miércoles, 18 de enero de 2017

Negociación y proceso de liberación nacional y social.



Por Juanjo Gonzalez


Hay experiencias a lo largo de la historia en las que la Insurgencia Revolucionaria (Insurgencia) ha llegado a la toma del poder y ha conseguido mantener el mismo contra viento y marea. Hay también experiencias en que una vez de haber alcanzado el poder, la reacción burguesa y reformista autóctona con la ayuda internacional imperialista de turno, ha revertido la situación y las aguas han vuelto a los cauces del capital, de la reacción y de la burguesía.

Esa reversión o contrarrevolución, se ha practicado de diferentes formas. Con ocupación militar, con asfixia económica y apoyo a las fuerzas reaccionarias, por mandato de Naciones Unidas en sus cientos de resoluciones serviles al imperialismo, por medio de la Negociación, etc.

En los últimos 60 años, fuera de la toma del poder por la Insurgencia, se han dado unos cuantos procesos de Negociación entre los poderes al mando del Estado burgués y la Insurgencia. Siendo el Estado conocido por democrático, autoritario, opresor, dictatorial, monárquico o de otro formato. La parte de la Insurgencia llega a esa Negociación después de una lucha basada, mayoritariamente, en la estrategia político-militar, insurreccional o de guerra popular prolongada.

En cuanto a la Insurgencia ha sido una fuerza única o diversas fracciones revolucionarias quienes han llegado a la mesa de negociaciones. A su vez, los que se han enfrentado al estado opresor u ocupante han contado casi exclusivamente con sus propias y exiguas fuerzas pero también con un impresionante capital humano en cuanto a entrega y determinación. En la parte del Estado, éste ha contado con su diverso aparato coercitivo, sus fuerzas burguesas, sus fuerzas reformistas, sus medios de comunicación, etc. También el Estado ha contado con la fuerza solidaria o interesada de otros Estados burgueses o con la ayuda-imposición del imperialismo de turno en busca de materias primas, de hegemonizar la zona, etc. Este es el caso de franceses, norteamericanos (yanquis), ingleses, belgas, portugueses, españoles, holandeses, alemanes, italianos etc.

En el tema que hoy nos ocupa trataremos, someramente, el tema de la Negociación (cuando el conflicto llega a este estadio) entre Insurgencia y el Estado y Estados burgueses que acuden en socorro del primero y la intervención, variada en sus formas, del imperialismo. Es evidente, aunque no valga de mucho saberlo, que sin la ayuda exterior de otros Estados y del imperialismo habría habido muchísimas más victorias de la parte insurgente a lo largo y ancho del mundo.

Como decimos, los conflictos armados locales están tan internacionalizados por el imperialismo, por su codicia y mano dura a mostrar cara a otras posibles situaciones similares y son tantas las intervenciones a lo largo y ancho del mundo, que en algunos conflictos han preferido terminar la confrontación con una Negociación entre las partes. Siempre sabiendo que van a salir ganadores, con ventaja absoluta. Y, todo ello, siempre que su tasa de producción de armamento no haya rebosado los arsenales pues, si esto ocurre, no solo no habrá mesa de Negociación sino que se inventarán una guerra ex profeso en cualquier parte.

Y la cuestión de la Negociación se las trae. Cuando imaginamos Negociación entre dos partes entendemos que habrá equilibrio, equidad, generosidad, tablas para que llegue a buen puerto, voluntad inequívoca de alcanzar acuerdos satisfactorios para ambas partes, etc. Pues no. La realidad es bien diferente. Es el propio aparato del Estado, como instrumento de los poderes reales del capital, quien crea un estado de opinión, de salida lógica y democrática que ofrece ante una situación bélica que parece no tener fin. El Estado es generoso, pues.

Todo ello cuando detecta primero y después de explorar confirma que las condiciones para ello están dadas en la parte de la Insurgencia. Si, y aquí empieza el juego. En un primer momento el Estado castiga a la Insurgencia con renovado ímpetu, siguiendo o no su legalidad, su democracia y su constitución. Disecciona la resistencia y va planificando sus estrategias entre las contradicciones que encuentra. Señala los que entiende mantendrán una posición revolucionaria integra hasta el final y quien mantiene posiciones reformistas. Intenta penetrar la Insurgencia tanto como puede, y sugiere de una manera solapada que nadie puede vencer a nadie y que la única solución factible es la Negociación. Es un importante trabajo de inteligencia que lleva complicidades (éstas de por sí serían tema suficiente para otro momento), un buen dinero, tiempo y personal.

Si la Insurgencia (y más si no tiene plan B, retaguardia, etc.) acepta y da por buenos los discursos interesados de entornos del Estado, de los reformistas, burgueses y “personalidades internacionales”… Si le ofertan que la lógica podría ser la de que no tiene que haber vencedores y vencidos, aunque la Insurgencia tendrá que ser “comprensible y generosa”… O incluso admitiendo que al no llegar a una situación de empate con el Estado al que se enfrentan, deciden que por los menos hay que salvar algunas naves… Si ése es el planteamiento que prevalece en la insurgencia, ya han perdido rotundamente y para mucho tiempo, antes de sentarse en la mesa.

Si, encima, se han derrotado unilateralmente tanto en sus reivindicaciones, cuerpo ideológico como en su práctica defensiva y ofensiva político militar, la insurgencia tiene absolutamente todas las de perder. Todas. No tendrá manera de disimular la derrota salvo haciendo el mayor de los ridículos (hay latitudes que como mucho lograron una democracia burguesa tan real que el Estado y sus instrumentos secundarios matan tanto como antes de la Negociación, la riqueza sigue en manos de las mismas familias, el Estado sigue al servicio de la oligarquía y, como no, la vida parlamentaria se puede ver por quien tenga televisión. Por resumir)

En primer lugar porque una Negociación de esas características tiene una realidad anterior. Como decimos, la Insurgencia, sabe de antemano que no puede ganar y piensa negociar y arrancar al enemigo lo más que pueda. Error porque una de dos, o el Estado se cierra en banda, o comienza un teatro que más o menos se puede repetir en diversas latitudes pero con señales parecidas.

Esto es, el Estado comienza admitiendo algunos puntos en los que podría haber acuerdo… Muestra sus contradicciones, necesidades y obligaciones imperiosas en la mesa, obstáculos varios... A la vez, no se muestra escrupulosamente claro. Argumenta agentes o entidades, incontroladas debido a su gran poder, que no lo van a permitir… Siempre jugando a encontrarse en el límite, pidiendo comprensión, etc. Hay todo un equipo de especialistas preparado para conducir esa mesa de Negociación por parte del Estado. Demasiada experiencia y poder para mostrarse generoso. El Estado va a ganar y a destrozar y humillar si puede.

Al mismo tiempo el Estado siempre tiene la opción tahúr de no cumplir lo acordado con cualquiera de las disculpas al uso. Si además de eso, y desde la parte de la Insurgencia se mantiene la posición de no romper la Negociación cueste lo cueste y/o de no armar mucho ruido para no incomodar a la otra parte o, incluso, si hubiera decidido secretamente de antemano acabar con el enfrentamiento armado desechando con anterioridad la estrategia político-militar y sacar algún beneficio con el cambio de estrategia… pues es como si la Insurgencia cavara su propia tumba. De todo puede haber. También la Insurgencia que nada más empezar el proceso de Negociación se levanta de la mesa porque constata sus peores temores.

Y si el Estado está convencido de esa situación de debilidad o rendición encubierta interna de la insurgencia, jugará con todas las cartas marcadas. Alargará la Negociación durante meses. Generará un estado de opinión favorable a que salga algo positivo de esa mesa. Las personas en general querrán que de ahí salga un acuerdo. Y el Estado sigue preparando a la opinión pública afirmando que es bondadoso pero que todo tiene un límite y si los terroristas hacen trampas o exigen cuestiones políticas, nada se podrá hacer. Si en ese tiempo la Insurgencia débil cara a la mesa pero, más o menos, con presencia en la calle, no aprovecha el momento para ocupar las avenidas y exigir los derechos elementales como pueblo o parte oprimida, ocupada y reprimida, según el caso… no hay nada que hacer. Absolutamente nada.

Si el enemigo conoce tus planes más importantes, conoce tus contradicciones, tus puntos débiles, a qué estás dispuesto y a qué no. Pues… lógicamente, el error de ir a la mesa, es tan grande que a la Insurgencia le va costar tiempo remontar la voluntad para la lucha, para aguantar la represión para seguir creyendo en un futuro de liberación nacional y social.

Aún se puede esperar algo peor. Estando la situación en ese estadio, el Estado incluso se negará a sentarse en una mesa de Negociación, simplemente, por abandono práctico de la Resistencia. El Estado sabe desde el principio que ante una larga lucha la Insurgencia siente el desgaste acumulado por los años de enfrentar al enemigo, y el Estado sabe que, en esa contradicción, cuenta con la sempiterna presión de la pequeña burguesía, de la fracción reformista y burócrata para llevar las aguas a su cauce. El Estado y sus aliados, conocen bien las dificultades de la Resistencia para el debate tranquilo, democrático, con tiempo.... Demasiadas cuestiones quedan en la confianza debida.

Y los que han abandonado la lucha, coyunturalmente, pensaran que podrán intentar salvar el barco, menospreciando lo ocurrido, mintiendo… Pero poco a poco la ya perdedora y reconvertida Insurgencia, se irá integrando en el sistema y alejándose más y más hasta llegar a enfrentar (no confrontar) incluso las posiciones y fuerzas revolucionarias.

Las conclusiones parecen claras. La Negociación es un terreno situado en la parte del enemigo nacional y de clase. Y no tener esto en cuenta sería un grave error de fatales consecuencias. La Negociación pasa por las decisiones del enemigo desde el principio hasta el final. Comienza con la intervención de “gentes buenas” que trabajan en el ámbito internacional favoreciendo procesos de resolución de conflictos y se acaba sustentando, de una manera u otra, las tesis aceptables para el enemigo.

Y los Estados, intermediarios o facilitadores o que pueden dar albergue temporal mientras transcurra tal evento, si el Estado les aprieta, se situarán al lado del Estado, del enemigo. Y los diversos intermediarios lo pueden hacer de diversas maneras. Por ejemplo, por supuesto, confidencialmente, afirmando que dadas las posturas de la Insurgencia el Estado no puede admitirlas o constata que a pesar de los pasos dados por la Insurgencia el Estado se cierra en banda… Que dadas las circunstancias los intermediarios no pueden seguir ofreciendo sus buenos oficios y su infraestructura si no hay mesa de Negociación, pues los representantes de la Insurgencia estarán perseguidos internacionalmente, etc. De un lugar a otro del planeta pueden cambiar algunos matices. No más.

Dicho esto, se puede afirmar que un Movimiento de Liberación Nacional y Social no puede incluir en el largo proceso por su liberación, la Negociación como un frente que tiene que trabajar, ni menos como objetivo táctico y mucho menos estratégico. El proceso revolucionario tendrá que partir de otros presupuestos. Cuales, cómo, cuándo, con quien… lo tendrá que decidir cada Insurgencia. Cada coyuntura concreta habrá que analizarla pero sin perder el rumbo y el puerto final.

Añadir que no vale plantearse, si o si, la vía parlamentaria burguesa para ganar el gobierno dependiente del sistema del enemigo. Es decir, ganar al enemigo una posición que es indefendible en última instancia y no representa ningún estadio para llegar a otra posición superior. Hacerlo sin más, no tiene ningún valor y puede ser la tumba del movimiento revolucionario. En todo caso solo valdrá tomar parte en una instancia institucional X si ésta es coyuntural y queda supeditada a las necesidades del movimiento revolucionario. Hay que plantearse la toma del poder y los cuantiosos pasos de toda índole a dar para conseguir tal fin.
 
 
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