martes, 19 de julio de 2016

Teatro de estado en Turquía


Autor: Borroka garaia da!
 
Durante el fugaz intento de golpe de estado en Turquía un colega me mostraba su preocupación por las posibles consecuencias que podría tener para el pueblo kurdo. Le dije que en ese sentido podía estar totalmente tranquilo, que el golpe de ningún modo podía alterar las políticas de opresión nacional kurda. Y es que si en algo están de acuerdo los sectores golpistas y los del gobierno de Erdogan es en machacar al pueblo kurdo. Sería algo así como una discusión entre la policía nacional española y la guardia civil en relación a Euskal Herria. Que en todo caso, no el golpe, sino el contra-golpe era lo que podría facilitar un escenario más favorable para la opresión del Kurdistán debido a la falsa relegitimización del régimen. En cualquiera de los casos bastante intrascendente para la población kurda bajo dominio turco porque el panorama no deja de ser desolador.
 
Esa es la baza que está jugando ahora el gobierno de Erdogan como si la “democracia” y el gobierno “legítimamente constituido” se hubieran impuesto al golpe militar mientras que Turquía nunca ha dejado de ser un auténtico estado de excepción represivo y su ejercito realiza una guerra de exterminio contra Kurdistán.
 
Claro que entonces puede surgir la pregunta. Si Turquía es un régimen reaccionario e impositivo ¿Para qué va a dar un golpe de estado facciones del ejército?. Y aquí es donde la prensa occidental no va a entrar a aclararlo porque precisamente esas facciones del ejercito golpistas son pro-occidentales, y muy cercanas en intereses a las direcciones de la OTAN y la UE, frente al gobierno de Erdogan que transita por el islamismo político pero a su vez necesita a la OTAN y al bloque occidental. El matiz entre necesitar a la OTAN y ser cercanos a sus intereses puede parecer pequeño pero en el marco geoestratégico del que hablamos las ramificaciones pueden ser profundas. Lo que estaba en juego en el golpe de estado era quién gestiona un régimen antidemocrático, no un cambio de régimen.
 
Los golpes de estado militares, obviamente los dan los militares, la tradición cívico-militar turca es profunda a lo largo de la historia. Todo golpe militar cuenta con informes de inteligencia “desde dentro” que puede adelantar un posible éxito o no. Es pausible que esa variable de “inteligencia” haya sido direccionada y que independientemente del resultado del golpe, el escenario ya estuviera previsto y bajo control.
 
En cualquier caso, más allá del propio golpe, son las consecuencias que se abren ahora las que son bastante predecibles, desde el reforzamiento del régimen a la extensión de la represión pasando por el continuismo de guerra en el Kurdistán. Para el bloque occidental y la OTAN lo que más importa de Turquía es su estabilidad reaccionaria por lo que se podría afirmar que tanto un golpe o contragolpe exitoso son variables doblemente aceptables.
 
Mientras todo esto ocurre, se mantiene el ahogamiento criminal a la izquierda turca y la guerra para evitar la libre determinación del pueblo kurdo. La actual constitución turca nació del golpe de estado militar del 12 de septiembre 1980. Erdogan y su ejército están desde hace tiempo destrozando aldeas kurdas, miles de jóvenes son encarcelados y se asesina a la población civil. Todo ello en absoluta inmunidad e impunidad debido a que Turquía es miembro de la OTAN y del consejo de Europa mientras para esa Europa y esa OTAN, el PKK o las YPS son los terroristas. Terroristas son ellos.
 
 
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