domingo, 4 de diciembre de 2016

La crisis del PSOE en perspectiva histórica I


Por Mark Aguirre, El Viejo Topo
La mecha que ha hecho estallar al PSOE la encendió Rodríguez Zapatero cuando en el año 2011 modificó de la mano de Rajoy el articulo 135 de la constitución española. El artículo nuevo consagró la estabilidad presupuestaria, instaurando el neoliberalismo en el régimen postfranquista como si de otro Rey se tratara.
Al hacerlo Zapatero acabó con el ADN keynesiano del PSOE profundizando de paso la crisis del régimen donde un sistema bipartidista al estilo alemán había sido funcional. Con el acuerdo los dos partidos pasaban a ser uno solo con dos fracciones públicas. Una conservadora y la otra menos conservadora disputándose el gobierno. Un gobierno PP-PSOE pasaba a ser lo más normal en tiempos de crisis, donde las rencillas familiares y las pequeñas diferencias deben olvidarse por el bien de todos.
 
Zapatero debía saber que instaurar la estabilidad presupuestaria en el año 2011 significaba subordinar los gastos sociales al pago de la deuda pública. El estado, entonces en buena forma fiscal, se preparaba para asumir la enorme deuda privada que el corrupto e ineficiente modelo económico del pelotazo había generado. En otras palabras, la modificación constitucional blindaba la expropiación de ingresos monetarios y sociales de la mayoría de la población para entregárselos a banqueros y sus accionistas en apuros.
 
Posiblemente el PSOE no había valorado bien la implicación histórica que su reforma constitucional llevaba consigo. El desmantelamiento paulatino del Estado de Bienestar y la renuncia al déficit keynesiano era dejar al PSOE sin sus señas de identidad. Al sacrificar el PSOE su propio ADN era cuestión de tiempo que la crisis estallase y de manera desgarradora. Modificar un ADN es una cuestión enormemente seria que ocurre raramente.
 
 
 
Si algo había caracterizado a la socialdemocracia hasta ahora, había sido su capacidad para adaptarse a los cambios sociales sin perder el apoyo de grandes mayorías, un don que parece haber perdido. La socialdemocracia se rehizo durante la crisis de entreguerras en el comienzo del siglo XX cuando era un movimiento socialista reformista y lo hizo posteriormente en la postguerra cuando fue hegemónica durante décadas tras aceptar el capitalismo sin renunciar a los intereses de los trabajadores. La socialdemocracia ha sido el partido político quizá más importante en la historia del siglo XX en Europa. Pero está fracasando al comienzo del siglo XXI al intentar adaptarse al neoliberalismo. El experimento sin éxito de lo que se llamó la “tercera vía” le ha dejado sin otra opción que la de unirse con los conservadores neoliberales.
 
Establecida en las postrimerías del siglo XIX como un partido político independiente, la socialdemocracia se hizo popular por sus batallas en defensa de los intereses generales de los asalariados proclamando la necesidad de una revolución social. Las ideas de Carlos Marx, quien había estudiado críticamente c-cómo funciona el capitalismo, fueron muy importantes en este proceso.
 
Marx pensaba que el camino electoral podía ser una opción siempre y cuando la burguesía aceptase la democracia. Una evolución que él consideraba altamente improbable –por eso vio con buenos ojos la Comuna de París– viendo la estructura social piramidal de corte bipolar que generaba el capitalismo durante el siglo XIX. Una estructura social similar a la del capitalismo tardío actual del 1%. La dinámica capitalista actuaba como una fuerza centrifuga desplazando hacia la base al grueso de la población y a un minoría hacia el vértice de la pirámide. Distanciando cada vez más a los pocos de arriba de los muchos de abajo. Si se mantenía la democracia con una estructura social de estas características era posible convencer a los obreros de la necesidad de una revolución social.
 
Berstein, un discípulo de Marx, estudió la estructura social del capitalismo alemán e inglés durante las primeras décadas del siglo XX, cuando Marx ya había muerto, y descubrió que a diferencia de lo que había ocurrido durante el siglo XIX, los ingresos de los trabajadores en vez de disminuir aumentaban y la estructura social en vez de polarizarse se estratificaba. El incremento de la productividad podía aumentar los salarios sin que las expectativas empresariales de beneficios disminuyesen. En otras palabras, el capitalismo generaba riqueza y si los sindicatos obreros se expandieran podrían obligar a los capitalistas a frenar sus ansias de ganancias aumentando el bienestar general de la población. Este compromiso con el capitalismo que proponía Berstein se plasmó en el apoyo de la socialdemocracia a la primera guerra mundial imperialista. El voto por los presupuestos de guerra significó la primera ruptura. La socialdemocracia se partió en dos. En España, fue durante la guerra civil cuando las juventudes socialistas lideradas por Carrillo se unieron al Partido Comunista, pero en Alemania y Rusia había ocurrido mucho antes a consecuencia de la Revolución Rusa.
 
 
 
A los reformistas socialdemócratas les costó tiempo encontrar la fórmula que permitiese conciliar la democracia y el capitalismo con los intereses de los trabajadores organizados como clase dentro del capitalismo. La encontraron experimentando con sus gobiernos. En Escandinavia los socialdemócratas lideraron fuertes luchas sociales hasta llegar al gobierno cuando la gran crisis capitalista del 29. Al adoptar políticas económicas keynesianas lograron defender los intereses de los trabajadores dentro del capitalismo sin renunciar a la lucha de clases.
 
El keynesianismo parte de que el capitalismo es inestable y el gobierno puede afectar positivamente a la economía, y debe actuar. Una política que reactive la demanda podía conciliar mayores salarios y pleno empleo con beneficios aceptables. El estado podría endeudarse en época de depresión económica y pagar las deudas durante la expansión. Zapatero, al reformar la constitución renunció a estas armas económicas que podían ayudar a los trabajadores en tiempos de crisis y que habían sacado a la socialdemocracia de un camino sin salida. No era un problema académico o de la teoría económica, sino político. Los neoconservadores habían decidido que no veían motivos para renunciar a parte de sus ganancias para dárselas a los trabajadores.
 
 
 
Estas políticas keynesianas habían convertido a la socialdemocracia en la fuerza hegemónica durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX. Los trabajadores organizados como clase consiguieron conquistas sociales que ninguna otra sociedad había conseguido sin renunciar a la democracia. Fue con este programa keynesiano con el cual Felipe González refundó el PSOE en los primeros años de la democracia, con un partido en donde era mayoritario el reformismo socialista de la primera socialdemocracia que se identificaba con Marx. En septiembre de 1979 el PSOE–González necesitó celebrar dos congresos el mismo año para lograrlo –renunció al marxismo y asumió los postulados democráticos que la socialdemocracia europea había adoptado como señas de identidad hacía ya muchos años. Hasta que Zapatero reformó la constitución, durante casi cuarenta años el PSOE había tenido como referencia ese congreso, habían reconocido al capitalismo pero también al menos programáticamente los intereses de los trabajadores organizados como clase. El PSOE defendía salarios dignos, empleo para todos y el estado del bienestar; ahora nadie sabe lo que es y lo que quiere. Todo lo tiró por la borda Rodríguez Zapatero al cambiar la constitución para hacer felices a los banqueros. Muchos intuyen que el PSOE los ha abandonado y otros piensan que ha perdido su utilidad. Es muy probable que lo que ocurre en Cataluña –un PSC-PSOE irrelevante– pase en toda España en los próximos años.
 
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