viernes, 17 de junio de 2016

¿Está pasado de moda ser abertzale?


Autor: Borroka garaia da!
 
Desde 1897 la palabra abertzale ya era de uso común en parte de la prensa vasca. Desde entonces hasta hoy su significado sigue siendo el mismo. Euskaltzaindia lo define como patriota o nacionalista. Y esa es la acepción ampliamente respaldada por la sociedad vasca.
 
Sin embargo, hay una línea algo difusa entre nacionalismo y patriotismo que pese a que muchas veces suelen ser tomados como sinónimos, existe un matiz entre ellos y dos palabras diferentes en lengua vasca (nazionalismoa, abertzaletasuna). Patriotismo sería la identificación nacional positiva con una comunidad, mientras que nacionalismo a parte de mantener esa identificación buscaría una expresión política que pueda estructurar a tal comunidad.
 
El derecho de autodeterminación tiene su base en ello, ya que es el derecho ampliamente reconocido a nivel internacional, pero no siempre respetado, mediante el cual una comunidad nacional pueda elegir libremente sus formas de organización e independencia política si así lo desea.
 
En el caso vasco el matiz entre patriotismo y nacionalismo prácticamente desaparece, ya que nos encontramos en una nación no constituida libremente y sin acceso al derecho de autodeterminación por lo que un o una patriota vasca en estas condiciones que no quisiera ejercer el derecho a la libertad política del propio pueblo del que supuestamente es patriota sería algo ilógico e irracional.
 
En cualquier caso, la palabra patriotismo pero sobre todo nacionalismo, posiblemente junto a terrorismo sean dos de las palabras más manoseadas por el imperialismo en las últimas décadas y un término que por sí solo y sin contexto no es más que mera propaganda vacía.
 
El caso es que la burguesía de los estados que no respetan las libertades nacionales, gracias a su maquinaria han creado su acepción particular de la palabra con el paso del tiempo y como veneno la han intentado inocular en la población. Ya lo dice el internacionalista proletario de Mayor Oreja, hay que impulsar un movimiento social contra el nacionalismo. Insolidaridad, limpieza étnica, radicalidad, extremismo… terrorismo, eso es el nacionalismo para el imperialismo. Aunque en realidad simplemente lo digan así para cubrirse las espaldas y que en sus estados opresores se siga oprimiendo nacionalmente. Nada más y nada menos.
 
En historiografía oficial se usa el difuso término de nacionalismo para referirse al período histórico de la supuesta formación de naciones y sus correspondientes estados y a la no menos supuesta ideología nacionalista en torno al siglo XIX coincidiendo con revoluciones liberales o burguesas. Ya en el siglo XX se le relaciona con el fenómeno del fascismo. Tras la segunda guerra mundial irían surgiendo los llamados Movimientos de Liberación Nacional de izquierda vinculados a procesos de descolonización e independencia.
 
En realidad, tanto el patriotismo como el nacionalismo son difusos, porque no significan nada sin un contexto concreto que les llene el significado. De esta manera, un supuesto nacionalista y patriota de un estado imperialista podría ser simplemente un fascista y al contrario, un nacionalista y patriota podría ser, cualquier internacionalista, un socialista que participó en la revolución cubana o cualquier luchador o luchadora por la libertad de un pueblo oprimido.
 
Por lo que básicamente, tanto el patriotismo como el nacionalismo serían una carcasa en torno a un pueblo y no una ideología concreta que se ata a una doctrina.
 
Ser abertzale en Euskal Herria básicamente supone sentirse parte de la nación vasca y tener conciencia de su estatus de nación oprimida. De esta manera se apuesta por la autodeterminación como derecho fundamental del pueblo vasco y la independencia como salida estratégica frente a la opresión nacional.
 
El nacionalismo popular de izquierda vasco tiene sus precedentes y principalmente se ha configurado ideológicamente en torno al MLNV o izquierda abertzale. Que básicamente ha sido un movimiento de liberación nacional clásico donde todas las corrientes de izquierda han tenido y tienen su influencia a la hora de desarrollar el cuerpo teórico y práctico. Sobre todo las revolucionarias con especial influencia del marxismo en distintas variantes, la autonomía obrera, y en general las escuelas socialistas. El proyecto por tanto es el Estado socialista independiente.
 
El nacionalismo vasco de derecha se ha estructurado en torno al PNV. Debido a las conexiones que a lo largo del recorrido histórico de este partido llegó a tener con la burguesía autóctona, colaboracionista de la opresión nacional por interés de clase, ha impedido que desarrolle e impulse un proyecto de estado independiente, quedándose solo en una retórica favorable a la autodeterminación y dando como resultado la inexistencia de una burguesía nacional vasca que como bloque aspire a potenciar un nacionalismo burgués de cara a construir un Estado, siendo por tanto un apéndice de la burguesía nacional estatal española.
 
Por tanto el nacionalismo vasco, como proyecto de construcción de un Estado está íntimamente ligado al devenir y fuerza del pueblo trabajador vasco. La caracterización del futuro Estado será fruto del resultado de la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora vasca (auténtico bastión del independentismo) como bloque nacional frente a una burguesía desgajada en ese instante de su ex-estado, en una batalla que en estos momento se libra y que se ha hecho siempre mediante la lucha de clases. La burguesía ha hecho y hace todo lo posible para que Euskal Herria no se independice y en el momento que lo haga hará todo lo posible para mantener sus privilegios. En manos de la clase trabajadora vasca está evitarlo (y puede que exista cierto retroceso) pero eso en ningún caso inutiliza el proyecto estratégico.
 
Cuando surgió el concepto de pueblo trabajador vasco desde el nacionalismo de izquierda, se estaba pensando con ello cómo estructurar a la clase trabajadora vasca no desde un nacionalismo o patriotismo cualquiera sino en uno inclusivo y abierto en el sentido de una comunidad humana dialéctica y basada en la libertad y la emancipación de los y las de abajo. No en ningún tipo de chouvinismo. Tampoco sobre la superioridad o la inferioridad y teniendo además un fuerte arraigo internacionalista. Tras las décadas pasadas desde entonces no cabe más que reafirmarse en esa concepción de la nación o comunidad vasca propuesta por el nacionalismo revolucionario vasco, pues esa concepción es la que puede abrir brecha de cara a la independencia y el socialismo (feminismo) haciendo de confluencia de los intereses objetivos del pueblo trabajador.
 
Por todo ello, el ser abertzale en el siglo XXI, no es que esté pasado de moda sino que es algo a reivindicar, sobre todo cuando cobra verdadero sentido en un proceso de emancipación del pueblo y la clase trabajadora y no es una falsa careta del autonomismo servil, chouvinista y burgués. Y si bien es deseable que sectores del pueblo que no se consideran abertzales (sea por la razón que fuese o por tradición) se involucren en el proyecto independentista vasco de liberación nacional y social , no menos deseable es que no se bajen las banderas del abertzalismo revolucionario, porque al fin y al cabo este es el proyecto que ha sido el motor del independentismo y lo será también en un futuro, sobre todo cuando el socialismo revolucionario abertzale se ponga las pilas una vez más. Que lo hará. Ya que esa es otra, también el recorrido histórico está demostrando que las bases del nacionalismo revolucionario vasco en cuanto al capitalismo como sistema irreconciliable con los intereses del pueblo trabajador vasco eran correctas. Las pilas, faltan las pilas. O lo que en otro post se decía sobre la necesaria remasterización afilada de la izquierda revolucionaria vasca. 
 
 
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