miércoles, 25 de enero de 2017

Iniciativa Comunista: A 40 años del asesinato de los abogados laboralistas de Atocha



El 24 de enero de 1977 varios pistoleros fascistas armados irrumpen en el despacho laboralista que ocupa la tercera planta del número 55 de la madrileña calle de Atocha. Después de juntar en una sala a los letrados que se encuentran allí en ese momento, los acribillan a tiros. El resultado son cinco muertos y cuatro heridos graves. Este asesinato colectivo forma parte de una estrategia de presión fraguada desde el propio aparato del Estado, dirigido y nutrido por elementos que han hecho toda su carrera guardando fidelidad al régimen franquista, a fin de presionar para que la evolución de los acontecimientos no desbordaran el diseño de una transición controlada.
 
Así dicen las crónicas respecto a dichos sucesos:
 
“Era la culminación de una semana en la que las calles de Madrid se llenaban de gente reclamando amnistía para los presos políticos antifranquistas. El domingo 23, el joven Arturo Ruiz había sido abatido a tiros por pistoleros ultraderechistas, y en la espontánea manifestación de protesta de la mañana siguiente, un policía disparo a bocajarro un bote de humo contra la estudiante Mari Luz Nájera que le hunde el cráneo.
 
El lunes 24 de enero, desde media mañana el centro de Madrid es escenario de decenas de «saltos» protagonizados por manifestantes mayoritariamente jóvenes, que desatan como pueden su indignación por el asesinato de Arturo Ruiz. Enseguida corre la voz de que se ha producido otro muerto. Luego se sabrá que es la joven estudiante de sociología Mari Luz Nájera. A partir de ese momento, decenas de pequeñas concentraciones se van convocando de boca en boca, espontáneamente: A las 12 en la Plaza de España, media hora más tarde en Sol, después en Bilbao, Cuatro Caminos, Embajadores.... Todas las plazas y glorietas de la capital son escenarios de la rabia.”

A las diez y media de la noche, cuando ya hace rato que la represión policial y el fragor de los gritos que reclaman la disolución de los cuerpos represivos franquistas se han calmado, se produce la matanza.
 
Las víctimas mortales del atentado son cinco: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Serafín Holgado de Antonio, todos ellos abogados, y Ángel Elías Rodríguez Leal, trabajador despedido de Telefónica que trabajaba como administrativo en el despacho. Sobreviven con graves secuelas los letrados María Dolores González Ruiz, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Miguel Ángel Sarabia Gil.”
 
Reunidos en asamblea permanente durante toda la jornada del martes 25, más de medio millar de letrados tienen que librar una dura batalla para poder homenajear en el Colegio de Abogados de Madrid a sus colegas asesinados. El ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, prohíbe que se instale en las dependencias del Colegio la capilla ardiente, pero, tras innumerables y muy crispadas gestiones, se consigue rendirles un breve homenaje allí el día 26.
 
Durante un tiempo limitado de tres horas. En la calle de Génova tiene lugar ese día la mayor concentración antifascista celebrada en Madrid hasta la fecha. Posteriormente, miles de manifestantes rompen los cordones de seguridad montados por el PCE, que se ha responsabilizado ante el ministro de la Gobernación de controlar el acto, y se producen numerosos «saltos» de protesta por toda la capital, hasta altas horas de la noche.
 
Francisco Albaladejo fue el organizador del crimen, José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada los autores materiales. También hubo fascistas italianos involucrados, los cuales disfrutaban de protección y capacidad operativa para organizar sus atentados en Italia, mientras trabajaban para la policía española. Pertenecían a la organización Gladio, cuya existencia certificaron el primer ministro italiano Giulio Andreotti y la OTAN en 1990. Estaban llevando a cabo un conjunto de actos terroristas y de desestabilización social que tuvo lugar en ese país durante la segunda mitad del siglo XX, y cuyo objetivo fue impedir que la izquierda italiana alcanzara el poder y pudiera cambiar las estructuras de poder y corrupción del país. En total, siete ultraderechistas vinculados a Fuerza Nueva, Falange Española y la Guardia de Franco fueron condenados, pero la instrucción no llegó más allá.
 
Los años posteriores abundan en las conexiones entre los asesinos y el aparato del estado
 
El juez Rafael Gómez Chaparro, titular del Juzgado Central de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional, que está presente en numerosos procesos abiertos por crímenes cometidos por ultraderechistas durante la Transición, torpedea la instrucción, hasta que es relevado de su puesto, tras la fuga de Lerdo de Tejada de la prisión de Ciudad Real. Este asesino aprovecha un sorprendente permiso penitenciario de Semana Santa que le otorga Gómez Chaparro, en abril de 1979, y no vuelve a prisión. Lerdo aparece después en Perpignan, donde concede una entrevista al periodista ultraderechista Alfredo Semprún, en la que da pistas falsas sobre su futuro paradero, y acaba refugiándose en el Chile de Pinochet.
 
El resto de autores materiales pasaron unos pocos años en prisión, recolocándose posteriormente sin problemas
 
El resto de la historia ya la conocéis: franquistas que comprendieron que el régimen necesitaba un cambio cosmético y mudaron a demócratas de toda la vida de la noche a la mañana, convirtiéndose en salvadores del proceso de cambio junto al rey Juan Carlos I, que solo tuvo que adaptarse a la situación de cambio político; opositores que aceptaron esta situación a cambio de su legalización y fascistas que eludieron las responsabilidades penales por sus actos criminales gracias a la connivencia del Estado. El régimen impuesto por la fuerza tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 logró sentar sus bases para continuar vigente.
 
 
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