miércoles, 22 de marzo de 2017

El miedo frente a la conciencia



Leía ayer una entrevista al preso político Nahuel tras la salida de régimen FIES después de 16 meses encerrado sin juicio y sin ninguna prueba, acusado de prender fuego a 2 oficinas bancarias en 2013 y 2015. Uno, de otros tantos casos en el Estado Español, de cabezas de turco detenidos con el propósito de introducir miedo para desarticular los movimientos sociales y revolucionarios.
 
En la entrevista, Nahuel confesaba frases como “Me he vuelto totalmente apático allí dentro.”. Una frase suficiente para hacernos temblar del horror que supone verse detenido por luchar contra la opresión. Porque no nos engañemos, nuestro enemigo de clase y su represión son aterrorizantes, y más de una de nosotras tenemos miedo. Miedo a vernos encerrados y apartados de nuestras amigas, familia y camaradas. Miedo a ser torturadas, como muchas otras revolucionarias que pasan por las cloacas del estado. Miedo a ser asesinadas por representar un peligro a sus pilares de dominación. Miedo a vernos aisladas y rechazadas por la sociedad por ser “terroristas”. Miedo.
 
Y es normal sentir miedo si analizamos históricamente al aparato al que nos enfrentamos. Un estado que se sostiene sobre miles de muertos de nuestra clase, de la guerra civil, de la dictadura franquista, de la “pacífica y ejemplar” transición y de la “imperfecta democracia” actual. Un estado que después de tanto cambio, no ha cambiado tanto. Un estado dirigido por la misma clase social que nos arruina y empuja a la miseria, que extrae riqueza de muchos otros pueblos por medio del imperialismo, que pertenece a organizaciones tan democráticas como la UE y la OTAN.
 
Pero este miedo lo han sentido todas las revolucionarias que se han enfrentado conscientemente a la opresión. Y aun así, el miedo no pudo pararlas. El miedo que nos provocan es parte de su represión y sería o bien mentir o bien ser algo inconsciente no sentirlo. Pero lo que hay que tener claro es que ese miedo no nos puede parar.
 
Tenemos la responsabilidad histórica de no dejar que nos paralice su miedo, de enfrentarlo de frente. Porqué el miedo que nos provocan es fuerte, pero lo tenemos claro: nuestros principios lo son más.
 
Para acabar esta pequeña aportación, un breve recordatorio. Este año se cumplirán 100 años de la primera revolución socialista: la revolución Rusa. Este ejemplo fue uno de los muchos que enseñaron a la clase trabajadora que su miedo no es nada frente a la unidad de clase y el comunismo revolucionario. Porque “todos los reaccionarios son tigres de papel”, incluidos su represión y el miedo que nos produce. Porque frente a la clase obrera, no tienen nada que hacer y por eso nos intentan dividir y atemorizar. Porque no somos nosotras quien debemos sentir verdadero miedo, sino nuestros enemigos cuando nos unamos en lucha contra toda opresión. Y por eso un día más seguimos con nuestros principios por delante y volvemos a gritar:
 
¡Libertad presxs políticos!
 
¡Contra su represión nuestra unidad!
 
¡Clase, conciencia, revolución!
 
Drapeau Rouge
 
 
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