domingo, 6 de noviembre de 2016

Nazis, “asistencialismo” y pisar barro


Autor: Borroka garaia da!
 
Nadie les dijo a los nazis que serlo iba a ser fácil. De entrada aprender a dibujar una swastika es una prueba de fuego que pocos son los que han podido volver y tener la fuerza para contar la experiencia. En cualquier caso el artículo de hoy toca entre otros temas interconectados una experiencia nazi exitosa en pleno 2016. El hogar social de Madrid.
 
Ciertamente se ha hablado mucho del ascenso de la ultraderecha en Europa al calor de la crisis y este ascenso no ha sido primordialmente a base de botas y tirantes junto a cabezas huecas. Sino en muchos casos realizando cierto trabajo que ha sido abandonado por la izquierda o subsumido por el asistencialismo burgués institucional. Cierto es que tanto a la ultraderecha como al asistencialismo institucional no le interesan los problemas de la clase trabajadora sino que ejercen en ella con otros objetivos sea para apaciguarla, tenerla bajo control o ganar en legitimidad. Es decir por intereses políticos propios que no concuerdan con el interés de los y las de abajo.
 
El caso del hogar social de Madrid es digno de estudio. Esta iniciativa, al igual que otras similares principalmente en Grecia (Amanecer dorado) parten de un análisis estratégico realizado por la ultraderecha inteligente hace años (principalmente del movimiento nazi, pero no solo) que ante su falta de incidencia decidió ahí donde pudiera llegar a las profundidades de la clase trabajadora. El hogar social de Madrid dirigido por miembros de la ultraderecha española es un local okupado. Si, con K. Por lo que tuvieron que saltarse contradictoriamente y en un principio frente a la propia oposición del mismo movimiento del que partían, sus propias reglas. Tanto en el caso de okupar como el desprecio histórico hacia por ejemplo los mendigos que han sido objetivo de muchos ataques.
 
Este centro se caracteriza por dar comida a los necesitados. Claro que no a todos, solo a los “españoles”. Obviamente esto engarza con las lineas políticas clásicas nazis de racismo, división de la clase trabajadora y señalamiento / criminalización de los emigrantes. El caso es que esta iniciativa ha tenido un éxito evidente no solo energetizando al propio movimiento ultraderechista dándole nuevos bríos sino que han logrado tejer redes de contactos y simpatías con una parte de la población.
 
Lo cual lleva a la siguiente consideración: ¿Cómo es posible que la reacción extrema haya podido lograr una cosa así? La respuesta una vez más es que si la izquierda deja caer algunas banderas, siempre va a haber quien las recoja e igual ya no son de color rojo.
 
Saliendo del estado español y centrándonos en nuestro país, ciertamente hoy por hoy y gracias a la lucha antifascista vasca la ultraderecha no tendría la posibilidad de realizar algo parecido en nuestra tierra. Pero lo grave es que la izquierda de este país no está haciendo ese trabajo de profundidad en la clase trabajadora vasca y la red asistencial del sistema, ONGs de dudosa financiación, grupos religiosos y asociaciones pro-gubernamentales de todo tipo si lo están haciendo, a parte de algunos hacer negocio. Luego nos preguntamos porqué tenemos tantas dificultades a veces de llegar a “la gente”. Cuando la lucha revolucionaria en este país hace demasiado tiempo que no está en contacto con los y las marginales (incluso se usa esa palabra a nivel político contra el adversario), con los más necesitados, que cada día son más, y en general con la clase trabajadora más castigada. Por recordar; el binomio independencia/socialismo surgió para ellas. No para monumentos de bigotudos o barbudos, ni bonitas fotos de cartel electoral.
 
El asistencialismo es una palabra maldita para el movimiento revolucionario. Ya que siempre se dice que “hay que cambiar el sistema” y no “poner parches”. Y podrá ser verdad. De hecho, lo es. Pese a todo, que el asistencialismo- revolucionario o lo que se llama la ayuda mutua, esté totalmente desaparecida de la linea política a seguir (y aquí no se salva nadie) es una de las explicaciones más sencillas y reales que existen para que el proyecto independentista y socialista no arrase en el grueso de la clase trabajadora vasca. Que es la mayoría de la población.
 
Si el sistema es el que gestiona (mal) las necesidades más vitales, la gente se quedará con el sistema. Si el movimiento revolucionario baja al barro y se llena de mierda hasta arriba, teniendo en cuenta además que verdaderamente este movimiento revolucionario está para velar por los y las desposeídas, las cosas pueden empezar a cambiar. Periko Solabarria no era de los imprescindibles porque fuera un activista que estaba en todas las manifas, sino porque estaba con lo más profundo del pueblo trabajador y necesitado de Euskal Herria.
 
Hoy el asistencialismo burgués tiene cogida la bandera que un día se quedó tirada en el suelo y hay que arrebatársela, en nuestro caso (y al contrario que el asistencialismo sistémico o cualquier planteamiento derechista, que parten de objetivos en realidad en contra del pueblo trabajador), de una manera genuina pues la patria vasca, esa que decimos querer liberar para los y las de abajo, está precisamente compuesta por ellos y ellas.
 
¿Cómo hacerlo? En algunos casos del enemigo el consejo, como la experiencia explicada al principio. En otros viendo la importancia estratégica de por ejemplo iniciativas como la que fue sepultada a base de represión en Iruñea cuando se intentó okupar un espacio para ofrecer vivienda al pueblo. Creo que la profundización y teorización del pisar barro, de volver a las profundidades del pueblo trabajador más castigado y marginal debe ser el principio de una linea política ascendente revolucionaria sin la cual jamás ganaremos el corazón de este pueblo para algo que merezca la pena. Por lo que debe existir una traducción política en todo ello y también una nueva forma de militancia que viva y conviva con el sufrimiento de cada vez más gente. No como UNICEF, sino como algo que luche por transcender. Tal como hicimos en las inundaciones y luego se fue perdiendo. Esa conexión va a ser la pieza clave del futuro. De pueblos y barrios en rebeldía hasta dar la vuelta a todo. Ni que decir tiene que entre otras cosas para ello, de una forma profunda y sistemática, va a hacer falta una estructura revolucionaria hoy inexistente.
 
 
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