jueves, 1 de septiembre de 2016

La crisis económica dispara las depresiones en el estado español


 
La salud mental es la más perjudicada por la recesión y los recortes aplicados en el sistema sanitario

Los niños, víctimas de la crisis actual, se arriesgan a convertirse en adultos más enfermos

Las enfermedades infecciosas ligadas a la pobreza, en alerta por la falta de recursos y la exclusión de los inmigrantes irregulares


La recesión ha clavado los dientes de los recortes en la asistencia sanitaria de los españoles. Que reducir los presupuestos, establecer copagos, impedir el acceso a la sanidad de grupos de población, podar las plantillas sanitarias y menguar los recursos a disposición de los ciudadanos tiene impactos es una evidencia.
 
Pero para intentar contrastarlos y cuantificarlos la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) ha reunido a 65 profesionales multidisciplinares como sanitarios, economistas e investigadores. El fruto de su trabajo es el informe Crisis y Sanidad, que describe cómo los años de crisis económica han afectado tanto a los españoles como al sistema sanitario que les atiende. Las conclusiones son pesimistas: empeoramiento de la salud mental de la población, más personas en riesgo por falta de acceso a los recursos y niños más vulnerables frente a la enfermedad. 
 

El desempleo como factor de riesgo

Las depresiones mayores crecieron entre 2006 y 2010 un 19,4%, según el informe de SESPAS. Para los analistas, "hay amplio consenso en cuanto a que la salud mental se ve negativamente afectada en los periodos de recesión económica". Además, subrayan que, de los motivos que llevan a la depresión, "el desempleo constituye el principal factor de riesgo". De hecho, también han crecido las personas que padecen depresiones leves (distimia: un 10,8%). Incluso los trastornos de ansiedad y la angustia son ahora más numerosos. Para completar el cuadro, habituales vías de escape como el alcohol han aumentado en sus fases patológicas como son la dependencia de la sustancia o el abuso.
 
A mayores problemas, la población echa mano de medicamentos contra la depresión. De 2009 a 2012 el consumo de psicofármacos subió un 4% (de 123 a 128 millones). Entre estas pastillas se incluyen los antipsicóticos, antidepresivos, tranquilizantes e hipnótico-sedantes. Si se analizan en detalle solo los productos específicos para la depresión se ve que en estos años de hundimiento económico y laboral los españoles han consumido muchas más de estas drogas. De los 35,1 millones de 2009 a los 38,7 millones de 2012; un incremento del 10%.
 
Para empeorar la situación, en un contexto de crisis que exacerba las enfermedades mentales, los gobiernos tienden a reducir los presupuestos sanitarios. Y dentro de sus prioridades no aparece precisamente la salud mental: "Resulta, por tanto, particularmente necesario invertir esta dinámica", concluyen los expertos de SESPAS.

Las redes familiares

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que han manejado los científicos de SESPAS arrojan una conclusión: "Los resultados de España no permiten concluir que la tendencia en la mortalidad general se haya modificado a partir del inicio de la actual crisis económica". No existen aumentos significativos en ninguna de las causas que se estudian habitualmente cuando se habla de mortalidad en un país que van desde las enfermedades infecciosas, las cardiacas, respiratorias… Pero también externas, como los accidentes de tráfico o incluso los suicidios. Es cierto que los impactos en estas causas de muerte, a menos que sean de proporciones catastróficas, no se notan en el corto plazo que puede abarcar la crisis.
 
La conclusión a la que llegan los investigadores –y la respuesta que ofrecen– es de tipo social: el colchón familiar alivia el golpe. Es decir, que el hecho de que no se evidencien "los efectos de la crisis sobre la mortalidad puede deberse en parte a la existencia de sólidas redes de apoyo familiar, que amortiguarían sus impactos negativos".

Niños vulnerables

"Desde el inicio de la actual crisis económica, el grupo de población más perjudicado en términos de pobreza ha sido el de la población infantil. Actualmente, más de una cuarta parte de los menores de 16 años en España está en riesgo de pobreza". A estos niños de la crisis, según las proyecciones de los expertos, "tendrán más posibilidades de padecer problemas de salud como la diabetes o la demencia" además de enfrentarse a un horizonte con un "menor nivel educativo y, en consecuencia, peores empleos y menos ingresos". Así de contundente se muestra el apartado del macro-estudio al hablar de los menores.
 
En el estudio incluso dedican un apartado a las enfermedades infecciosas en la infancia, porque algunas están especialmente relacionadas con las condiciones de vida. De ahí que SESPAS haya mirado con foco más ampliado estas patologías, como la tuberculosis y el SIDA, en las que un empeoramiento de la asistencia social y la insalubridad de los hogares pueden redundar en aumentos epidemiológicos.
 
De hecho, en la tuberculosis hay que subrayar que el 50% de la variación en la incidencia y la prevalencia de la tuberculosis en Europa depende del nivel de riqueza de cada país y de la equidad en su población. En España, "la tuberculosis en menores de 5 años duplica la tasa media de la Unión Europea (11,9 frente a 4,5), y es también mayor en los de 5 a 14 años de edad", reseña el documento. A la cabeza de los problemas se sitúa el decreto 14/2012 del Gobierno de Mariano Rajoy que restringió el acceso de los inmigrantes al sistema sanitario y que "puede tener serias repercusiones sobre el control" de la epidemia.
 
Acerca del sida, la crisis tiene un efecto dominó porque afecta a diferentes estratos de la lucha contra el VIH. Incide negativamente en los infectados ya sea por el retraso en el diagnóstico o la vulnerabilidad social del enfermo que impide que siga el tratamiento pero también en la propia propagación del virus con el aumento del consumo de drogas inyectables o del sistema sanitario con recortes en la atención y tratamientos.
 
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