martes, 13 de septiembre de 2016

Philip Marshall: ¿asesinado por encargo?

PHILIP MARSHALL Y SUS DOS HIJOS, TODOS….¿ASESINADOS?

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El filón del 11-s no sólo parece que sigue estando activo sino que adopta en ocasiones esquemas propios de un “thriller” cinematográfico. Sólo que la realidad sigue superando a la ficción. Y las víctimas de esta película siguen cayendo, sospechosamente, del lado de los disidentes. En el turbio autoatentado del 11-s, desconocía el recorrido “conspirativo” de un personaje como Philip Marshall, ex piloto de aviación, además de ex colaborador de la CIA y la DEA (la Agencia antidroga de USA), autor de un libro titulado The Big Bamboozle en el que, en sus líneas básicas, acusa al gobierno Bush y a una trama saudí del autoatentado del 11-s.
 
A Marshall le han endosado, oficialmente, el asesinato de sus dos hijos (incluido, también, el perro de la vivienda) y su posterior suicidio, hechos ocurridos a primeros de febrero de este año en su casa de Sta. Barbara (California). Lógicamente, las sospechas empezaron a sobrevolar inmediatamente y las conspiraciones también. ¿Recibió algún tipo de amenaza de muerte Philip Marshall que le motivó a actuar de una forma tan cruel? ¿Por qué esa frialdad tan extraordinariamente calculada?¿Era Philip Marshall una personalidad psicótico-depresiva?¿Tenía en su poder información privilegiada, se vio envuelto en un callejón sin salida y se suicidó? ¿O tal vez fue víctima de una operación Black Op Hit para cerrarle la boca y que callase para siempre? En definitiva, ¿se cargaron a Marshall porque sabía más de la cuenta sobre el autoatentado del 11-s?
 
Para responder afirmativamente a la última pregunta habría que ver si realmente Marshall era una pieza importante en el engranaje del 11-s, si tenía capacidad para desentrañar información privilegiada. Parece ser, a primera vista, que sí (al margen del libro antes referido), que Marshall no era un teórico de la “conspiración” más, sino que era alguien que había estado metido en el ajo de infinidad de operaciones encubiertas de la CIA, un conocedor de todas las cloacas delictivas de la “inteligencia” norteamericana. Nada que ver con gente como Webster Tarpley, el ex detective anti-narcóticos Mike Ruppert, Chris Bollyn, Woody Box, Thierry Messian….o el mismo Wayne Madsen, que simplemente son investigadores, “teorizan” y exponen su particular visión contraoficial del 11-s, dejando al margen a otros personajes como el titiritero Alex Jones y demás showman “made in USA” (Jesse Ventura).
 
Esto último viene a cuento para aclarar dudas en cuanto que algunos podían plantear lo siguiente ”¿y por qué no se han llevado también por delante a todos los que han dicho que Bush organizó el 11-s, acusan directamente a la CIA o a determinados militares del autogolpe?”. Por una razón muy simple: no es lo mismo que un tipo ajeno al entramado conspirativo gubernamental se presente en una tribuna pública y diga que la CIA montó el autoatentado, a que un señor, que ha estado dentro del sistema, posea información documental comprometedora de primera mano y diga que va a cantar. Así de concluyente. Marshall, tenía todas las papeletas para ser “el hombre (o uno de ellos) que sabía demasiado” sobre 11-s. El mismo Wayne Madsen (ex empleado de la todopoderosa NSA –Agencia de Seguridad Nacional-) señala que Marshall estaba en condiciones de poner al público “información explosiva” sobre el 11-s. ¿Suficiente para hablar de una ejecución sumaria a cargo de los aparatos del Estado norteamericano? Sin dejarse llevar por la “conspiranoia” fácil, resulta una hipótesis muy factible aunque, como siempre, sea casi utópico atar todos los cabos sueltos. Lo que está claro es que en este asunto van a sobrevolar, siempre, más preguntas que respuestas. Más incoherencias que certezas oficiales.
 
 
 
Para empezar, Marshall no dejó nota alguna al morir, un rasgo distintivo de todo “buen” suicida. Si bien no es un manual preestablecido en todos los que se quitan la vida, si que es un indicador fiable para empezar a descartar, de forma razonable, el suicidio. Por otra parte, Madsen afirma que Marshall era zurdo y, en cambio, se suicidó de un tiro en la sien derecha. Este sería un punto de singular trascendencia, pero parece ser que no se ha podido verificar ya que no se sabe si se tomaron fotos o no del cadáver de Marshall puesto que, según Madsen, en la escena del crimen todo fue muy “apresurado” y hubo una “limpieza” claramente ilegal por parte de la comisión policial y judicial. Otro hecho a destacar es que los vecinos dijeron no oír nada, lo que da a entender que los disparos podían haberse hecho con un silenciador, pero la pistola que poseía Marshall no lo tenía, según Madsen.
 
Se sabe, también, que Marshall, estando en el domicilio, nunca dejaba puerta abierta alguna de su casa; sin embargo se encontró una de ellas abierta al ir la policía a reconocer los cadáveres. Los vecinos de Marshall creen, en “petit comité”, que las muertes fueron asesinatos ejecutados muy profesionalmente. Sorprende, por otro lado, que Marshall quitara de enmedio a una de sus mascotas (el perro) y a la otra no (un gato). Para enredar más la madeja, hay asuntos todavía más espinosos. Los hijos de Marshall fueron encontrados asesinados en un sofá de la casa ya que, al parecer, según la versión oficial, se encontraban allí durmiendo. Lo que te hace preguntar el motivo de por qué estaban allí y no podían estar (con más lógica) en sus respectivas habitaciones. Pero, sobre todo, hay algo que mueve a pensar en un asesinato por encargo: la casa de Marshall fue objeto de una extraña “limpieza” poco después de las muertes, lo que indicaría que, el o los presuntos asesinos, estaban buscando algún tipo de información. Nadie sabe, tampoco, que ha sido del equipo informático de Marshall, desaparecido de forma misteriosa.
 
En definitiva, es altamente improbable que Philip Marshall estuviera depresivo, tanto como para quitarse la vida y menos que asesinara fríamente a sus dos hijos, que eran su apoyo más fuerte y a los que quería mucho. En la red social Twitter, Marshall en los días que van del 12 al 31 de enero (poco antes de su suicidio), no mostró signo alguno de depresión o que se advirtiera algún indicio del desequilibrio emocional que le achaca la versión oficial. Marshall, de barajar una hipótesis fiable, más bien era un personaje peligroso para el sistema, un arrepentido que tenía la fea costumbre, en los últimos tiempos, de dejar la basura a las puertas de la sede de la CIA y la Casa Blanca. Y aunque pueda parecer una temeridad la afirmación de Madsen de que hay un 100 por 100 de probabilidades de que el ex piloto de la CIA haya sido asesinado en una operación BlackOp Hit por la propia Agencia de espionaje americana, sigue sin haber explicación racional alguna para ese “suicidio”. Tampoco para el asesinato de sus dos hijos. ¿Realmente podría tener la CIA u otros elementos del gobierno la sangre fría de asesinar a dos adolescentes?¿Y por qué?¿Qué papel tan peligroso podían desempeñar dejándolos vivos?¿Se podría haber ejecutado a Marshall de otra manera…en un accidente de coche simulado…tiroteado en otro lugar, sin necesidad de eliminar a sus hijos?¿Era más “convincente” de cara a la opinión pública que los asesinos utilizaran la opción “suicidio”-crimen de sus hijos para ensuciar la imagen de Marshall?¿La versión oficial es el eslabón más débil pero hay que darle alguna credibilidad a la espera de encontrar pruebas más concluyentes que…..”nunca” se encontrarán?
 
Quizás Philip Marshall no sea más que otro héroe anónimo que decidió que había llegado la hora de romper el silencio cómplice y lo pagó él y sus hijos con un crimen ejecutado con demasiada…tal vez demasiada, perfección.

 
 
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