas que trabajaban en los frentes legales del partido. Eran unas reuniones muy esporádicas para evitar que pudiésemos ser detenidos y fuese vinculado el partido con esas organizaciones que se pretendían legales.
 
El MUD Juvenil siendo una organización impulsada por el PC, tenía otros sectores, de la burguesía liberal, o eran básicamente jóvenes sin cualquier vinculación a otras tendencias políticas?
 
 Inicialmente el MUD Juvenil fue el resultado de un acuerdo del partido con respublicanos y socialistas. Mario Soares  fue uno de los fundadores. Comenzó la Guerra Fría, comenzó la gran represión y toda esa gente abandonó. El MUD Juvenil comenzó teniendo veinte mil militantes en todo el país. Fue un éxito extraordinario en aquel ambiente del fin de la guerra y del convencimiento de las personas de que el fascismo iba a acabar. Cuando esas ilusiones desaparecen, cuando el ambiente cambió, aquello quedó sólo formado con jóvenes con simpatías comunistas.
 
Tu eras liberado del MUD Juvenil. Quién financiaba el movimiento, el PC?
 
No, el MUD Juvenil tenía medios propios, tenía su organización autónoma, sus fondos. Pulido Valente que yo conocí en ese momento, era uno de los militantes encargados de recoger fondos. Como era médico, de familia rica y conocía a muchos médicos, me llevó a los consultorios de aquellos médicos demócratas, gente de clase: “Vengo aquí a buscar una cuota”.
 
Me detuvieron otra vez a principios del 52, como dirigente y liberado del MUD Juvenil, porque hubo una reunión de la OTAN en Lisboa, en el Instituto Superior Técnico. La gente decidió hacer campaña, fuimos a realizar unas pintadas en las paredes del Instituto, editamos panfletos contra la reunión de la OTAN. La PIDE recogió huellas del sitio donde realizé los panfletos y me fueron a buscar a casa. Otra vez tres meses preso. Fue más o menos el mismo esquema, “Nunca tendrás cabeza, ahora vas al Tribunal”. Pero no fui, me otorgaron de nuevo la libertad condicional. Aquello también era una fantochada, obligado a presentarse cada quince días en la sede de la PIDE. Si no te presentabas no sucedía nada. Pasados seis meses, en noviembre de ese año 52, me apresaron de nuevo, por  hacer campaña contra la llegada a Lisboa del general Ridgway, el criminal de guerra bacteriológica en Corea. Para ellos era fácil porque yo continuaba a vivir en casa de mis padres. También un asunto de panfletos, yo siempre fui un gran agitador, hacer panfletos era mi responsabilidad. El trabajo fue realizado en una imprenta que quedaba en la calle de la sede de la PIDE y fui detenido.
 
Buen sitio!!
 
Pero yo no fui allí a buscar los panfletos. El dueño hacía panfletos para la oposición, pero hubo un empleado que me denunció a la PIDE. Estuve dos, tres meses preso por este motivo de la impresión de estos panfletos del MUD Juvenil. Ellos no sabían exactamente que responsabilidades yo tenía. Ya que yo no hacía declaración alguna. Nuestro programa era: “ Soy militante del MUD Juvenil, que es un movimiento legal y patriótico de la Juventud portuguesa, no tengo ninguna declaración que realizar”. Punto final.
 
El MUD Juvenil era legal en aquel momento?
 
El MUD Juvenil defendía su legalidad, había comenzado por ser legal. Era alegal. Estábamos recogiendo firmas para la paz en una gran campaña lanzada a raíz de la guerra en Corea. Íbamos a los barrios a recoger firmas a favor de la paz. En Francia era una cosa, pero en Portugal muchos jóvenes iban presos porque llamaban a las puertas de las casas: “¿No quiere firmas esto?”. “¿Pero esto está autorizado por el Gobierno?”. “No, esto es sólo para la paz, no es política”. Mucha gente firmaba, pero había personas que telefoneaban a la policía. ¡¡Una chica fue detenida con muchas firmas!! Hubo muchos jóvenes que fueron detenidos.  Yo también estuve en esa. Pero la prisión fue por los panfletos.
 
De manera que después de esa tercera prisión decidimos que no podía continuar en casa. Salí de casa con gran sufrimiento de mi madre, y pasé a vivir en habitaciones con nombres falsos, por Lisboa, y a desarrollar mi actividad normal, sólo que evitaba ir a la Baixa [comercial barrio histórico lisboeta], no se podía andar en los cafés. Andaba preparando la clandestinidad. Aquella era una fase de transición. El MUD juvenil consiguió seguir manteniendo actividad. Yo fui a reuniones a Marinha Grande, por ejemplo. Tenía allí un núcleo muy bueno de jóvenes, casi todos obreros, también en el Algarve, en Porto; en el Alentejo crearon núcleos de asalariados agrícolas. Estaban por lo tanto haciendo un trabajo que, yo creo, era interesante para intentar crear una raiz proletaria. Y era la orientación del partido. Dejar de ser aquel movimiento inicial que era muy estudiantil y pasar a ser un movimiento con raíces en la juventud trabajadora.
 
En el año 53, continuaba con esa actividad y el partido decidió que yo debía ser liberado. Pero tenía un problema, estaba enfermo de los pulmones, era tuberculoso, y además era algo crónico, y con los dos últimos encarcelamientos la enfermedad se agravó, estuve en la enfermería del Aljube debido a este problema. Así que decidieron que no podía ser liberado con ese estado de salud, por  lo tanto la primera cosa que debía llevar a cabo sería un tratamiento serio, de manera que a través de un médico que trabajaba para el partido consiguieron mi internamiento en el hospital y allí estuve durante nueve meses internado. Buena parte del año 54 estuve internado en el hospital.
 
Fue un buen tratamiento, y salí curado en octubre del 54. En ese momento tenía relaciones con una chica que también era del MUD Juvenil y que había estado presa dos veces. Habíamos  pensado casarnos. La dirección del partido decidió acelerar todo ese asunto, y tras salir del hospital nos llevaron a sitios escondidos, fuera de la ciudad.
 
Estuvieron conversando con distintas personas, con ella sobre todo para convencerla que se casara y viniera conmigo a la clandestinidad. Ella no era comunista, no era del partido, y no era su intención, aunque ya hubiese sido detenida y presa dos veces y fuese muy activista del MUD Juvenil. Hubo algo de chantaje, nos casamos y vino conmigo, marchamos a una casa del partido que alquilamos en una aldea de los alrededores de Lisboa. Pasé a una nueva fase.
 
En el MUD Juvenil estaba siempre siendo perseguido, había prisiones, pero la gente convivía bastante, hablábamos unos con otros. Aquellas reuniones del MUD Juvenil eran muy agitadas y había mucha discusión. En el partido aquello fue como caer en un pozo. Había un aislamiento muy grande por razones conspirativas y por la propia manera de funcionamiento del partido.
 
Yo y mi compañera estábamos en una casa que sólo nuestro controlador conocía. Yo estaba encargado de reunirme con jóvenes que estaban en el MUD Juvenil. También comencé a tener contactos con intelectuales del partido. Pero eran reuniones muy espaciadas, muy secretas, con muchas cautelas. Las posibilidades de discusión, de contactos, eran reducidísimas. Los liberados no podían aparecer em plena luz del día, venían de noche, no podían ir en transportes públicos. Si tenían que trasladarse en la ciudad era sólo en taxi,  o a pie por sitios discretos, todo muy secreto.
 
Y mi compañera quedaba allí en casa. Para evitar los peligros de localización de las casas estaba programado de tal manera que yo podía estar quince días o tres semanas cerrado en casa, y después salía una semana para ir a varios sitios, después  regresaba de nuevo, para evitar muchas idas y venidas. Para mi compañera, durante esa semana que quedaba sóla, era muy estresante (lo que Ana Barradas habla en las Clandestinas, sobre todo para una persona que se había sentido, en cierta manera, empujada. Iba hasta allí el controlador, a casa,  para llevar a cabo unas discusiones políticas con nosotros.
 
Ella realizaba los trabajos con la máquina de escribir, se pasaban a máquina las noticias de Radio Moscú, papeles del partido. En el año 56, nosotros estábamos en una imprenta del partido, aquí en Lisboa. Éramos cinco en una casa imprimiendo los materiales del XX congreso del PCUS. Aquello dió lugar a una cierta discusión. Yo quedé con ciertas dudas, pero confieso que acepté. Pero Carreira, secretario de la célula, un antiguo obrero de Marinha Grande, era de ojo más vivo, comenzó a oler aquella conversación a social-democracia. Pedimos una discusión con la dirección, fue Fogaça a discutir con nosotros, era un elemento del Comité Central, y nos explicó que el viraje del XX Congreso era bueno.
 
A continuación apareció en los periódicos el relatorio secreto de Kruchev. “Eso es todo mentira, no crean en eso, no existe nada de eso”. Hubo así una serie de agitaciones. A principios del año 57 me apresaron de nuevo en una calle de Lisboa, por la noche, en un encuentro, entregado descaradamente por un provocador infiltrado en el partido.
 
Es la cuarta prisión
 
Sí, es la cuarta vez. Y a mi compañera la apresaron en casa. Nunca se llegó a saber como eso había sucedido, pero debíamos estar localizados. Ellos ya sabían o calculaban que yo era liberado del partido, pero no me dieron un trato violento. Estuve mucho tiempo en aislamiento en las celdas, muchos interrogatorios, y tras un año fui al Tribunal en el que me impusieron tres años más las medidas de seguridad, que era aquel régimen,  y tras finalizar la pena impuesta iría de nuevo ante el juez y si éste consideraba que no estaba “recuperado para una vida honesta”, continuaría con medidas de seguiridad de seis meses a tres años más.
 
Intenté hacer un discurso político que era la norma en el tribunal, pero la policía me sacó de la sala. El juez colaboraba con la policía, una fantochada, llenaban la sala con pides fingiendo que era la asistencia. Sólo dejaban entrar a media docena de personas de la familia de los presos y después el resto eran todo pides, no dejaban entrar a nadie más para asistir al juicio. Tras ser condenado fui para el fuerte de Peniche. Aljube, Caxias, Peniche, era el recorrido.
 
En Peniche conocí por ese entonces a una serie de dirigentes del partido que tuvieron una cierta influencia en mi: Álvaro Cunhal, Chico Miguel, Jaime Serra, y otros…
 
Estábamos en un ala nueva que ellos habían construido, de máxima seguridad, donde pusieron a Cunhal, sólo dirigentes del Partido y no sé por qué yo estaba y cuatro más que no formábamos parte de la dirección del partido, eran liberados pero no pertenecían a la dirección. Los otros siete u ocho eran dirigentes permanentes que pasaban la vida en la clandestiniidad y en las cárceles, salían y entraban. Chico Miguel ya había cumplido veinte años de cárcel. A pesar de que el régimen era muy severo y de la gran vigilancia que existía, había posibilidades de discutir temas, de pensar, y creo que fue en ese momento que comenzó un poco a germinar mi insatisfacción con el partido, con la línea del partido, porque aquello no tenía nada que ver con el leninismo. No puse problemas de manera que hubiera cualquier tipo de conflictos, pero comencé a cuestionar muchos temas en ese momento.
 
En la prisión teníais reuniones, discusiones, formación…
 
Estábamos en celdas individuales, era el régimen de prisión celular, y  los contactos eran muy controlados porque los pides precisamente decían: “Peniche es vuestra universidad, no queremos aquí universidades”, intentaban controlar lo más posible para que los más viejos no transmitiesen a los más jóvenes. Íbamos todos juntos al comedor, pero no nos dejaban hablar. Íbamos al recreo, que era una hora al día, y ahí ellos no podían impedir que la gente hablase. Íbamos en grupos de dos, unos andábamos para un lado, otros para otro, y el guardia intentaba oír las conversaciones todas. Y teníamos unos pequeños trabajos para realizar, pelar patatas, cargar leña, con las que también conversábamos. Otros trabajos no aceptábamos. La ley de prisiones era que los “criminales” se debían regenerar por el trabajo, pero la gente no aceptaba.
 
Peniche era la prisión política más dura
 
Peniche es una fortaleza antigua, a orillas del mar, a medio camino entre Lisboa y Coimbra. Instalaron allí una prisión que durante el fascismo fue siempre usada como prisión para los políticos. Sobre todo para los que tenían penas más largas. Cuando eran peras correccionales de hasta dos años no iban a Peniche. Podías estar preso hasta seis meses sin ningún tipo de juicio; en caso de reincidir podías ir a un tribunal, y condenado a un año, 18 meses, hasta dos años, era la pena correccional y quedaba en Caxias. Si pasaba a ser un  incorregible, un “profesional”, entonces si la condena era de más de tres años iba a Peniche. En ese momento tenía cien presos, no había mucha gente. Nosotros en nuestra ala éramos sólo doce, trece… Las alas estaban separadas unas de las otras y la fuga fue del ala donde yo estaba. Hubo tres que no vinieron.
 
La fuga fue el 3 de enero de 1960
 
Exactamente.
 
Cómo fue organizada? Los objetivos eran sacar de la prisión a Álvaro Cunhal y a otros dirigentes del PCP
 
Cunhal, Chico Miguel sobre todo, dos dirigentes históricos del partido. Aquello fue, claro, preparado con gran secreto. En Caxias hubo presos que hablaron con GNRs que estaban de guardia. Caxias era una prisión de la PIDE, administrada por los propios pides, pero era un gran desastre.
 
Los presos tenían la posibilidad de hablar con los GNRs, cosa que en Peniche era imposible, y comenzaron a hablar con un tipo sobre la posibilidad de ayudar a Cunhal a salir de la cárcel. Quedaron con el contacto, un funcionario de fuera buscó a alguien y comenzó a tener conversaciones con él, negociando el dinero que quería. Se aguardó al momento oportuno, eran colocados un mes en Caxias, después de un mes a Peniche… Le fue entregado el frasco con cloroformo que por una ventana pasó a dentro de la celda neutralizando al guardia que con nosotros estaba. Estábamos sólo doce, trece hombres…, con un guardia, el que facilitó las cosas.
 
El GNR no sabía que saldría tanta gente, pensaba que sólo era Cunhal y quedó sorprendido, pero tuvo que llevarse a todos. Fuimos cerca de un torreón del fuerte y descendimos por sábanas hasta abajo, saltamos un muro, llegando de noche hasta el pueblo, a oscuras, aquello estaba mal iluminado, nadie vio nada. En el pueblo había unos coches esperándonos y nos vinimos a Lisboa con calma. Todo se desarrolló perfectamente. Sólo se percataron a la hora de cambio de guardia, a las 9 de la noche. La fuga fue entre las siete y media y las ocho, en invierno, ya estaba oscuro. Encontraron al guardia atado y nosotros ya habíamos desaparecido. Salieron noticias en los periódicos, a pesar de que no solían hablar de eso y se distribuyeron nuestras fotografías por todas las comisarías de la policía.
 
Cuántos os fugasteis?
 
Nos fugamos diez presos, además del guardia. Pasados unos meses detuvieron a Chico Miguel intentando pasar la frontera. Intentaban detener a Cunhal, pero no lo consiguieron, después llegó hasta la Unión Soviética. La dirección del partido decidió que aquellos que habían huido, por esa gran búsqueda de la policía, debían estar ocultos un tiempo para no ser presos de nuevo, lo que sería una derrota. Me enviaron a una imprenta del partido, otra vez, en la periferia de Lisboa, próximo a Carnide. Una vivienda pequeña, en donde vivía un matrimonio con una niña que también trabajaba. Estuve allí casi un año encerrado, encerradísimo, no podía ni siquiera asomarme a la ventana, ni ser visto, ni oído, porque nadie debía saber que yo estaba dentro de la casa. Imprimí panfletos, ya había aprendido a componer, todo se hacía al modo antiguo.
 
Esas temporadas de clandestino cerrado en una casa eran muy duras al no tener relación prácticamente con nadie, salvo con los de casa.
 
Yo ahora, mirando atrás no creo que fuese algo muy duro porque estaba mentalizado para esto. La preocupación permanente era evitar ser localizados por la policía, evitar la caída de las casas del partido. Había una gran preocupación en cumplir las reglas. Estábamos en un ambiente  muy militante por lo que no sentí que fuese una cosa muy dura. Estaba separado de mi compañera, ella estuvo más de dos años presa. En ese momento ya había salido, tuvo un hijo en la cárcel, el niño estuvo allí hasta cumplir los dos años, después fue obligado a salir para permanecer con sus abuelos. Cuando cumplió la pena, vino para casa con el niño, pero yo estaba alejado de ella, claro. Fue más tarde cuando volví de nuevo a reunirme con ella.
 
Para mi lo más duro en esa vida era la ausencia de debate, reuniones casi exclusivamente ocupadas con asuntos conspirativos y organizativos. Teníamos muchas dificultades económicas, nos daban cierto dinero como salario o no, depende, se comía mal, sobre todo para las compañeras de las casas de como debían administrar aquel dinero para llegar hasta fin de mes. Lo que podía haber quedado con algo traumático de esos años, para mi, fue el andar en la calle, aquella sensación de siempre ser seguido, si sería localizado, la responsabilidad de los encuentros con los camaradas. Acabas interiorizando aquella preocupación.
 
Después de esto, me enviaron al Comité Local de Lisboa. En mayo de 1961 fui cooptado como miembro suplente del Comité Central. Poco después continué con tareas de responsabilidad en la margen sur. Caía un liberado e iba a sustituirlo. Había que cambiar de casa de repente, porque había sospechas de la localización por parte de la policía. Así andaba todo, con contínuos cambios de vivienda. Eran muchas energías desgastadas en la defensa de la propia clandestinidad, eso era un peso tremendo para el partido que tenía decenas de liberados por todo el país. Aquello era un gran engranaje diabólico para evitar ser detenido por la PIDE.
 
En fin, en el año 1961 hay un gran golpe policial en la dirección del partido, son presos una serie de dirigentes, todos el mismo día, por razones que desconozco. En enero soy convocado de emergencia para ir a la Comisión Ejecutiva del Comité Central, así de manera inesperada.
 
Era el máximo organismo en el interior del país?
 
Lo máximo era el Secretariado, dos en el exterior y uno aquí dentro.  Este en el interior era Blanqui Teixeira que a su vez formaba con dos más la Comisión Ejecutiva orientando al partido en el interior. Esta  Comisión Ejecutiva estaba formada por Blanqui Teixeira, Alexandre Castanheira, y yo, esto en el 1962 y parte del 63.
 
Fue una sorpresa para ti entrar de repente en ese organismo.
 
Fue, y protesté. Fue Días Lourenço quien vino a hablar conmigo. Yo dije que era un absurdo, “yo no tenía rodaje”, “experiencia suficiente”. “No, tienes que estar tranquilo, tienes que tener confianza en los camaradas, ellos si confian en que puedes, es porque puedes”. Era una situación de emergencia, fue una cosa muy infrecuente, casi al mismo tiempo detenían cinco o seis dirigentes centrales del partido, y dos o tres liberados más. Parece que llevaban coches con matrículas falsas, y que la policía tendría localizadas en las instalaciones del Registro de automóviles dichas matrículas. Fue lo que se dijo: cogió un coche y luego los otros. Bueno, de hecho el partido fue auténticamente decapitado a fines del 61. ¿En esa situación, que iba a decir yo? “De acuerdo, paciencia”. Pero aquello duró pocos meses.
 
La Comisión Ejecutiva tenía que tratar de todo el país, se dividía en tres partes, cada una trataba de una parte. Yo tendría que reunirme con el Comité Regional de la margen sur del Tajo, con otro de los alrededores de Lisboa. Pero siempre con reuniones muy espaciadas, de más de un mes, o incluso dos meses, con una discusión política muy restringida y una discusión de la situación organizativa -como están los liberados, como está la defensa, como están los fondos-, muy desarrollada, muy pormenorizada.
 
Uno de esos tres ejercía de hecho de Secretario  General en el interior. Cunhal estaba fuera.
 
Blanqui Teixeira era el elemento preponderante de esa Comisión Ejecutiva, él era quien dirigía, quien recibía el contacto de fuera. Nosotros éramos sus ayudantes.
 
¿Vosotros en la práctica marcábais la línea y la orientación política del partido del día a día, o venían todas las orientaciones del exterior?
 
Si, nosotros marcábamos la línea. Venían pocas orientaciones del exterior, eran ideas generales, las vinculaciones con la Unión Soviética, los problemas internacionales. El interior tenía que ser resuelto por el interior que era quien tenía el conocimiento de estos temas: escribir los manifiestos del partido, tratar del Avante-yo durante un tiempo trabajé en la redacción del Avante, había un núcleo que escribía el Avante, tenía que asegurarse que el Avante saliese a la calle en el momento indicado, siempre con la línea del partido – y problemas que surgían en la lucha de masas a las que el partido tenía que dar respuesta. Hubo en ese período, en el año 62, una manifestación del primero de Mayo en Lisboa, en que el partido tuvo un papel importante. Una manifestación combativa, con choques con la policía, algo fuera de lo normal.
 
Antes de entrar en la Comisión Ejecutiva, en los años 60 y 61, había comenzado a escribir cartas al Comité Central, a poner los problemas que había estado más o menos a “maquinar” en cuanto había estado preso, básicamente referidos a la idea de la necesidad de apoyo que la clase obrera necesita de la burguesía republicana, porque “sin eso no se va a ningún lado”. Por lo tanto el problema de la alianza obrero-campesino era teórico. Había un trabajo agrario, si, pero en los asalariados rurales del Alentejo, que eran proletarios. Pero bien, aquella idea de la alianza del proletariado con el pequeño campesinado nunca pasó a la práctica, porque era muy difícil.
 
¿Te refieres al campesinado del Centro y del Norte?
 
Si, y del Algarve. En todo el país había un campesinado enorme bajo la influencia de la Iglesia y que era un apoyo a la dictadura. Yo cuestionaba que el partido no seguía la línea leninista. Criticaba que el partido hablase de un levantamiento nacional con el  apoyo de los oficiales patriotas como señal para un golpe de estado. El partido no defendía la insurrección popular armada. Y después el problema de la guerra colonial comenzó en el año 1961. Ya hable de eso, ciertamente. Cuando comenzó la guerra colonial, me encargaron escribir, lo envié a la imprenta, pero no se llegó a distribuir porque decían que era “demasiado rojo”, hablaba de hacer un llamamiento a los obreros, agricultores, soldados para contribuir a que nuestro propio gobierno fuera derrotado en la guerra colonial, aquel llamamiento leninista. Retiraron el manifiesto. Hubo una discusión, que en el manifiesto no estaba el espíritu del partido, que era hacer un llamamiento a todas las fuerzas patrióticas para poner fin a la guerra. El partido, a pesar de se el más a la izquierda que había, inicialmente tuvo una posición vacilante sobre la guerra colonial, con miedo, precisamente de aislarse de los demócratas. Había una campaña histérica contra los “terroristas” de Angola, que mataron a una serie de colonos, y los demócratas acababan de alinearse. Los demócratas tenían miedo de ser perseguidos por la PIDE y el partido tenía miedo de aislarse de los demócratas. Acaba por ir todo en el mismo cortejo. Pero, en fin, el partido defendía la independencia, era la única fuerza que defendía eso, pero en términos solamente de demócratas moderados.
 
La historia de ese manifiesto que fue rechazado, escribiendo después Cunhal otro, me marcó bastante porque sentí claramente que esta era una línea diferente. “Si estos tipos creen que esto no puede pasar, hay algo que aquí no encaja”.
 
Pero poco después ya eras miembro efectivo. ¿No exponías tus críticas en las reuniones del Comité  Central, o es que no había reuniones?
 
Tuvimos dos reuniones en tres años. Asistían alrededor de diez personas, nunca iban todos los que estaban dentro. Por un lado estaban los de fuera y los que estaban aquí dentro nunca asistían todos como medida de protección. Esta situación ejercía una gran limitación a cualquier discusión. Expuse ahí ciertas cuestiones que no tuvieron ninguna respuesta y dentro de la Comisión Ejecutiva, ya no por carta, exigí un debate sobre la línea del partido. Había mandado un número importante de cartas, seis, siete, ocho…, que no habían tenido alguna respuesta. Hubo un investigador que estaba realizando una historia del PC que me dio una copia de una de esas cartas que encontró en la Torre del Tombo.
 
Se llevó a cabo en aquel momento una reunión especial de la Comisión Ejecutiva para discutir. Primero era sobre China, yo decía que los camaradas chinos decían cosas muy acertadas, y ¿cuál era el motivo de que la gente estuviera en contra de ellos? Cunhal, desde el exterior, había enviado un documento para publicar lo que era una crítica, sin citar ninguna crítica a China y un alineamiento incondicionnal con la Unión Soviética:  “Aquellos que quieren provocar la guerra atómica están locos”. Era una indirecta a  China y a Mao-Tse-Tung.
 
¿Cuál era tu vía de contacto con las posiciones de China?
 
A través de radio Pequín. Leían aquellos documentos íntegros, no era nada propio de un programa de radio, “Continua mañana”, era una cosa increíble. El primer documento se llamaba Viva el Leninismo, que me influenció bastante, el otro eran las Divergencias entre el camarada Togliatti y nosotros, para debatir con los italianos, las divergencias entre el camarada Thorez y nosotros, para debatir en el PCF. Aquí había un gran respeto por el PCF que proporcionaba apoyo al partido portugués. Pero la crítica de los chinos acertaba en todo, comenzaba haciendo historia de las posiciones chauvinistas del partido francés, el cambio de rumbo de Tito en Yugoslavia hacia el  lado Occidental y de ahí hacia el exterior. Fue como si me diesen un golpe en la cabeza.
 
Acabó por haber esa discusión con los otros dos de la Comisión Ejecutiva. Estuvimos un día entero, partiéndonos la cabeza, y no llegamos a ninguna conclusión. Sólo sirvió para sentirme más distante con los argumentos que ellos exponían. “La insurrección en la revolución antifascista es absurdo”. “Primero tenemos que ir hacia la democracia, después el partido se legaliza, siendo legal hace propaganda, va a crecer, hoy en día ya se puede pensar en un cambio pacífico al socialismo”.
 
Ahora ya no defendían el derrocamiento pacífico del fascismo. El partido llegó a defender eso, cuando Cunhal estaba preso, el PCP lo defendió, enfeudado al partido español, el distanciamiento pacífico de Salazar. Aquello fue una desgracia total, el partido perdió mucha gente. Cuando Cunhal salió criticó eso, que era una línea derechista, pero en la perspectiva de llevar a cabo el levantamiento con los militares patriotas, y de la entrada en la democracia burguesa y “después óptimamente dispuestos a avanzar pacíficamente al socialismo”. Toda la discusión fue centrada en ese punto, no se llegó a ninguna conclusión. Yo vi que no había ninguna hipótesis y ellos se quejaban: “Tenemos tantos asuntos para resolver y estamos perdiendo el tiempo con estos debates”. Posteriormente comunicaron que el camarada Cunhal había dicho que debería ir yo a Moscú, para ver la Unión Soviética, porque estaba lleno de incomprensiones y tenía que clarificarlas.
 
¿Tus contactos con Cunhal sólo habían sido en la cárcel?
 
Sí, en la prisión. Posteriormente estuve con él en dos reuniones antes de él salir al extranjero. Una fue para discutir la cuestión de la juventud y la otra y no recuerdo qué discusión. No tenía contactos frecuentes con él.
 
En el verano del 63 decidieron que yo saliese del país, iba a desarrollarse una reunión del Comité Central en el exterior, en Moscú, y yo iba allí, por un lado a llevar un relatorio de la actividad de la Comisión Ejecutiva, por otro lado para discutir mis “incomprensiones”.
 
Pasé clandestinamente la frontera, fui a París, de ahí a Praga y por último a Moscú. Estaba allí Cunhal y Chico Miguel. Fui acompañado de un liberado del partido en el Alentejo y de la hija de otro liberado que iba allí a una escuela de formación del partido. Tenían un aparato de fronteras que funcionaba muy bien, pasé allí cerca de Montalegre. Iba un matrimonio en coche, todo legal, pasaba normalmente, iban a esperarnos a una aldea galega, el pasante, nos pasaba y entrábamos en el coche con pasaportes falsos. A partir de la entrada en España todo era legal. Con sellos. Ese que ellos mataron, el Dias Coelho, era del aparato de fronteras, un artista plástico, una buena persona que conocí en el MUD Juvenil, era liberado del partido, era un artista haciendo sellos, carnets de conducir, carnets de identidad, pasaportes falsos. Si  había quien robara los impresos, él hacía el resto.
 
A  Moscú llegó en el verano del 63. Junio, julio, no sé muy bien, fuimos fuera de la ciudad, en una gran fortaleza en que había residido el camarada Stalin, con guardias armados en la puerta, muros muy altos, allí dentro con viviendas y  una quinta enorme, que nos fue cedida graciosamente por el partido soviético a los camaradas portugueses para realizar su reunión. Me presenté al relatorio de la Comisión Ejecutiva que había sido realizada a tiempo por Blanqui, di las informaciones, después hubo un punto en que discutí divergencias, que no fue muy extenso, yo iba con la expectativa del apoyo de Chico Miguel, que era el hombre más izquierdista del Comité  Central. No apoyó nada, nadie me apoyó, dijeron que yo estaba con ideas equivocadas, que los camaradas soviéticos eran siempre los camaradas soviéticos.
 
¿Cunhal tenía peso en el debate o estaba al margen?
 
Cunhal tenía muchísimo peso. Era indiscutible. Desde que había salido de la cárcel tomó la dirección de todo aquello. Aceptó naturalmente porque era la única persona con un gran bagaje ideológico. Había otro con bastante bagaje que era Fogaça, que estuvo a la cabeza del Comité Central mientras Cunhal estuvo preso. Pero más tarde fue expulsado, era conocido desde hacía muchos años por sus tendencias derechistas. Fue expulsado porque era homosexual. Los otros miembros todos del Comité Central eran hombres de la clandestinidad, muchos de origen obrero, muy duros, muy experimentados en el trabajo clandestino, pero políticamente con poca capacidad.  Cunhal era quien escribía, quien corregía.
 
Después de tres día discutiendo, decidieron que yo saldría de la Comisión Ejecutivia, que quedaba únicamente como miembro del Comité Central, que debía salir del país, quedaría fuera debido a mis divergencias, veían peligro por si pudiera comenzar a realizar alguna actividad de fraccionamiento del partido. Para evitar esto debía quedar fuera. De inmediato, yo debía dar un paseo por la Unión Soviética con Chico Miguel para ver las realidades del socialismo y percatarme de que las cosas no eran como yo pensaba.
 
¿Aceptaste con naturalidad esta decisión?
 
Sí, sí. Creo que estaba esperando esa decisión. No creí que fuese nada extraordinario.  Ellos dijeron: quedas aquí fuera, tu compañera vendrá contigo, no hay ningún problema, rehaces tu vida. Yo ya tenía en ese momento dos hijos. Yo recuerdo decir que no me interesaba estar en el extranjero, que yo quería desarrollar mi actividad en el partido, como ellos sabían muy bien, no tenía intención alguna de realizar cualquier fraccionamiento.
 
“No!, eso piensan las personas, pero después…” Fue entonces que algunos propusieron que yo debía quedar en Moscú siendo secretario de Cunhal, porque él necesitaba un asesor, tenía muchas tareas, muchas cosas. Pero Cunhal dijo que no quería. “El camarada está diciendo que yo soy un oportunista, ahora no quedo tranquilo trabajando con él”.
 
Tras la reunión intenté hablar con Cunhal pero él no lo permitió. En el hotel donde me hospedaba, que era un hotel para los aparatchiks extranjeros invitados. “No, ya discutimos todo lo que se tenía que discutir en la reunión, no quiero discutir nada más”. Me daba papeles de Yugoslavia, de Tito para leer. “Ves, como no es así tan malo como tu piensas”.
 
En Moscú, cuando ellos hablaban de quedar allí, yo fui buscando la embajada china. Los acompañantes no me dejaban sólo nunca, una paranoya. Un funcionario soviético permanente de servicio para cada uno. ¡No me soltaban! Comía conmigo, salía conmigo. Conseguí huir de él, subí al metro y fui hasta la embajada china pensando en huir para allí en el caso que tuviese que quedar en Moscú. Los pasaportes falsos que traíamos habían sido entregados. No teníamos papeles para irnos de momento.
 
Finalmente fui dar una vuelta con Chico Miguel, ver aquellas maravillas, comer en banquetes, pasear, después fuimos al Mar Negro a aquellos sanatorios donde se iban a pasar las vacaciones. Chico Miguel discutía conmigo, pero estaba convertido a los “camaradas soviéticos”. Anduvimos um mes paseando. En octubre vine a Francia, a París. Fui integrado en la organización del partido en París, en octubre o noviembre de 1963. No duró ni un mes. Fui a la reunión extensa, estaban allí una serie de militantes a criticar la  línea del partido a causa de la guerra colonial. Había muchos que huían para no ir a la guerra, que desertaban e iban a Francia.
 
En esta época una parte de la izquierda francesa ya estaba influenciada por las posiciones maoístas.
 
Sí, sin. Más tarde fue aún mucho más. Pero ya había parte de ese ambiente posterior. También el ambiente del guevarismo, Cuba…
 
En Portugal este ambiente existía.
 
Sí, lo hubo. Yo, en el partido lo sentí. Con Cuba hay una cierta proximidad. América Latina… Hubo discusiones a las cuales yo no asistí, decían: “Al final el partiio comunista cubano fue una mierda, no hizo nada, y la guerrilla fue quien derribó al fascismo. La gente debería hacer lo mismo”.
 
Pues en esa reunión de París, también hubo críticas a la línea del partido. Yo capté despúes a un tipo que estaba allí, que ya conocía aquí dentro, de la clandestinidad, que era un oficial del ejército que había huido. Después de la reunión contacté con él y le conté qué sucedía y quedó muy entusiasmado. Comencé a hablar con otros. Fue cuando supe que Rui, Pulido y otros estaban en Argelia y en disidencia con el partido. Les escribimos y abandoné el PCP. Yo aún era liberado del partido y miembro del  Comité Central. Ellos me habían ubicado en una casa que abandoné con algunos archivos y una máquina de escribir. Después fui acusado de haber robado “bienes del partido”.
 
Fui a vivir a una habitación de un camarada y trabajar a una fábrica en París, pero duró poco tiempo. Mientras tanto llegó Pulido y Rui de Argelia y pasé a ser profesional del nuevo Comité Marxista-Leninista.
 
Como fue la fundación del CMLP?
 
Éramos veinte y tantas personas y se formó un núcleo central de cinco o seis. La primera cosa que hicimos fue formar en enero la FAP, el Frente de Acción Popular con la intención de luchar contra la guerra colonial. En marzo formamos el  CMLP y comenzamos a editar Revolucão Popular, que era su órgano.
 
La FAP editó muy irregularmente un modesto periódico que era la Acção Popular, con una orientación más de agitación. La FAP pretendía ser un frente de acción popular contra la guerra y contra el fascismo en aquel medio de los emigrantes portugueses en Francia. Fue la primera reacción en el sentido de intentar involucrar a personas del partido y próximas al partido. No tuvo mucho éxito porque sólo agregó a marxistas que ya estaban en esa posición.
 
Con la impresión del primer número de la Revolucão Popular comenzamos a intentar llevar a cabo esa ruptura con la línea del partido. Los dirigentes del partido en París aún me llamaron, eran dos miembros del Comité Central, enviaron recados porque querían hablar conmigo, hicieron unas intimidacionres para que volviera al partido, que mandarían venir a mi compañera e iríamos todos para Praga, y que yo podía tener una vida tranquila si no quería ser del partido, y demás. Respondía que ni pensaran tal cosa.
 
¿Revolucão Popular era distribuida en los círculos del París o también entraba en Portugal?
 
Algunos eran traídos a Portugal por emigrantes, pero era bastante restringido. Circulaba allí, enviábamos por Correo a domicilios que teníamos, pero una cosa bastante incipiente. La FAP comenzó a echar algunas raíces en Portugal, en el medio estudiantil.
 
Bueno, nosotros comenzamos después a pensar en venirnos para Portugal, porque estar en París hablando mal del PC que estaba aquí en la clandestinidad no era muy correcto. Vino Pulido primero con documentos falsos, haciendo contactos aquí en Portugal pero no tuvo muy buenos resultados. El PC supo, publicó una noticia en el Avante, produjo cierto escándalo: “Cuidado con ellos, andan ahí unos provocadores, Pulido y otro enemiigos del partido”. Por lo tanto la policía se enteró por el Avante que ellos estaban en el interior del país. Mucha gente del partido protestó y condenó ese hecho. Como Pulido no tuvo mucho éxito volvió a París. Después, en el 1965 vinimos él, Rui y yo.
 
Mientras tanto, fui a China y fui a Albania. Aún no había embajada china en París, pero grupos disidentes me ayudaron buscándome un contacto y fui a Berna, a la embajada en Suiza. Estuve un día completo. Me estuvieron haciendo muchas preguntas, el embajador, y a tomar nota de todo. No sabian quien podía ser yo. Ellos eran acosados por muchos provocadores. Allí di todos los datos para saber que yo era el mismo dirigente del PCP, que había salido.
 
Al poco tiempo me enviaron una invitación para ir a China. Fui a China en el verano del año 64, hacía un calor horrible en Pequín, fui muy bien recibido. Muchas conversaciones, estuve allí poco tiempo, porque tenía mucha prisa. No sé si fueron alrededor de quince días o tres semanas. Estaba ansioso por volver a Portugal.
 
Estuve en Pequín, en Shanghai, en Cantón, haciendo visitas a las fábricas. Sobre todo muchas conversaciones, me gustó mucho. Andábamos siempre en debates, en los jardines, en la calle, en todos los lados. Los funcionarios tenían aquello muy sistematizado, estilo chino, las ideas bien organizadas, para todo tienen una fórmula.
 
La historia de la revolución china que yo conocía muy mal, que estaba en el museo, aquello fue de hecho espectacular, impresionante. La historia toda pormenorizada, de las campañas, de la Larga Marcha. Pues bien, fue todo óptimo pero yo quería volver enseguida para Portugal.
 
¿Los contactos con el PCCH a qué nivel estaban?
 
No podría decirte. En una ocasión vino un elemento del Comité Central, no sé quien era. Nunca fue de alto nivel. Porque yo iba nada más como una persona que había abandonado el PCP.
 
¿Ante la ausencia de contactos en Portugal, China apuesta por ti para crear una corriente?
 
Sí, una corriente. Ellos en ese momento estaban claramente a favor de eso. Yo encontré allí belgas, franceses, estaban intentando penetrar en Europa. El PC belga tuvo una escisión, fue el único en Europa en que los pro-chinos ganaron una buena parte, toda la federación de Bruselas rompió con los otros y formaron un nuevo partido, que era cabeza de los pro-chinos aquí en Europa.
 
Sobre todo lo que había que hacer, yo les exponía mis ideas, y los funcionarios daban buenos consejos de que era necesario primero acumular fuerzas para poder intervenir contra la guerra colonial, contra el fascismo. Pero yo estaba con una ansiedad muy grande: ” Salí del PC y ¿ahora quedo en el extranjero a decir que el PC es una gran mierda?”. Ya había visto muchos liberados haciendo lo mismo, estaba con una gran preocupación porque quería pasar a la acción. Por lo tanto fui sólo a organizar el mínimo de condiciones, pasaportes falsos y todo lo demás, para regresar a Portugal.
 
¿Pero antes vas a Albania?
 
Fui a Albania tras ir a China, ya no sé en qué momento también vino una invitación para ir a Albania. Fui con otro camarada del CMLP. El ambiente era mucho más cerrado. El tío hacía lo posible por adherirse porque la línea era correcta, hacían unos ataques violentísimos a Kruchov y a Tito, y decían verdades, pero el ambiente!! No sólo se veía un país pobre, lo que era normal, sino que había una distancia enorme entre los burócratas y la masa y la conversación de los cuadros era sólamente repetir fórmulas, para no salir de la línea justa…
 
¿Esa sensación no la encontraste en China?
 
De ninguna manera. En China en ese momento, cuando estuve, había un clima de confianza en las personas, simplicidad al tratar con los cuadros del partido, los cuadros con las personas. Íbamos al mercado, íbamos al cine, íbamos de aquí para allá, se establecían conversaciones, no veía aquel miedo y desconfianza que existía en otros países. Yo fui a las fábricas en la Unión Soviética y se veía a los obreros haciendo comentarios unos con otros en un tono agradable, cuando nos veían entrar con los burócratas. En China también me parecía observar esta confianza, el poder aún no estaba aislado de la masa. La revolución con todas aquellas primeras conquistas, aún era reciente. Después la cosa comienza a decaer, pero poco a poco, Pero, claro, no llegué a estar tres semanas, son impresiones de viaje, no conocía la lengua.
 
En Albania también estuve poco tiempo, tal vez quince días. Tuvimos nuestros debates, no fueron nada activos en el sentido de influenciarnos para avanzar. Lo que ellos querían era hablar de su posición y justificar su posición, y nuestro apoyo. Los chinos también eran bastante cuidadosos, pero había un interés por conocer qué sucedía en Portugal, que íbamos a hacer. Los albaneses eran menos interesados en eso y más interesados en ganar apoyos externos. En fin, los chinos preguntaron que era lo que yo quería como apoyo.. Yo no quería aparecer en el papel de un mercenario: “No, unos folletos y ta … para que la gente distribuyera”. Pasaron a enviar toneladas de aquellos folletos, en español, en francés.
 
Después llevamos a cabo unas reuniones en París, comenzamos a preparar nuestra vuelta para aquí. Todo muy activo, buen ambiente, toda aquel personal que se adhirió al CMLP, pero éramos pocos. De la comunidad que estaba vinculada al partido anduve hablando con varios, pero no hubo nadie que nos apoyase. Hubo uno, fui a vivir a una habitación de su casa, hasta me buscó un empleo en la fábrica donde trabajaba, y después de un tiempo dijo que disculpase pero tenía que irme por presiones del partido, “no debía estar apoyando a ningún enemigo del partido”.
 
Quien se adhirió fue gente que ya estaba desilusionada con el partido. Teníamos noticias de que había unos núcleos de estudiantes que se habían adherido al FAP y estaban haciendo cosas en Lisboa. Vinimos para aquí en el 65, separados, cada uno por su frontera. Y así comenzamos el baile, siendo unos poquitos, sin tener apoyo, ni dinero, ni militantes, defendiendo tres casas en Lisboa. Pasé por la frontera con pasaporte francés, falso, haciendo de turista, pidiendo informaciones al agende de la PIDE para ir a Figueira da Foz. El PIDE muy solícito. Escogimos una frontera cerca de Castelo Branco con muy poco movimiento.
 
Bueno, empezamos a debatirnos con ese problema de casas, de defensa, con el viejo problema, pero más agravado porque en el PC ya no teníamos apoyos. Y creo que ya conoces la historia que fue bien triste. No teníamos estructura para venir a instalarnos tres clandestinos. Teníamos que haberlo hecho por fases, primero uno y después otro. Fue un poco infantil.
 
Creamos contactos, enviamos artículos a París para la Revolucão Popular, para hacer circular la publicación. Pulido encontró una mini-tipografía, una editorial prequeña, donde llegué a publicar dos números de Accão Popular.
 
Teníamos contactos para la distribución. Pulido sobre todo era bueno para eso, comenzó buscando contactos del PC, relaciones personales, afectivas, amigos y demás… daban dinero. Fue en uno de esos contactos que fue a dar con un tipo que estaba en el PC pero que daba información a la PIDE, que Pulido ya conocía de antes, que él creía que era adecuado. Lo invitó a entrar en la FAP y al CMLP y el tipo dijo “si señor” y en un encuentro allí estaba la PIDE y cazó a Pulido. El tipo nos envía un recado a través de otro para decirnos que fue al encuentro pero “En un café, oí decir que la policía lo había detenido, no sé qué sucedió”.
 
Nosotros comenzamos a creer que aquello era sospechoso. Tuvimos dos encuentros con él, con grandes precauciones. Mientras tanto Pulido fue a la Penitenciaría, cosa que era rara. En la Penitenciaría, el régimen era completamente diferente de las prisiones políticas, y él pudo enviarnos recados para fuera informando de lo que había pasado, desconfiando de ese tal Mateus, que del modo cómo se había producido la detención le hacía desconfiar de él. Por lo tanto decidimos quedar con el fulano y lo llevamos a un sitio descampado, le hicimos un interrogatorio. Él al principio negó pero cuando le encontramos contradicciones confesó.
 
Colaboraba con la policía desde que había estado preso años antes y la policía le había ofrecido una salida a cambio de colaborar. Había vendido a Pulido por dinero, estaba arrepentido porque Pulido incluso era amigo suyo. Aquello era una jugada muy sucia. Pulido era médico y había ido a su casa a tratar al hijo varias veces gratuitamente.
 
Después de eso decidimos matarlo. Esa era una discusión que ya se había dado anteriormente, había bastantes inflitrados de la policía, lo que era inevitable, claro. El problema era que a eses tipos nunca les sucedía nada. Eran reconocidamente provocadores de la policía y nada, era desmoralizante. “No puede ser, en cualquier lado estos tipos también tienen que pagar por lo que hacen”. Cuando quedamos con la certeza que él era incluso un provocador pagado por la policía, le dimos dos tiros. Esto fue al principio de diciembre de 1965.  Pulido fue detenido y preso en noviembre y esto sucede pocas semanas después. Hacía ya seis o siete meses que yo estaba en Portugal.
 
 
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