miércoles, 19 de octubre de 2016

Yemen y la hipocresía occidental


Por Rasoul Goudarzi

Han transcurrido más de un año y siete meses desde el inicio de la guerra de Arabia Saudí contra su vecino sureño, Yemen.
 
Cada día hay alguna novedad en este conflicto, que va desde las armas vendidas por el Reino Unido y España hasta el reciente ataque de EEUU a las posiciones del Movimiento Popular Ansarolá. El hecho se considera la primera intervención directa de Washington en el país más pobre del mundo árabe durante la invasión saudí.
 
En este artículo pretendemos estudiar diferentes aspectos del reciente ataque de los estadounidenses, además de analizar las consecuencias de este hecho.
 
EEUU interviene directamente en la guerra saudí
 
Estados Unidos lanzó el pasado 12 de octubre varios misiles y destruyó por completo tres radares de Ansarolá, en represalia por lo que dijo habían sido ataques con misiles contra un buque de guerra con su bandera. El ataque se produjo con el visto bueno y una orden directa del presidente estadounidense, Barack Obama.
 
Mientras tanto, las autoridades de Ansarolá calificaron de infundadas las acusaciones de Washington de que hubieran atacado naves estadounidenses. Todo ello nos lleva a preguntarnos: ¿por qué EEUU decidió atacar al movimiento popular yemení, sin tener pruebas, para luego asegurar que habían sido sus combatientes quienes atacaron sus naves?
 
La intervención de EEUU se realiza en momentos que el régimen de Riad se encuentra bajo las fuertes presiones de la comunidad internacional por los crímenes de guerra que está cometiendo en el país vecino. El más cruel ha sido el ataque contra un funeral en Saná, la capital de Yemen. Esta mortal ofensiva tuvo un saldo de al menos 140 muertos (213, de acuerdo con algunos medios) y 527 heridos.
 
El conjunto de crímenes saudíes en Yemen provocó incluso la voz crítica de los medios de comunicación y del propio pueblo estadounidense. Los diarios importantes de este país, como el Washington Post y el New York Times, afirmaron en sus artículos que el Gobierno estadounidense debe poner fin a sus ayudas a los saudíes y dejar de ser cómplice de los crímenes que estos están cometiendo en Yemen.
 
Ante las presiones ejercidas contra la Casa Blanca, el portavoz de su Departamento de Defensa (Pentágono), Adam Stump, manifestó en un comunicado para calmar la situación: “La cooperación que hemos ofrecido a Arabia Saudí desde que comenzara su campaña militar en Yemen es modesta y no es un cheque en blanco”.
 
Entonces, Washington necesitaba una excusa para poder seguir apoyando al régimen de Al Saud en su guerra contra Yemen, ya que tiene una influencia limitada entre los saudíes para frenar la invasión, especialmente dado que necesita también de la ayuda de Riad ante los avatares que se atestiguan en Oriente Medio, debido al apoyo que este ofrece a los numerosos grupos que están luchando contra los Gobiernos de Siria e Irak.
 
De esta forma aparece, como por arte de magia, este alegato no probado del ataque de los hutíes contra los buques de guerra estadounidenses. Una situación que concede a los EEUU el derecho de atacar las posiciones del movimiento popular yemení e iniciar la intervención directa en la guerra saudí contra Yemen. Bajo el repetido concepto de preservar los intereses nacionales, ahora, la Casa Blanca puede convencer a su pueblo de que hay que acompañar a Al Saud en su invasión a Yemen. Con esto, es posible que puedan acabar con una guerra de desgaste contra el país más pobre del mundo árabe. Además intentan debilitar a los combatientes de Ansarolá que, ahora, gozan de una buena acogida entre sus compatriotas, gracias a la resistencia mostrada contra los saudíes y la defensa de su territorio.
 
Consecuencias de la guerra saudí y la hipocresía de las superpotencias
 
Después de todo este tiempo de invasión saudí contra Yemen, la cifra de civiles muertos que ha dejado superan los 10 mil 562, de los que unos 6414 corresponden a hombres, 1751 mujeres y 2397 niños. Asimismo, la invasión ha generado unos 18508 heridos y otros 3 millones de desplazados.
 
A consecuencia de esa guerra, las infraestructuras, fábricas, viviendas, escuelas, universidades, hospitales, plantas eléctricas, diques, redes y medios de comunicación, estadios, mercados, centros comerciales y edificios estatales han quedado destruidos.
 
Ante esa situación no se ha visto ningún esfuerzo serio para acabar con los crímenes saudíes y, aunque el régimen de Riad ha lanzado ataques incluso contra centros de atención de Médicos Sin Fronteras, no ha habido ninguna reunión contundente por parte de las organizaciones competentes ni sanciones de la Unión Europea.
 
La hipocresía de los países del viejo continente y socios de Riad es tal que para analizar el caso de Siria se celebran rondas y rondas de negociaciones en aras de acabar con este conflicto, e incluso se imponen sanciones contra el Gobierno sirio y de Rusia por los bombardeos efectuados contra los terroristas. Sin embargo, no hemos sido testigos ni siquiera de un acto semejante contra los saudíes. Incluso, la actuación ha sido totalmente contraria de lo que se esperaba, es decir, España, el Reino Unido, Francia, Alemania y EEUU se han aprovechado para vender miles de millones de armas al monarca saudí, las cuales se usan contra los yemeníes.
 
Con todo lo expuesto, se puede plantear que la política y la guerra de poder hace que, en situaciones de igualdad de condiciones, haya personas que para una parte del mundo tienen valor, mientras que otras no son siquiera consideradas como seres humanos. Hoy día, los intereses de las superpotencias han provocado que los ciudadanos sirios sean importantes al tiempo que se olvidan de los yemeníes.
 
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