martes, 3 de enero de 2017

100 Años de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Su significado en los destinos históricos de la URSS


En el primer día de la victoriosa Revolución de Octubre, en la reunión del Soviet de diputados trabajadores y soldados de Petrogrado, sonaron las proféticas palabras de Lenin:

“A partir de ahora comienza una nueva fase en la historia de Rusia. La tercera revolución Rusa será la cumbre de la victoria socialista“.

La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia fue una revolución socialista. El carácter socialista de la Revolución de Octubre se demostró, sobre todo, en el hecho de que la clase obrera -la más revolucionaria de todas las clases oprimidas existentes hasta ahora- tomó el poder e inició la construcción de la sociedad socialista.

“Precisamente por eso -escribe el camarada Stalin-, el triunfo de la Revolución de Octubre marca un cambio radical en la historia de la humanidad, un cambio radical en los destinos históricos del capitalismo mundial, un cambio radical en el movimiento de liberación del proletariado mundial, un cambio radical en los métodos de lucha y en las formas de organización, en el modo de vida y en las tradiciones, en la cultura y en la ideología de las masas explotadas del mundo entero“.

La Revolución de Octubre arrebató de las manos de los terratenientes y capitalistas sus medios de producción, transformándolos en propiedad socialista. El proletariado arrancó de las manos de la burguesía el nervio básico de la vida económica -los bancos- y luego efectuó la expropiación de las fábricas, centrales eléctricas y transportes que fueron entregados al gobierno socialista.

La Revolución de Octubre liquidó el sistema estatal burgués y creó un nuevo sistema: la democracia soviética. La Revolución de Octubre, bajo la bandera del internacionalismo, la amistad de los pueblos, liberó a los pueblos de Rusia de la opresión nacional-colonial y dio inicio a la creación de un Estado multinacional soviético.

La Revolución de Octubre resolvió los problemas que la revolución burguesa de febrero no podía resolver ni tampoco remediar.

“Hace ciento cincuenta y doscientos cincuenta años atrás – escribió Lenin – los líderes avanzados de las revoluciones (por no hablar de un sólo tipo nacional común) se comprometieron con los pueblos a liberar a la humanidad de los privilegios de la Edad Media, de la desigualdad de la mujer, de las preferencias estatales por la religión (o, en general, de la “idea de religión” o “religioso”), de la desigualdad de las nacionalidades. Prometieron y no cumplieron. No pudieron cumplir porque se lo impedía el “respeto”… la “sagrada propiedad privada” (tomo 27, p. 26).

“Eliminamos toda la suciedad monárquica como nadie lo había hecho, como nunca” -escribe Lenin en el mismo artículo-. “No dejamos ninguna piedra sin mover, ladrillo por ladrillo en el secular edificio de castas (los países más avanzados, como Inglaterra, Francia, Alemania, no se liberaron hasta ahora de las supervivencias de la casta) Precisamente las raíces más profundas de la casta: los residuos del feudalismo y de la servidumbre en la agricultura, fueron arrancados por nosotros de raíz“.

Lenin declaraba:

“Para asegurar a los pueblos de Rusia los logros de la revolución democrático-burguesa, tuvimos que ir más allá y fuimos avanzado. Resolvimos los problemas de la revolución democrático-burguesa como algo secundario, como un producto secundario de nuestro principal y verdadero trabajo socialista, proletario, revolucionario“.

La liquidación total de los terratenientes fue un golpe no sólo para el régimen de servidumbre agrícola rusa, sino también para el imperialismo ruso, porque las propiedades de los nobles estaban hipotecadas y re-hipotecadas a los bancos, porque los propietarios estaban estrechamente vinculados con el capital financiero. La salida de la guerra imperialista fue un poderoso golpe al imperialismo, porque al salir Rusia de la guerra, rompió las viejas conexiones imperialistas y escapó de la dependencia esclavista de los poderosos Estados imperialistas. Después de la revolución de febrero, el proceso de la lucha revolucionaria de la clase obrera siguió sin interrupción. Esta, cada vez más decidida, luchaba contra el Gobierno Provisional burgués, contra el orden burgués, manifiestándose cada vez más unida, uniendo sus fuerzas y las de todos los trabajadores para derrocar el poder imperialista en el país.

Antes de la Revolución de Octubre, Rusia atravesaba una crisis nacional. Uno de los más importantes síntomas de esta crisis fue el levantamiento campesino.

“Ante la existencia del levantamiento campesino, los demás síntomas políticos, aunque fuesen contradicciones que competirían para la maduración de la crisis nacional general, carecerían de valor“. (tomo 21, p. 237).

También fue una demostración de una crisis general en el país la desmembración cada vez mayor del imperio ruso y el movimiento de masas contra la política exterior del Gobierno provisional. La única fuerza capaz de resolver los problemas nacionales era el proletariado.

“El problema de las nacionalidades y el problema agrario, son problemas radicales en la actualidad para las masas pequeñoburguesas de la población rusa. Es indiscutible. Y de estos problemas no está separados el proletariado. Este tienen detrás de sí a la mayoría del pueblo. Él es el único capaz de llevar a cabo una política decidida, real, “revolucionaria y democrática” sobre ambos problemas, lo que garantizará al Estado proletario no sólo la ayuda de la mayoría de la población, sino que también despertará una verdadera explosión de entusiasmo revolucionario en las masas“.

La experiencia rusa ha demostrado que los intereses de la mayoría del pueblo, de la mayoría de las naciones, en el momento histórico de transición de la preparación y realización de la revolución socialista, coincidían con los intereses del desarrollo socialista del país.

El problema agrario

Para la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, la tarea de vital importancia era la abolición de la servidumbre feudal en el campo y del atraso medieval en la economía y en la política del país. En esto estaba interesada la inmensa mayoría del pueblo, casi toda la nación, a excepción de un pequeño círculo de terratenientes. Esta era, precisamente, la tarea necesaria para los intereses de toda la nación. Y como la servidumbre y el medievalismo se manifestaban especialmente en lo relacionado con la tierra, la solución del problema agrario adquiría una importancia radical de primera magnitud.

“La historia de los años 1905-1909 mostró el significado radical de primera magnitud para el país, del problema agrario en la afirmación de la revolución burguesa de un tipo definido en Rusia“. (Vol 14, p. 215).

Los terratenientes aburguesados que comprendían la necesidad de una transformación de la antigua estructura sobre la base de la servidumbre en la economía, pretendían representar los intereses nacionales, pero preferían efectuar esta transformación a su manera: con cuidado, de forma gradual y en detrimento, sobre todo, del campesinado, con un proceso doloroso y lento de empobrecimiento y aniquilamiento de millones de campesinos.

Así trataba Stolypin de resolver los problemas radicales del desarrollo de Rusia. Esta era una política anti-popular, anti-nacional. La tarea del desarrollo burgués en Rusia fue resuelto por Stolypin, no a favor de los intereses de la inmensa mayoría de la nación (campesinos), sino en favor de los intereses de los terratenientes.

A esta manera de resolver básicamente el desarrollo burgués en el problema agrario de Rusia contra los intereses de la mayoría de la nación, Lenin la llamaba el método prusiano del desarrollo del capitalismo en la economía campesina. Así, estaba claro que los terratenientes que habían adoptado el método prusiano del desarrollo capitalista no podían representar los intereses del pueblo.

Hasta la Revolución de 1917, el problema agrario fue el problema básico del desarrollo burgués de Rusia. Después de la revolución de febrero, los principales problemas en el desarrollo de Rusia adquirieron otro carácter, otro significado.

La guerra imperialista y la revolución de febrero profundizaron e intensificaron todas las contradicciones en Rusia, atándolas en un sólo ovillo. La historia presentó ante Rusia el siguiente dilema: o perecer o avanzar a toda máquina. Avanzar quiere decir ir por el camino de la revolución socialista, del desarrollo socialista. “Quedarse parado en la historia no es posible, y más aún durante la guerra” – escribió Lenin en 1917. O avanzar o retroceder. Avanzar en la Rusia del siglo XX, que conquistó la República y la democracia en la lucha revolucionaria, es imposible sino es hacia el socialismo.

Los problemas básicos de la revolución burguesa podrían resolverse simplemente con el derrocamiento de la burguesía. Rusia comenzó la revolución socialista. La tarea principal para el futuro desarrollo de Rusia era el problema del poder, de establecer la dictadura del proletariado. Todas las demás cuestiones estaban subordinados a esta.

En septiembre de 1917, Lenin señalaba el radical cambio en la colocación del problema agrario:

“La nacionalización de la tierra en el problema agrario adquiere inevitablemente otra determinación. Es decir: la nacionalización de la tierra no es solamente “la última palabra” de la revolución burguesa, sino también un paso hacia el socialismo“. (Tomo 21, p. 233).

La única fuerza capaz de resolver las tareas que se presentaban en el país era la clase obrera, cuyo objetivo eran la transformación socialista de la sociedad rusa. Las tareas nacionales de Rusia coincidían con las tareas de la clase obrera.

La clase obrera rusa poseía todas las cualidades de líder de masas, de dirigente del movimiento revolucionario y de guía en la lucha revolucionaria contra los terratenientes y la burguesía: actividad política, organización, disciplina, capacidad de raciocinio teórico y político, profunda inteligencia, contacto estrecho con todas las clases y grupos oprimidos de la sociedad rusa. Todo esto facilitaba a la clase obrera rusa el cumplimiento de su papel como líder y dirigente de las masas populares.

El proletariado ruso, que entró en la época del imperialismo más organizado que la clase obrera de Inglaterra, Francia y Alemania, creó bajo la dirección del Partido Bolchevique, organizaciones combatientes de clase contra los terratenientes y burgueses, con una fuerza amenazante, y guiaba y dirigía al campesinado a la lucha de liberación.

Egoísta, cobarde, conciliadora con el zarismo, traidora del pueblo, sin fuertes organizaciones de clase y partidos, sin ninguna experiencia en combinaciones parlamentarias y en luchas políticas, eso era la burguesía rusa.

La clase obrera planteó la consigna de liquidar el zarismo y pasar de inmediato a la lucha por la liquidación del régimen burgués y establecer la dictadura del proletariado. El partido de la clase obrera no ocultaba que el objetivo del proletariado ruso era el establecimiento de su dictadura, con la cual podría vencer la resistencia y oposición de los terratenientes y capitalistas derrocados y organizar la construcción de la sociedad comunista.

En los intereses de todos los trabajadores de Rusia estaba la victoria del proletariado. En el proletariado ruso existía la clara convicción de que las clases y naciones oprimidas de Rusia podrían obtener éxito solamente cuando marchasen por el camino que les guiaba al proletariado. El Partido Bolchevique, en una cruel pelea con los enemigos del socialismo, llevó a todos aquellos que estaban luchando bajo el yugo zarista por el camino del proletariado.

El proletariado ruso y su partido asumieron el papel dirigente en el movimiento popular revolucionario. Precisamente porque la clase obrera aseguraba su organización de clase, precisamente porque salió con su programa socialista de clase, fue capaz de defender su independencia y conquistar el papel de líder y de fuerza dirigente en el movimiento revolucionario y en la lucha contra los terratenientes y capitalistas.

En este sentido le ayudó mucho, no sólo su organización independiente, sino también la capacidad de asimilación y claridad teórica del proletariado ruso. Los geniales líderes Lenin y Stalin le proporcionaron el arma poderosa del marxismo-leninismo. El partido bolchevique rechazó los intentos de la burguesía de someter a la clase obrera a su ideología y, al mismo tiempo, con su abnegado trabajo, limpió el camino para la penetración de la influencia y dirección proletaria en el entorno campesino y de los sectores más pobres de la ciudad.

La clase obrera rusa, que se formó y creció, en primer lugar, dentro de los marcos nacionales, cogió lo mejor, lo más avanzado de las tradiciones de su pueblo, revisó los principios del nacionalismo y enfrentó la ejecución de las tareas nacionales.

Y esta es la razón por la cual coinciden en Rusia las tareas socialistas y nacionales. Sin embargo, sólo el movimiento socialista proletario aseguraba la legítima, coherente y decidida ejecución de las tareas nacionales.

El carácter liberador de la Revolución de Octubre en el plano económico

Desde la segunda mitad del siglo XIX se creaba para Rusia un peligro verdaderamente real de esclavitud y pérdida de la independencia como Estado. La Rusia zarista, cada vez más atrasada, quedaba rezagada del desarrollo económico de los países más avanzados y, por lo tanto, caía cada vez más bajo la dependencia esclavizadora de otros Estados. Cada vez más aumentaba “el papel dependiente, tanto del zarismo como del capitalismo ruso en relación al capitalismo europeo“.

Con una cifra comparablemente alta de la producción en la industria del carbón, Rusia no tenía industria de maquinaria pesada. La industria textil -la única enteramente en las manos de los capitalistas rusos- dependía también de las empresas extranjeras, ya que no poseía fabricación propia de maquinaria necesaria.

En las empresas organizadas por el capital extranjero en Rusia, la producción estaba organizada de tal manera que aumentaba la dependencia técnica-económica del país. Por ejemplo, en las empresas de producción electrotécnicas, en las que prevalecia el capital alemán, faltaban series completas de producción: se importaba de Alemania una cantidad de detalles. Los capitalistas extranjeros, con pleno conocimiento de causa, frenaban e impedían la construcción de maquinaria. En la Rusia zarista se importaba el 60% de la maquinaria para la industria y el 58% para la agricultura. Para evitar las barreras de la aduana, el capital extranjero emigró a Rusia. En Rusia encontraba mano de obra barata, protección de la burocracia zarista y una burguesía desorganizada, incapaz de hacer frente a la competencia extranjera.

En pocas palabras, el capital extranjero cubría las principales ramas de la industria rusa: metalurgia, 72%; carbón de la cuenca del Don, 70%; petróleo, 60%; electrotécnica, 90%. En las minas de la cuenca del Don, en los campos petrolíferos de Bakú, en la producción metalúrgica de Ucrania mandaban los capitales extranjeros. Los altos funcionarios zaristas ayudaban a los accionistas extranjeros a ganar posiciones de mando en la economía rusa. Los más inteligentes de los representantes zaristas no veían otra solución a la atrasada situación económica del país, salvo la de la entrada de capital extranjero. Es muy característica la famosa declaración del ministro zarista Witte: “Si continuamos esperando a la creación de empresas productoras por la vía de capitales nacionales, tendremos que esperar mucho tiempo para ver algunos resultados positivos y en este tiempo Europa continuará avanzando, dejándonos más atrás“. Witte suponía que el capital extranjero serviría de alguna manera de escuela a los capitalistas rusos. Es obvio que este camino sólo llevaba a la transformación de Rusia de un país semicolonial a una colonia del imperialismo europeo occidental.

En el período de la primera revolución rusa, los imperialistas occidentales hicieron lo suficiente para consolidar la esclavitud financiera de Rusia y garantizar el régimen antipopular zarista.

“En 1906, cuando la revolución estaba desarrollándose en Rusia, Occidente -como indicaba el camarada Stalin- ayudó a la reacción zarista a levantarse concediéndole un préstamo de dos mil millones de rublos. Y, efectivamente, el zarismo se mantuvo con el precio de la esclavitud financiera de Rusia a Occidente“.

El camarada Stalin señaló, no por casualidad, la naturaleza esclavizadora de estas transacciones financieras. Tales préstamos eran extraordinarios. En sí mismo, un préstamo no quiere decir que el país se entregue a la esclavitud. Inglaterra recibía préstamos de América, de Francia, de Alemania, pero estas eran transacciones financieras entre países iguales. La Rusia zarista aceptaba préstamos de países extranjeros, les daba un derecho ilimitado para explotar sus riquezas, el uso de fuentes de energía, la gestión de los bancos y de las empresas productoras. De esta manera, la influencia del capital extranjero en forma de préstamos esclavizaba a Rusia en el sentido económico, teniendo en cuenta que la dependencia económica también se convertía en dependencia política.

Así, el zarismo se estaba convirtiendo en enemigo del pueblo, no sólo como cabeza dirigente del sistema de servidumbre agrícola y con su consecuente atraso general, sino también como el instrumento de esclavitud extranjera, agente de capitales extranjeros, con el fin de sacar del pueblo agotado los millones necesarios para el pago de los intereses del préstamo. La autocracia, como indica el camarada Stalin, dejaba el camino libre para el capital extranjero, que tenía en sus manos las industrias básicas de la economía rusa, tales como el combustible y la metalurgia. Y es por eso que un verdadero patriota debe odiar la autocracia zarista.

En el verano de 1915, el ejército ruso sufrió una serie de derrotas. El desastre en el frente se complementaba con el desorden en la retaguardia. Rusia caminaba directamente hacia el abismo.

La Revolución de Febrero no cambió casi nada el sistema social de Rusia

En febrero de 1917, el zarismo fue derrotado. Triunfó la revolución democrático-burguesa; sin embargo, después de esto, el poder estatal en Rusia cayó, como se sabe, en manos de los representantes de la burguesía y de los terratenientes aburguesados. La revolución de febrero no cambió casi nada el sistema social de Rusia. El estado de servidumbre no fue destruido. La burguesía, tras llegar al poder, conservó plenamente la esencia de la política interior y exterior del zarismo.

Estando destruidas las bases del antiguo ejército, la revolución de febrero no creó un nuevo ejército. El gobierno provisional burgués no pudo evitar el peligro amenazador que se aproximaba: la pérdida de soberanía rusa. El país siguió por los mismos caminos que inevitablemente debían conducir a la pérdida de la soberanía.

Estando en el poder el cadete Miliukov o el “socialista” Kerenski, su política llevaba siempre impreso un carácter antinacional. Tales políticos llevaban al país a la catástrofe. Cadetes, mencheviques, cubriéndose con una fuerte fraseología “patriótica”, cerraban al país la única salida a la inevitable catástrofe. Entragaban a Rusia al robo de los accionistas extranjeros, banqueros y productores. Sacrificando, “para satisfacer a sus jefes”, al ejército debilitado,deshecho y sin preparación, ellos mismos contribuían a su derrota.

El gobierno provisional burgués arrastraba a Rusia a la esclavitud extranjera. Siguiendo la política nacionalista del zarismo, este gobierno aumentaba el desmoronamiento del imperio multinacional.

El papel del Partido Bolchevique

Pero, ¿quién podría enseñarle al país, que estaba en la incertidumbre, su camino histórico? ¿Quién podría unir en esta situación a los pueblos del antiguo imperio zarista?

En Rusia solamente existía un partido político capaz de levantar a las masas y llevarlas a la ofensiva contra el capitalismo. Mientras que algunos demócratas en Occidente se sorprendían de que el pueblo soviético reconociese un solo partido -el Partido Bolchevique- podemos decirles que, en el mejor de los casos, ellos no conocían la historia de la revolución, la historia del país.

En 1917, todas las partes salieron de la ilegalidad y actuaron libremente en el pueblo. El Partido Bolchevique tenía hombres duros en la lucha, cuadros revolucionarios profesionales, obreros avanzados; pero el total de los bolcheviques al comenzar la revolución no era más que 45.000, y sus enemigos estimaban que eran menos. Brillantes maestros y abogados en el Partido Cadete, grande y sólida prensa burguesa; políticos parlamentarios en la Duma, todo eso… debía, sin duda, asegurar el éxito del enemigo. Además, los partidos de la pequeña burguesía -los mencheviques- marchaban ciegamente detrás de los cadetes. Después de la derrota del zarismo, aconsejaban a los agricultores esperar por la tierra hasta la Asamblea Constituyente y luego hasta que la guerra hubiese terminado.

Bresenko, Breschkovskaya, Spiridonovo, Avkientiev, Chernov y otros dirigentes pequeño-burgueses, cada uno a su manera, engañaban al pueblo con frases de libertad y democracia. Los mencheviques del linaje de Plejánov y Mártov, Tzeretely y Seobielev, atacaban como bestias a los leninistas y exigían al gobierno castigos crueles para ellos. En julio de 1917, estos partidos organizaron la masacre de la manifestación revolucionaria en Petrogrado y entregaron el poder a la camarilla contrarrevolucionaria de Kornílov y Kerenski.

Después de julio, los bolcheviques emergieron en la “libre” y “democrática” Rusia como el único partido obligado a actuar semilegalmente y a ocultar sus líderes de los asesinos del gobierno. Los oradores mencheviques seguían debatiendo y les parecía que todo había terminado para los bolcheviques.

Sin embargo, el pueblo tenía fe en el partido, que dirigió a los obreros y soldados en febrero en el asalto a la autocracia y que en junio y julio dirigió a las masas revolucionarias que habían salido a la calle en Petrogrado. El “Pravda” bolchevique continuaba saliendo bajo diversos nombres. Las palabras de Lenin y Stalin, las verdaderas palabras de los bolcheviques, seguían -como antes- resonando en el país, llamando a la lucha. Los bolcheviques mostraban al pueblo la salida revolucionaria de la guerra, el único camino correcto para resolver el problema agrario, el camino de la salvación de la gran hambruna, de la catástrofe económica y de la esclavitud extranjera. Para tomar este camino es necesario, sobre todo, establecer el poder soviético.

Cuando el satélite de los imperialistas extranjeros y la burguesía rusa, el general zarista Kornilov, unió a los sectores contrarrevolucionarios de los enemigos más recalcitrantes del pueblo y los lanzó sobre Petrogrado, ¡el plan de todas las organizaciones y partidos anti-soviéticos estaba claro! A través de Kornilov, la burguesía rusa pensó abrir el frente a los alemanes y recibir el capital, aniquilando los soviets y las organizaciones revolucionarias, exterminar físicamente a los bolcheviques e implantar la dictadura militar. En los días del levantamiento de Kornilov, todas los partidos definieron muy claramente su posición en la lucha social, sus relaciones ante la mayoría del pueblo -obreros, campesinos y soldados-. El cadete Miliukov, Saviakov y el menchevique Voitinsky, todos tomaron parte activa en la organización de la revuelta de Kornilov. ¿A qué llevaría la victoria de Kornilov? Al triunfo de la burguesía contrarrevolucionaria, a la completa pérdida de la soberanía estatal, de la independencia nacional, a la transformación de millones de hombres rusos en esclavos coloniales, al terror más cruel y al aniquilamiento de las organizaciones revolucionarias. Esto era lo que traía consigo Kornilov. Y esto lo demostró la traidora entrega de Riga a los alemanes; esto lo demostraron los fusilamientos de los soldados bolcheviques en el frente de guerra y los préstamos usureros recibidos por los kornilovistas en el extranjero.

Sólo un partido se opuso a Kornilov: el partido de Lenin y Stalin.

Los bolcheviques organizaron a las masas para la lucha armada contra los ejércitos de Kornilov. Desarrollaron un enorme trabajo político, explicando a los obreros y soldados que los mencheviques ayudaban a la traición de Kornilov preparando la dictadura contrarrevolucionaria. El abnegado trabajo de los bolcheviques aisló a las masas de los partidos conciliadores. Perseguido por los sabuesos de Kerensky y los verdugos de Kornilov, el Partido Bolchevique apareció en estos días memorables como el salvador de Petrogrado, como el salvador de la revolución. Su autoridad ante las masas era inmensa. Las indicaciones del partido fueron cumplidas por los trabajadores y soldados sin dudar.

 

Bajo la dirección de los bolcheviques, el complot anti-popular de Kornilov fue completamente liquidado. La lucha de las masas revolucionarias contra Kornilov no pasó sin dejar marcas. Organizando cientos de miles de hombres en la lucha frente a la contrarrevolución, los bolcheviques dieron una nueva vida a los soviets de diputados obreros y soldados y firmaron su influencia en el ejército y en el campesinado.

El 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado discutió la situación actual. Se presentaron dos proposiciones: la bolchevique y la de los “eserys”. Seguros de su influencia, los mencheviques y los “eserys” propusieron acelerar el proceso de votación de la siguiente manera: los que quieren votar por la resolución bolchevique deben ir a la habitación de al lado; los que están a favor de la resolución menchevique deben permanecer en sus asientos. Grande fue la extrañeza de los conciliadores cuando los diputados, en una abrumadora mayoría, se levantaron de sus asientos y comenzaron a dirigirse a la sala que habían indicado para los partidarios de los bolcheviques, que era bastante pequeña. El mismo día -el 31 de agosto-, el Soviet de Petrogrado aprobó la política del partido bolchevique.

Comenzó la era del bolchevismo en todo el país.

Sin embargo, Kornilov inició la rearticulación de sus fuerzas para atacar los soviets. Negociando con los Estados de la Entente sobre la venta de Rusia, los contrarrevolucionarios no tenían vergüenza en pedir ayuda a los imperialistas alemanes. A finales de diciembre, en pocos diarios salió la declaración del menchevique Rodzianko sobre la necesidad de entregar Petrogrado a los alemanes. El lobo más asqueroso de la burguesía rusa argumentaba que, con la toma de Petrogrado, los alemanes ajustarían las cuentas con los soviets y los bolcheviques. A finales de septiembre de 1917 hubo un gran cambio en la historia revolución rusa. Comenzaron los levantamientos campesinos en las aldeas. Bajo la dirección de los bolcheviques se multiplicaron las fuerzas armadas de los trabajadores. Los ejércitos de los frentes norte y oeste y la flota del Báltico se cobijaron bajo la bandera de Lenin. El Comité Central del Partido Comunista decidió movilizar todas las fuerzas para la organización de la insurreción. En la histórica sesión del 10 de octubre, el Comité Central distribuyó a todas las organizaciones locales del partido las directivas sobre todos los problemas prácticos sobre la base de los cuales la insurrección armada era inevitable y estaba completamente madura.

En estos momentos el Partido aumentó en 6 o 7 veces su número. 250.000 bolcheviques encabezaron el ataque de las masas contra la fortaleza capitalista.

Todo el país se cubrió con una red de organizaciones revolucionarias de masas dirigidas por los bolcheviques. Fábricas, centrales eléctricas y comités de soldados, organizaciones juveniles y femeninas, compañías de guardias rojos, milicias de trabajadores, los sectores más revolucionarios de los cosacos y de los marineros, millones de hombres unidos por estas organizaciones por la voluntad de los bolcheviques se unieron al gran ejército de la revolución soviética.

Los demás partidos continuaban trabajando; sin embargo habían perdido para siempre su lugar y eran incapaces de canalizar el curso de los acontecimientos a su favor.

Ya en vísperas de la Revolución de Octubre, los partidos de la burguesía y de la pequeña burguesía rusa perdieron la confianza del pueblo. Fueron denunciados por los bolcheviques como partidos enemigos del pueblo y los antinacionales. Así, creciendo cada vez más, siguió desde febrero hasta octubre el constante proceso de debilitamiento, desmembramiento y derrota de los partidos anti-bolcheviques, proceso que se debe a las brillantes tácticas de aislamiento leninista-stalinista de estos partidos de las masas populares.

Al mismo tiempo, se lograba el proceso de enorme crecimiento y consolidación del Partido Bolchevique. Los bolcheviques, en octubre de 1917, se hicieron con posiciones clave que decidieron la situación. Petrogrado y Moscú, los frentes noroccidentales y occidentales, la Flota del Báltico, los Urales y la cuenca del Don, las zonas productoras del centro y del sur, todas ellas esperaban la señal del Estado Mayor bolchevique para levantar la bandera de la Revolución.

El centro del Partido, con Lenin y Stalin a la cabeza, definió el papel y el lugar de cada destacamento revolucionario, la tarea de cada zona, de cada organización bolchevique. En las áreas de gran importancia, el Comité Central de los bolcheviques tenía sus representantes que dirigían la preparación de la insurrección armada, Yaroslavsky y Schkiriakov en Moscú, Kuybychev y Schvernik en las regiones del Volga, Frunze en la región central de la producción, Kirov en el Cáucaso del Norte, Zhdanov en los Urales, Voroshilov en Ucrania, Schauturiam en Zakavkazie, Miasnikov y Kaganóvich en Bielorrusia, todos estos representantes destacados del partido bolchevique llevaban a cabo el plan leninista-stalinista de la insurrección armada.

Cuando el 24 de octubre se inició en Petrogrado el levantamiento y el gobierno provisional fue derrocado, todo el país se levantó en ayuda de los guardias rojos de Petrogrado. La segunda convención de los soviets, inagurada en los días de la victoriosa insurreción, formó el gobierno soviético bolchevique con Lenin y Stalin al frente. Desde este momento, el pueblo colocó en el poder del Estado ruso solo a un partido: el Partido Bolchevique.

La experiencia histórica ha demostrado al pueblo que debía tener confianza sólo en el partido que aseguró la victoria de la Gran Revolución de Octubre, que salvó al país de la vergüenza de la esclavitud colonial y de la dominación de los terratenientes, y que sólo en él se podía tener fe para construir el nuevo estado soviético: el socialismo.

La Revolución de Octubre terminó con la situación semicolonial del país

La Revolución Soviética declaró la guerra hasta la muerte al nacionalismo burgués, al separatismo, e inició una nueva era en la historia de Rusia, era de la unión de la Rusia soviética, la creación de la poderosa e independiente Unión Soviética de los pueblos.

El partido bolchevique fue el único partido que emergió con un programa que aseguraba a los pueblos de Rusia la posibilidad de la existencia de un estado independiente, autónomo y unido ante la amenaza del enemigo extranjero.

De un solo golpe, la Revolución Socialista de Octubre acabó con la situación semicolonial del país y creó condiciones para el gran desarrollo y crecimiento de la independiente y gran Rusia soviética: la expropiación de los terratenientes y capitalistas, la abolición de la propiedad privada de la tierra, de las fábricas y plantas y su transferencia a la propiedad común de todo el pueblo, la nacionalización de los bancos y el establecimiento del monopolio del comercio exterior. Todos estos logros de la revolución socialista eran una base sólida para la creación de la independencia técnico-económica del estado soviético.

La revolución liquidó todos los préstamos costosos. De esta forma se rompieron las cadenas que arrastraban a Rusia al pasado.

Creado en el fuego de la Revolución de Octubre, el Estado soviético aseguró a sus pueblos libertad e independencia. Esta independencia tuvo que defenderla en crueles batallas con los enemigos de la Unión Soviética durante los años de la guerra civil y, más adelante, en la lucha por la inflexible realización de la política de industrialización socialista y colectivización de la agricultura campesina en los años de la construcción pacífica.

La revolución abrió ante los pueblos de Rusia amplias posibilidades para el libre desarrollo socialista y para la liquidación del secular atraso del país. Pero el carácter socialista de la Revolución de Octubre obligaba a los agresores extranjeros a emplear todas sus fuerzas para lanzar a Rusia por el abismo.

El Partido Bolchevique defendió la libertad y la independencia de Rusia en su lucha contra el imperialismo alemán en 1918.

Después de la derrota de los imperialistas alemanes, los círculos reaccionarios de la Entente trabajaron repetidamente para aplastar por las armas a la Unión Soviética y esclavizar a los pueblos de Rusia. En esta nefasta empresa, los enemigos externos trabajaban en conjunto con los rusos blancos, trotskistas y bujarinistas. Donde aparecían los ejércitos de Kolchak, Denikin y Wrangel, se establecía el régimen de la esclavitud, de la violación y el orden colonial.

El pueblo soviético derrotó a los enemigos extranjeros e internos

En 1919, cuando la Unión Soviética se veía amenazada por un peligro mortal, el camarada Stalin, con su habitual penetración, descubrió el carácter de la guerra patriótica del pueblo soviético en los años de 1918 a 1920, primera guerra por la defensa de las conquistas de la Revolución de Octubre.

“Denikin y Kolchak no constituían solamente el yugo de los terratenientes y capitalistas, sino también el yugo de los sacos de oro anglo-franceses… En este sentido, el gobierno soviético es el único popular y nacional, en el mejor sentido de la palabra, porque lleva consigo no sólo la liberación de los trabajadores del capital, sino también la liberación de toda Rusia del yugo del imperialismo mundial, la transformación de Rusia de colonia en un país independiente y libre“.

El pueblo soviético, guiado por el Partido Bolchevique, derrotó a los ejércitos de los invasores extranjeros y contrarrevolucionarios del interior, liquidó sus intentos de arrebatar las conquistas de octubre.

En la lucha contra la intervención extranjera y de los guardias blancos, el gobierno soviético obtuvo una victoria histórica. El pueblo soviético defendía la libertad y la independencia de su patria en la guerra civil. El apoyo sólido e inquebrantable de nuestra independencia y libertad fue el Ejército Rojo, nacido y templado en la lucha contra la intervención extranjera y los guardias blancos.

El año 1917 llevó a Rusia por el camino del desarrollo socialista. Hace un cuarto de siglo, en la sesión del soviet de Berlín -7 noviembre 1920- el camarada Stalin dijo:

“Rusia, después de su paso por el agua y el fuego, ha forjado el grandioso estado socialista del mundo. Cambiando las conocidas palabras de Lutero, podría decir:” Aquí estoy, en el límite entre el viejo mundo capitalista y el nuevo mundo socialista. En este límite he unido los esfuerzos del proletariado occidental con el campesinado oriental para derrotar al viejo mundo. Que el Dios de la historia me ayude“.

En este cuarto de siglo, la Unión Soviética ha recorrido un camino glorioso de construcción de la sociedad socialista. Siguiendo por esta nueva ruta, el país soviético se ha convertido en un poderoso Estado industrial y koljosiano, que tiene todo lo necesario para defender su independencia. En la gran guerra patria de 1941-1945, el pueblo soviético, en lucha contra un poderoso enemigo armado hasta los dientes, defendió su estado socialista, y una vez más, demostró su invencibilidad.

Ha llegado el momento con el que soñaban los mejores hombres de Rusia. Toda la humanidad progresista contempla la Unión Soviética con admiración, alegría y esperanza, y trata de seguir sus ejemplos de democracia, humanidad y cultura.

Artículo de E. Gorodetzky

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Problemas”, nº4, noviembre de 1947.

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