jueves, 12 de mayo de 2016

Liga Internacional de la Lucha de los Pueblos: Fortalecer el liderazgo de la clase obrera y la lucha por el socialismo

 
 
 
Nota: la Liga Internacional de la Lucha de los Pueblos (ILPS) es una unidad internacional de organizaciones anti-imperialistas y democráticas que promueve, apoya y desarrolla luchas anti-imperialistas y democráticas de los pueblos del mundo contra el imperialismo y la reacción. La Liga Internacional de la lucha de los Pueblos (ILPS) esta presidida por el doctor José María Sison, que es así mismo presidente fundador del Partido Comunista de Filipinas, que dirige la Guerra Popular en Filipinas.
 
 
Publicado el 2 de mayo 2016
 
 
Comunicado para el Día Internacional del Trabajador,
emitido por la Oficina del Presidente,
Liga Internacional de la lucha de los Pueblos
 
Nosotros, la Liga Internacional de Lucha de los Pueblos (ILPS), levantamos nuestros puños para saludar a los trabajadores y a los pueblos del mundo celebrando 130 años del Día Internacional del Trabajador.
 
En este día, queremos recordar y celebrar las victorias del movimiento obrero en la lucha por la jornada laboral de ocho horas, el incremento de los salarios, la mejora de las condiciones de trabajo y los avances socialmente transformadores. Rendimos homenaje a los pioneros y a los mártires del movimiento obrero, inspirándonos en su compromiso, valentía y perseverancia al tiempo que voluntariosamente continuamos ampliando y fortaleciendo el movimiento de la clase obrera y elevando su conciencia revolucionaria y militante.
 
Han transcurrido 130 años desde la protesta de los trabajadores en el Haymarket Square de Chicago, Estados Unidos. Este hito en la historia de la clase obrera nos enseña valiosas lecciones en este día: los capitalistas, especialmente la alta burguesía, con tal de aumentar sus ganancias no reconocerán el papel de los trabajadores en la producción, la importancia de cubrir necesidades básicas y la dignidad. Los gobiernos están al servicio de la clase capitalista y emplearán su aparato represivo para defender intereses capitalistas. Los trabajadores deben unirse y luchar para lograr victorias en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo. Los trabajadores son capaces de elevar su conciencia y militancia de clase trabajadora en el curso de la lucha de clases contra la burguesía.
 
Al mismo tiempo, expresamos nuestra indignación por el hecho de que los monopolios capitalistas, los grandes terratenientes, y todos los reaccionarios han arremetido, durante décadas, contra las victorias del movimiento obrero, especialmente con el surgimiento de los ataques neoliberales contra los trabajadores y el movimiento obrero. Nos alzamos con determinación para la recuperación y consolidación la fuerza del movimiento obrero, reivindindicando nuestras conquistas y avanzando en la lucha por una mayor libertad, democracia y socialismo. Intensificamos nuestro compromiso por confrontar la situación actual y los desafíos que encara el movimiento obrero valiéndose de la perspectiva y método que nos legó la historia de las luchas de la clase obrera.
 
Empeoramiento de la crisis económica
 
El sistema imperialista se está hundiendo cada vez más en el lodazal de la crisis económica. Las medidas que está tomando para salir de este atolladero no son más que un mero naufragar que conduce a un hundimiento mayor en la crisis.
 
La crisis económica y financiera global que estalló en 2007-2008 ha persistido y está causando el rápido deterioro de la situación de los trabajadores tanto en los países capitalistas avanzados como en los países subdesarrollados. Incluso los economistas burgueses y los analistas financieros reconocen ahora que la economía mundial no se ha recuperado realmente, al contrario, nos sobreviene una tercera oleada de crisis financiera mundial.
 
La primera oleada fue provocada en 2007 por la crisis de las hipotecas basura en EE.UU que casi condujo al colapso del sistema bancario mundial en 2008. Los bancos centrales de los países imperialistas optaron por rescatar a los grandes bancos y a las corporaciones de la oligarquía financiera empleando para ello el dinero público. Esto incrementó aún más el déficit fiscal y elevó los niveles de deuda pública en los países capitalistas avanzados. Si bien fue eficaz en proteger temporalmente los activos y los balances de las grandes corporaciones e instituciones financieras, condujo rápidamente a una crisis de la deuda soberana centrada en la Eurozona.
 
Esta segunda ola de la crisis financiera mundial sumió a los países menos desarrollados de Europa -Grecia, Italia, Portugal y España- en una grave recesión y casi derrumbó la Unión Monetaria Europea de 2012. Además, ha impelido a los gobiernos de todo el continente a imponer severas medidas de austeridad y a desmantelar los derechos laborales en detrimento de los trabajadores y de la población empobrecida.
 
En estos momentos, la tercera ola de la crisis se centra en las denominadas "economías emergentes", con el cese del crecimiento impulsado por la deuda en China, el fin del auge de las mercancías básicas en los países exportadores de materias primas como Brasil y Sudáfrica, y la fuga masiva de capital desde los países en desarrollo.
 
Los resultados de las medidas adoptadas respecto a la crisis está allanando el camino para mayores y más peligrosas sacudidas. Los rescates bancarios y la hiper-flexible política monetaria adoptada por los bancos centrales imperialistas ha puesto más dinero en manos de la oligarquía financiera pero ha hinchado la deuda global a 57 trillones de dólares americanos desde 2007, tan sólo ocho años. La deuda global supera ahora los 200 trillones de dólares americanos e incrementa a un ritmo mucho mayor que el producto interior bruto. Esta deuda impagable es una bomba de relojería que explotará inevitablemente sumiendo al mundo en otra convulsión financiera que será mucho más severa.
 
Mientras tanto, los 62 monopolios capitalistas más ricos han aumentado su stock de riqueza desde 2010 en 542 billones de dólares americanos, mientras que los 3,6 billones de personas más explotadas del mundo han perdido 1 trillón de dólares americanos en el mismo período. Las cifras oficiales muestran que el desempleo alcanza un máximo histórico de 200 millones de personas en todo el mundo, con la expectativa de que otros 3 millones se unan a las filas de los desempleados en los próximos dos años.
 
Entre aquellos que están empleados, la precariedad de las condiciones de trabajo es ahora la norma, incluso en el más grande y rico monopolio empresarial. Por ejemplo, sólo el 6% del total de la fuerza laboral de las 50 principales empresas globales es reconocida como empleo directo, mientras que el resto es explotada mediante contratos a corto plazo o como trabajadores informales. Cada vez más trabajadores se ven forzados a buscar empleo en el extranjero, sumándose a los 150 millones de trabajadores migrantes que ya hay a nivel mundial. Los monopolios capitalistas están desmantelando los derechos de los trabajadores que se habían alcanzado anteriormente a través de la heroica lucha de los movimientos de trabajadores, incluyendo el derecho a un salario digno, prestaciones sociales, seguridad en el trabajo, la jornada laboral de ocho horas al día, y unas condiciones de trabajo seguras.
 
Nunca satisfecha, la burguesía monopolista está llevando a cabo una nueva oleada de ofensivas neoliberales destinadas a aumentar ganancias en estas situaciones de crisis. Está aplicando medidas de austeridad más severas y una flexibilización laboral; la privatización del sector público y de los bienes comunes principalmente mediante el acaparamiento de tierras; la profundización de la desnacionalización y compradorización de las economías del tercer mundo mediante la ampliación de las cadenas de suministro global de sus monopolios empresariales; y el fortalecimiento de las medidas de protección de las propiedades y beneficios de los monopolios capitalistas, especialmente mediante la ampliación de los derechos de propiedad intelectual sobre tecnologías y conocimientos.
 
Están reformando los sistemas jurídicos y los reglamentos nacionales e internacionales a través de nuevos acuerdos comerciales y de inversión, tales como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (Transpacific Partnership Agreements), la Asociación para el Comercio y la Inversión Transatlánticos (Transatlantic Trade and Investment Partnership) y la Asociación de Acuerdos Económicos (Economic Partnership Agreements). Están institucionalizando mecanismos de solución de Controversias entre Inversores y Estado que conceden el poder de veto fáctico a empresas multinacionales sobre reglamentos o reformas que los gobiernos podrían adoptar bajo crecientes presiones populares para ayudas inmediatas y reformas respecto a la crisis.
 
Todas estas medidas sólo pueden empobrecer aún más a las masas trabajadoras de todo el mundo, aumentar la concentración y la sobreacumulación de capital en manos de la burguesía monopolista, y exacerbar la crisis de sobreproducción que el neoliberalismo se proponía resolver en primer lugar.
 
Aumento de la represión y la guerra
 
Esta ofensiva neoliberal de los capitalistas monopolistas está necesariamente combinada con la brutal represión de los trabajadores, considerados como amenaza potencial a una mayor acumulación de la riqueza y del poder de las clases dominantes. Las leyes y los reglamentos represivos se aplican por doquier con el declarado objetivo de atraer más inversiones capitalistas. Los Estados están intensificando su ataque a los sindicatos y a los movimientos populares que exigen mayores salarios, mejores condiciones de trabajo, servicios sociales y la rendición de cuentas del gobierno.
 
Ha habido un aumento notable en el número de arrestos y detenciones arbitrarias de trabajadores por ejercer sus derechos democráticos. En Europa y en otras partes, activistas han sido detenidos o sometidos a procesos penales por oponerse a las medidas de austeridad a través de huelgas y protestas. Los críticos a los abusos corporativos o gubernamentales son coaccionados con agresión física, asesinados, y puestos bajo vigilancia. Los Estados también están presentando cargos penales falsos contra activistas políticos. Mujeres activistas enfrentan amenazas y abusos de género.
 
En muchos países, derechos fundamentales como la libertad de reunión, asociación y expresión son restringidos bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, la contrainsurgencia o la protección de la seguridad nacional. Esto es particularmente frecuente en países subdesarrollados, donde la tierra y los recursos están siendo incautados por empresas de energía, industrias extractivas, la agricultura a gran escala y promotores inmobiliarios.
 
Estas actividades son a menudo financiadas y promovidas por instituciones financieras imperialistas como el Banco Mundial. También son respaldadas por fuerzas estatales de seguridad y grupos paramilitares, con la orientación y el apoyo de militares estadounidenses. Como resultado de esto, grupos de defensa de los derechos humanos han documentado el aumento en el número de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones de activistas, organizadores, periodistas y dirigentes de masas en países como Filipinas, Honduras, Colombia, Brasil y otros lugares. Muchas de las víctimas son del movimiento obrero.
 
Los monopolios capitalistas están unidos en su interés por explotar y oprimir a la gente, especialmente en las neocolonias. Pero también están en constante competición económica, geopolítica y militar, especialmente ahora que el empeoramiento de las crisis mundiales subraya el carácter finito de la mano de obra mundial, de los recursos y de los mercados frente a la insaciable pulsión de obtener beneficios y acumular capital que tienen los monopolios capitalistas. De ahí la agudización de lucha librada entre los países imperialistas por asegurar su parte del botín.
 
Desde el inicio de la guerra contra el terror liderada por Estados Unidos en 2001, el imperialismo norteamericano ha instigado, dirigido y/o apoyado el "cambio de régimen" en numerosos países como Afganistán, Irak, Somalia, Haití, Honduras, Libia, Ucrania y ahora Siria para instalar gobiernos que ayudarían a garantizar los intereses de Estados Unidos. Desde 2011, los EE.UU. han estado tratando de orquestar el derrocamiento del gobierno de Assad en Siria, utilizando “representantes” - Arabia Saudita, Qatar y Turquía-- para financiar y armar a numerosos grupos jihadistas anti-Assad, entre ellos, Al Nusra Daesh y Al Qaeda. Pero esto se ha visto obstaculizado por el apoyo de Irán y Rusia al gobierno de Assad.
 
La guerra por el petróleo en la región de Oriente Medio y Asia occidental ha resultado en la masacre de millones de personas en la región. Ha destruido la economía local, la infraestructura social y el patrimonio cultural de los pueblos de estos países, y solamente en 2015 ha obligado a más de cinco millones de personas a buscar refugio en el extranjero.
 
Al librar estas guerras de agresión, miles de jóvenes norteamericanos -- especialmente personas de color y desempleados- se han sacrificado en aras de la gran burguesía. Además, se estima que los EE.UU. gastaron unos 3 trillones de dólares americanos solamente en la guerra en Irak, excluyendo otro trillón de dólares en atención médica y otros gastos asociados al retorno de los soldados, mientras se niegan servicios sociales necesarios en materia de salud y educación a las personas que trabajan en los Estados Unidos.
 
Los aliados europeos de la OTAN están sufriendo ahora las consecuencias de su apoyo a estas guerras de agresión en el Medio Oriente/Asia Occidental con los atentados terroristas en París y Bruselas, que han victimizado a civiles y creado un clima de terror en la población. La crisis de los refugiados, la peor en la historia de la humanidad, es ahora abrumadora y los gobiernos europeos están dando rienda suelta a la xenofobia, la intolerancia, el racismo y el fascismo que expone a los trabajadores migrantes y de grupos minoritarios a los más viles ataques de los elementos más reaccionarios de la sociedad.
 
La intensificación de la resistencia los trabajadores y de los pueblos
 
Las políticas neoliberales imperialistas están intensificando la explotación y la opresión del pueblo trabajador, creando condiciones objetivas para la gente se levante y luche. Las luchas actuales y aquellas que emergen, aunque dispersas y breves en muchos casos, son importantes para la construcción de la resistencia contra el sistema capitalista mundial.
 
En Europa, los trabajadores y el pueblo han realizado grandes acciones de masas contra los programas de austeridad que se han ido intensificado, especialmente en Grecia, España y el Reino Unido. Millones de trabajadores han participado en estas acciones de protesta exigiendo al gobierno el término de los recortes en el gasto por el bienestar social y los servicios públicos, reclamando salarios más elevados para las familias trabajadoras, la protección de la organización sindical y de los derechos de negociación colectiva. En Grecia están exigiendo liberarse de la servidumbre por deudas a los bancos de la UE y de otros instrumentos de la globalización imperialista. Decenas de miles de personas marcharon en las calles de Bruselas, Madrid, Helsinki, Varsovia, Praga, Berlín, Munich, París y otras ciudades europeas el año pasado para oponerse a La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership – TTIP ) entre la UE y los EE.UU.
 
En Francia, los trabajadores y los jóvenes lideran actualmente manifestaciones militantes callejeras contra el proyecto de ley laboral impulsado por el gobierno de Hollande, el cual debilitaría el derecho a negociar colectivamente, empeoraría las condiciones de trabajo y extendería la jornada laboral. También han estado haciendo sentadas nocturnas, nuit debout, ocupando plazas públicas para hacer frente a una multitud de otras quejas, incluyendo el aumento de la desigualdad, los desalojos de viviendas, la evasión fiscal de los billonarios, el estado de emergencia y las medidas de seguridad adoptadas a raíz de los atentados del año pasado; el cambio climático, etc.
 
En América del Norte, trabajadores del sector público y del privado, migrantes, mujeres, jóvenes y personas de color han realizado protestas contra las medidas de austeridad, la violencia racista y la explotación de los trabajadores. Los trabajadores están encontrando formas de llevar a cabo protestas generalizadas contra los peores prácticas antiobreras tales como los días de acción coordinada de los trabajadores frente a Walmart, la campaña "lucha por 15" de trabajadores de bajos salarios en la industria de los servicios, la reciente huelga de decenas de miles de trabajadores de Verizon en los EE.UU., y las huelgas de los trabajadores canadienses en el sector de la salud.
 
En Australia, el ex Primer Ministro Abbott fue derrocado después de llevar a cabo el más feroz ataque neoliberal contra los trabajadores y el pueblo. La burguesía monopolista y sus partidos está decidida a quebrar el poder de los sindicatos de Australia, y los trabajadores y las personas se están preparando para luchar contra los nuevos ataques.
 
En Asia, aunque esporádicas, las protestas y las huelgas contra las corporaciones multinacionales y los gobiernos han ido aumentando y madurando hacia la resistencia organizada contra las políticas neoliberales, la represión del estado, y contra el sistema capitalista monopolista mismo. Las huelgas de trabajadores están aumentando en China en los últimos años, incluyendo huelgas masivas contra las corporaciones multinacionales. En la India, más de 100 millones de trabajadores participaron en una jornada de huelga contra la política neoliberal del gobierno de Modi el pasado mes de septiembre. Los trabajadores en el país han seguido congregándose en grandes números. Este mes en Bangalore, miles de trabajadores de la confección, en su mayoría mujeres, salieron de las fábricas para protestar contra la política de los gobiernos en materia de seguridad social bloqueando las carreteras.
 
Camboya e Indonesia son algunos de los países donde los trabajadores han organizado acciones generalizadas en torno a los salarios consiguiendo alcanzar importantes incrementos en los últimos años. Sus luchas han recibido atención mundial y significación porque han vinculado sus campañas a las cadenas de valor mundiales de las empresas multinacionales y, lo que es más importante, porque han demostrado el poder de los trabajadores al ganar luchas mediante la acción colectiva y desafiar la “carrera hacia el fondo”. Ambos países se enfrentan ahora a batallas contra las reformas laborales que tratan de restringir el derecho a organizarse y negociar colectivamente.
 
En Sudáfrica y Senegal, los trabajadores y el pueblo están resistiendo la privatización generalizada y luchando valerosamente para mejorar los salarios y los estándares de vida. En Nigeria, los trabajadores y el pueblo se oponen a la subida de precios de los productos básicos como la gasolina. En Burkina Faso, manifestantes tomaron las calles para acabar con tres décadas de dictadura. En ambos países, la ira contra el militarismo y el terrorismo respaldado o instigado por el imperialismo estadounidense es creciente. A lo largo de todo el continente africano, aumenta el número de protestas y otras acciones de la gente para exigir el respeto de los derechos humanos y reclamando el fin del racismo, el fundamentalismo, el terrorismo, la violencia y el genocidio étnico.
 
En Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y otros países, la desaceleración económica resultante del final del auge de los productos básicos está siendo ahora explotada por la persistencia que tienen los grandes compradores-terratenientes oligarcas y los rabiosos títeres de los EEUU en revertir los avances sociales logrados bajo gobiernos progresistas. Pero las luchas de los trabajadores y los pueblos de toda América Latina y países del Caribe se ven reforzadas por décadas de resistencia contra estas mismas élites locales y contra el imperialismo yanqui. Los trabajadores y los movimientos sociales están condenando y oponiendo la intervención norteamericana y tentativas de desestabilización en Paraguay, Honduras, Venezuela y otros países de la región.
 
La ira de los pueblos contra los Estados Unidos se extiende rápida y profundamente en Irak, Siria, Libia, Afganistán y en todo el Oeste de Asia, donde los peores crímenes contra la humanidad han sido cometidos por el imperialismo yanqui y sus aliados en las últimas décadas. Las luchas del pueblo palestino, kurdo y de otros por la liberación nacional y social son ejemplos heroicos de la resistencia de los pueblos en esta región. Están mostrando el camino de la resistencia popular contra el imperialismo yanqui y contra la expansión violenta de grupos terroristas apoyados por Estados Unidos. Las alianzas nacionales y transfronterizas a veces exigen tácticas sensibles a situaciones complejas y fluidas.
 
Otros movimientos progresistas y revolucionarios también están librando luchas por la liberación nacional y la democracia. El terreno se hace fértil debido a la intensificación de la represión, el neoliberalismo, el militarismo, la rivalidad imperialista y las guerras de agresión.
 
Estamos seguros de que la resistencia del pueblo se elevará al tiempo que la crisis del capitalismo global empeora e inflige sufrimientos insoportables en la gente. El nivel de resistencia que ya ha surgido apunta a más generalizadas e intensas luchas de la clase obrera y del pueblo. La política neoliberal saqueadora y las guerras agresivas de capitalismo monopolista han causado una devastación social sin precedentes y generarán también una resistencia popular sin precedentes a una escala más amplia e intensa.
 
Mientras sistema imperialista se hunde en la barbarie, recordamos el llamamiento que hizo el gran Vladimir Lenin hace 100 años a los trabajadores y las trabajadoras de todo el mundo a negarse a combatir las guerras de los imperialistas y transformar las guerras contra países -en las que los trabajadores están enfrentados- en guerras proletarias contra sus respectivas burguesías.
 
Los trabajadores y los sindicatos de todo el mundo deben vincular sus luchas y armar un amplio movimiento de resistencia contra el neoliberalismo, el capitalismo monopolista, el terror de Estado y las guerras imperialistas. Deben maximizar las oportunidades de incitar, organizar y movilizar frente al empeoramiento de la crisis mundial, las contradicciones entre imperialistas, y alcanzar inmediatas y permanentes victorias para todos los que trabajan y para los pueblos oprimidos.
 
Los trabajadores, los campesinos, los migrantes, los indígenas, las mujeres, los jóvenes, deben unir sus brazos y elevar sus luchas contra el sistema capitalista mundial. Sólo la lucha contra el imperialismo y por el socialismo podrá realmente poner un final a la crisis capitalista y a las guerras imperialistas; liberar a las masas de la explotación y de la opresión; y lograr una mayor libertad, democracia, justicia social, desarrollo integral y paz duradera.
 
 
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1 comentario:

  1. AnonimoTrotskista13 de mayo de 2016, 12:14

    Wikileaks revela que Michel Temer, o novo “presidente” interino do Brasil é um informante dos EUA!!!

    Retirado de: http://mundo.sputniknews.com/americalatina/20160513/1059623564/wikileaks-temer-eeuu-inteligencia.html

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