jueves, 24 de noviembre de 2016

El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo

 

Publicado en la edición impresa Nº53 de Periódico El Pueblo, noviembre de 2016

A 100 años del trascendental libro de Lenin


Para el proletariado y el pueblo es de enor­me importancia conocer este texto, ya que desnuda el corazón de las actuales formas que tiene el sistema de explotación capita­lista.
 
Analizando la esencia de la economía mundial, Lenin expone las contradiccio­nes de un sistema condenado a morir por sus propias trabas y que ya no puede ofrecer nada más que miseria, opresión y guerra a la humanidad.
 
Todo lo que es nuevo en una época pasa a ser viejo en otra y el capitalismo no es la excepción, refutando la gran mentira de que el actual sistema es el último de la historia.
 
La sociedad sin clases es inevitable, por más que los ideólogos de la burguesía se empeñen en congelar el eterno movi­miento de las sociedades. Por más que se opongan, tarde o temprano se impondrá el socialismo como antesala del comunis­mo.
 
El imperialismo es monopolio

En la primavera de 1916, Lenin reunió el conjunto de estadísticas económicas mundiales para hacer un profundo análi­sis teórico de la etapa en que se encon­traba el desarrollo del capitalismo desde fines del siglo XIX. Allí explica que la épo­ca del capitalismo en que se intercambia­ban mercancías “libremente”, en relativas condiciones de igualdad, acabó. El mismo desarrollo de la pequeña propiedad ca­pitalista ha producido que un reducido grupo de capitalistas se transformen en monopolios, acaparando ramas enteras de la producción. Mientras, un grupo ma­yoritario se ve empujado en cada crisis hacia la ruina, el empobrecimiento y la proletarización, siendo absorbidos por los grandes capitalistas.
 
La nueva y última fase del capitalismo, llamada imperialismo, agudiza todos los males para el pueblo que ya entrañaba el viejo capitalismo. La dictadura mono­polista y la desenfrenada lucha por con­centrar las fuentes de materias primas dividen a fines del siglo XIX el mundo. Por un lado, un puñado de países industria­lizados (Gran Bretaña, Alemania, Francia, EE.UU., etc.) se convierten en imperia­listas capitalistas, mientras una enorme mayoría de viejas colonias y países semi­coloniales, que no concluyeron sus revo­luciones burguesas, son sometidos a los intereses económicos, políticos y cultura­les de los primeros.
 
Características del imperialismo

En el terreno económico, Lenin eviden­cia 4 características del imperialismo que hoy también pueden observarse: 1) el elevado desarrollo de la producción capitalista es concentrado por unos po­cos monopolios, unas pocas empresas, lo que refuerza su dominio; 2) la expor­tación de capital a las colonias y semi­colonias prevalece por sobre la antigua exportación de mercancías, facilitando su penetración; 3) el reparto territorial del mundo por el puñado de imperialistas ha concluido. El que quiera ampliar sus fuentes de materias primas y/o esferas de influencia financiera debe desplazar o someter a otros países (inclusive a otros imperialistas) y 4) los bancos ya no son simples prestamistas, sino que se funden con el capital industrial para formar el capital financiero. Dominan toda la eco­nomía y la producción, formando una oli­garquía financiera que maneja enormes volúmenes de información y capital.
 
Comprender la esencia económica del imperialismo es imprescindible para entender la política, las guerras de inva­sión y saqueo, como también la revolu­ción proletaria y sus etapas. Una larga lista de oportunistas y deformadores del marxismo hoy, igual que ayer, usa diver­sos nombres (“globalización”, “imperio”, etc.) para ocultar las contradicciones del imperialismo y las crisis revolucionarias que engendra. Ellos dicen que la lucha en­tre potencias imperialistas por el reparto del mundo ha acabado o suavizado, pero la realidad les escupe una vez más con las cruentas guerras en “Medio Oriente”, paí­ses asiáticos, africanos y también latinoa­mericanos.
 
Debemos afinar nuestro estudio para transformar la realidad miserable en la que se debaten millones de obreros, campesinos, intelectuales y otros traba­jadores en el mundo, recordando que el sistema de producción ha alcanzado su máximo punto de internacionalización. Los trabajadores del mundo ya estamos unidos por infinitos lazos y sólo cabe derribar al puñado de imperialistas que cada vez concentra mayor riqueza produ­cida por el trabajo social, arrebatando a diario lo que pertenece a una infinita ma­yoría.

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