martes, 24 de enero de 2017

Elecciones españolas, francesas, “vascas”… elecciones burguesas. ¿Participamos o no? ¿Coyunturalmente?

 
 
Por Juanjo Gonzalez

A la hora de tratar el amplio tema de las elecciones políticas donde cada ciudadano está invitado a dar su voto personal, responsable e intransferible, pensamos que hay diversas e importantes cuestiones que es necesario puntualizar. Hay opiniones con obediencia situada en diferentes culturas políticas e ideológicas del ámbito progresista y de la izquierda reformista e incluso de quien pretende ser vanguardia de la revolución, que ni siquiera se plantean algunas de las preguntas y respuestas más sencillas.

O sí las plantean, pero esconden en la práctica la existencia de la lucha de clases. De las clases antagónicas. Esto es, de las clases que tienen intereses tan opuestos y enfrentados que no puede haber entre ellas equilibrio conjunto y apalabrado. Estas preguntas podrían ser: ¿Hay que ir a votar? ¿Para qué? ¿A quién beneficia ejercer mi derecho a votar? …

En primer lugar situar en qué contexto general se dan las diferentes elecciones burguesas. El contexto se basa, por decirlo coloquialmente, en la bien enseñada lección de que hay que participar en las elecciones porque todo es posible en democracia. Nada fuera de ella. Es decir, si no votas, no te pongas en medio ni enredes… Casi igual que jugar a la lotería. Si juegas te puede tocar y si no juegas segurísimo que no. La trampa, tan evidente que parece que muchos no la ven, es que todo está pensado y bien articulado en base a las necesidades y topes que tiene la burguesía y sus instrumentos, el Estado, sus partidos políticos gestores de diversos colores... Todas tienen, en todo caso, como amo superior a las estructuras de los Estados que ocupan a EH en su conjunto.

Decimos que todas dependen de las soberanías española y francesa y esto quiere decir que están subordinadas, administrativa, jurídica, política, cultural y económicamente a los citados Estados. En última instancia, estos Estados son los que mayor potestad tienen y los que pueden disolver autonomías o cualquier otra entidad. Incluso las Policías Autonómicas Españolas (PAE) dependen de España. Si, incluida la PAE vasca (ertzaintza). De tanto repetir lo contrario de a quienes sirven finalmente, parece que estos cipayos son de casa de toda la vida (y no me refiero al lugar de origen u otra interpretación peyorativa o racista sobre sus huestes). Hace años ante un problema ciudadano derivado de un calentón, malentendido, cuestión de tráfico, riña callejera, etc. No se oía decir, pretendiendo intimidar o sacar ventaja a la otra parte: “a que llamo a la policía”. Hoy en día son tan “de casa” que alguna gente los puede llamar para dirimir en una polémica doméstica menor. Impresionante.

Así trabaja el sistema, todos y cada uno de sus intereses, sea en EH o fuera de ella, con una pizca más aquí o más allá. La familia, la educación, la seguridad con sus fuerzas del orden, su entramado administrativo, jurídico, político, económico… Todos esos intereses son diariamente recreados para servir al capital. Y en el campo electoral también, por supuesto. Y esta última cuestión no es baladí.

Así pues, todo ese entramado deviene de las leyes de los Estados ocupantes, para sus nacionales y para las naciones que ocupan. Solo que los ocupados las sienten doblemente. Leyes emanadas de las constituciones españolas y francesas y leyes que en todo caso dependen de la jurisdicción administrativa y penal de los Estados ocupantes. Todo ese complejo se viene a llamar democracia. Así tenemos la democracia española y francesa. Homologadas como tal en los países capitalistas.

Y así tenemos también a los partidos políticos que toman parte en las elecciones. Los hay de centro o centro derecha-derecha (fieles a la España más retrograda y/o fascista). Tenemos otros que navegan desde un supuesto ámbito progresista o de izquierda reformista (último baluarte de la línea defensiva del capital). Y tenemos otros, desde las naciones del Estado español y francés, que como burguesías están totalmente integradas en los sistemas español y francés. Y los que están también integrados, más o menos en la práctica, y que pretenden abandonar España amablemente desde una perspectiva progresista o de izquierda reformista. Como si el hecho de abandonar España o Francia, supusiera comprar un increíblemente barato billete para tan duro, imprevisible y finalmente, en esas condiciones, imposible viaje.

Gran mentira la del reformismo vasco. Es decir que, una vez pasado el tiempo y sintiéndonos no tan a disgusto en España y siendo “democráticamente” (por medio de las urnas del ocupante y del capital) imposible acceder a la Independencia, nadie se va a dejar la piel por una Euskal Herria libre dentro de las filas de la burguesía, pequeña burguesía, o clase trabajadora pudiente.

La Independencia y el Socialismo vendrán, como siempre, por los que no tienen mucho (o nada) que perder. Esos son los que están interesados en la Independencia y el Socialismo. Si no entendemos esta contradicción fundamental siempre tropezaremos.

La cuasi teoría de que no hay otro espacio de lucha que no sea el que el sistema capitalista y sus instrumentos, los Estados burgueses, nos ofrecen, es una mentira tantas veces repetida que se convierte en ley. Esto es, los verdaderos poderes reales del Estado nos ofrecen la oportunidad de gestionar su democracia, sus valores, sus instituciones, su cultura, etc. Eso o no hay juego. Eso o persecución variada y sin límites. Eso o miedo, inestabilidad, desasosiego, multas, cárcel, etc.

Esto no es cuestión de objetar. Oiga, nosotros objetamos colectivamente. Practicamos la desobediencia/insumisión, nos asiste el derecho a… Aquí entras en el juego o no eres nadie. Es como la política del Gara, ala derecha de la derecha de la Izquierda Abertzale Oficial. Lo que no se cuenta no existe. O sea que nos meten en el ostracismo, en la marginalidad, en la anonimidad, en los bichos raros, en no tener una mínima ayuda estatal para políticamente desarrollar nuestras actividades, en problemas de legalización y por tanto serios problemas para organizar una manifestación, pedir un local público para cualquier actividad, constantemente siendo solidarios para pagar multas, viajes a la Audiencia Nacional, a las cárceles, a las cajas de resistencia (cuando las hay), a la lucha contra los desahucios, etc. Es una carrera de obstáculos que no tiene fin.

¿Y si participamos en las elecciones y luego hacemos lo que nos da la gana? Ni siquiera un revisionista o reformista venido hace un minuto podría plantear algo así. Pero, efectivamente, no hay manera de saborear las mieles del sistema y luego rechazarlas. Lo que suele ocurrir, suele ser que antes de tomar parte en las elecciones la cosa ya ha degenerado bastante. Es decir, si participamos tenemos altavoces, tenemos medios de comunicación, tenemos dinero, estabilidad jurídica, etc. Pero no es cierto que desde dentro se pueda pedir la Luna. Eso es mentira.

Desde dentro no se puede luchar por la destrucción del propio sistema que te acoge. Serían los más zoquetes del mundo. Por el contrario, el capital y su sistema son monstruos que nos pisan, nos contratan cuando quieren, nos desahucian, nos enajenan y alienan, nos matan de miseria, de locura o nos cortan el cuello, depende. Pero nunca dejarán una puerta abierta para irse de España y Francia ni cambiar radicalmente su sistema económico.

Vayamos a un parlamento y disertemos sobre la necesidad de una economía planificada, de hacer la revolución, del sujeto revolucionario que la llevará adelante, de la no injerencia en el plano internacional, de la solidaridad internacionalista, sobre la necesidad de un Estado independiente y socialista… de los caminos y medidas a implementar para poder llevar todo ese carro para adelante… Sería terrible. Tendrían que habilitar salas especiales en urgencias de los hospitales vascos para ingresar a parlamentarios, y a otros y otras que estuvieran viendo la sesión parlamentaria por la tele, al punto del colapso por un ataque imparable de risa.

Y, entonces ¿cómo vamos a pelearnos una Euskal Herria Socialista e Independiente? Pues ya sabemos lo que no hay que hacer porque sí. Muy concretas y especiales debieran de ser la coyuntura y las condiciones para decidir una participación electoral a cualquiera de las instituciones y siempre al servicio del movimiento revolucionario. Ésta, en sus términos generales, puede ser una receta para cualquier situación y latitud y, en caso de participar, la actividad-lucha electoral y parlamentaria sería coyuntural, habrá de estar supeditada a las diversas dinámicas del movimiento popular, otras del movimiento revolucionario y a seguir haciendo el camino hacia la revolución.

Si la elección no es coyuntural llegaremos, quizá, a una posible gobernabilidad de la institución X pero nos será imposible hacer la revolución, o caminar hacia ella, desde un bunker de la burguesía estatal o nacional. Y la razón es sencilla y es de presente y futuro. Desde esas instituciones siempre se negará el futuro de una Euskal Herria libre y socialista. El respetado Allende lo intentó.

En concreto no queda mucho para las siguientes elecciones. Otra cosa es ¿qué hacer? La pena es que Lenin no está, así que tendremos que hacerlo con nuestras posibilidades, capacidades y nuestra voluntad de llegar hasta el final. O sea, que entre otras cosas, nuestro camino no pasa indefectiblemente por tomar parte en las siguientes elecciones para organizar, dinamizar y darle aire a la lucha por la liberación nacional y social de EH.

Habrá que analizar y encontrar el equilibrio necesario entre las condiciones objetivas y subjetivas y el camino elegido para la toma del poder. Qué hacer hoy y visualizar el hilo que llegará hasta el mañana, seguramente nos costará. Parece extremadamente complicado. Sí lo es y, en parte, ayudado por los posos de la filosofía, cultura y maneras que la burguesía nos ha inyectado durante tantas generaciones. A pesar de todo, tranquilidad que todo se puede hacer. Hay que estar ahí para empujarlo y posibilitarlo. A darle vueltas. Animo y al tajo.
 
 
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