lunes, 20 de marzo de 2017

¿Qué es la kale borroka? - Sendoa Jurado, ex preso por kale borroka


El 11 de marzo la dinámica “Errepresioari autodefentsa” había convocado una manifestación en Iruñea. El objetivo de la convocatoria, dar fin a la campaña y denunciar los casos de represión que se están produciendo contra los movimientos populares en Euskal Herria.

Por lo tanto, en contra de lo que dijeron la mayoría de los medios de comunicación, la manifestación no fue convocada por el Movimiento Pro Amnistía, y ni siquiera fue a favor de la amnistía. La cuestión es que es mucho más fácil criminalizar cualquier cosa si de antes ya tienes el trabajo adelantado. Pero no pasa nada, porque quien tiene el poder tiene multitud de medios para convertir las mentiras en verdad a los ojos de la gente. Todo es ATA y listo, aunque ATA no exista. Lo que existe es el Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión.

En cualquier caso, el intento por parte de la policía de impedir la manifestación nos dejó imágenes de enfrentamientos como hacía tiempo que no nos dejaba, y las imágenes nos dejaron opiniones de todo tipo, aunque como era de esperar, todos los que están acostumbrados a caminar sobre las alfombras de las instituciones pusieran la mayor fuerza en contra de los manifestantes, soltando palabras tan rimbombantes como falsas sobre la paz y la normalización.

La represión policial nos dejó cuatro detenciones y tres encarcelamientos, siendo todos los detenidos de la misma franja de edad y del mismo pueblo. Y aquí los sospechosos no son los jóvenes, aquí lo único sospechoso es que entre el montón de encapuchados y con el kaos que existía, todos los detenidos sean de lo que parece una cuadrilla de amigos, y no de un grupo más heterogéneo. Conclusión: que estamos ante un nuevo montaje policial, y que no es cierto que estos jóvenes fueran detenidos en medio de los incidentes. ¡Eso no hay quien se lo crea! Seguramente les cogerían en algún bar o de camino al coche.

Llegados aquí, me gustaría recordar para qué se ha utilizado, desde un punto de vista político, el fenómeno que hemos conocido como kale borroka, como respuesta a varias de las voces alzadas en los últimos días (creo que lo que ocurrió en Iruñea, más que lo que hemos llamado kale borroka, fueron enfrentamientos, aunque todo se pueda enmarcar dentro de la lucha popular).

Por medio de la kale borroka, estando de acuerdo con ella o no, el pueblo ha denunciado las razzias policiales contra la juventud; con este tipo de lucha este pueblo ha hecho que se escucharan los gritos desgarrados de quienes estaban siendo torturados en los oscuros calabozos de los cuarteles; por medio de esta lucha el pueblo ha mostrado su enfado por los asesinatos de la guerra sucia y ha sacado las luchas de los presos a este lado del muro para que no se quedaran en la opacidad de la cárcel. Por medio de la kale borroka se han sacudido las conciencias de quienes miraban hacia otro lado ante la violencia de estado desmedida para que, aunque sólo fuera por un momento, se dieran cuenta de que en este mundo existe algo más que su propio ombligo. La kale borroka ha sido un instrumento imprescindible para condicionar la actividad política y represiva del Estado español. Y creo que, guste o no, lo que digo es algo objetivo, estando de acuerdo o en contra de este tipo de lucha.

No han pasado tantos años desde que Alfredo Pérez Rubalcaba, en aquella época Ministro del Interior del Gobierno español, anunciara que llevaría a cabo una cantidad de detenciones en Euskal Herria que ascendería a un número de tres cifras, como respuesta al final del alto el fuego de ETA. Esas tres cifras no fueron las correspondientes a 100 detenciones ya que, en pocos meses, el número de detenidos se elevaría a 200. Y no estaría mal repasar también en qué pueblos, en qué orden y acusándoles de qué entró la policía, para poder hacer una lectura sobre esas detenciones.

El objetivo de las detenciones era golpear a las nuevas generaciones de la Izquierda Abertzale, es decir, romper las bases del movimiento para que se cayera todo el edificio. La policía detuvo y torturó a jóvenes a los que acusaba de ser de Segi a lo largo de toda Euskal Herria y de manera indiscriminada, pero antes, empezando en 2007, entraron en los pueblos y comarcas en los que las acciones de kale borroka eran más habituales, pensando que llevándose a 10 en cada uno de ellos, dos o tres serían quienes practicaban kale borroka (Gasteiz, Lea-Artibai, Uribe Kosta, Donostialdea, Oarsoaldea, Barakaldo, Iruñerria…).

Resumiendo, Rubalcaba decidió que antes de llevar a cabo operaciones que podían originar una fuerte respuesta, debían borrar la línea de respuesta que suponía la kale borroka, para así poder reprimir mucho más tranquilamente. La kale borroka no era, por tanto, una excusa barata para la represión del Estado, porque como hemos visto en los últimos tiempos el Estado no necesita de ese tipo de excusas, sino que la kale borroka era un problema importante para la estabilidad del Estado. Sólo así se pueden entender las condenas desmedidas impuestas a partir de la década de los 90 por participar en esta actividad.

Volviendo a los incidentes de Iruñea, lo que estamos viendo es que más que un discurso contra las detenciones, contra la actividad policial y contra la vulneración de la libertad de expresión, quienes en su época han hecho la invitación a poner el pueblo en llamas, están creando un agresivo discurso contra el movimiento popular.

Para atacar a quienes hicieron frente a la policía se ha utilizado la edad de los manifestantes, se ha dicho que tenían intención de destrozar lo que los demás construyen, que no son capaces de ofrecer una alternativa, que los convocantes han dejado tirados a los detenidos, que son imágenes del pasado… Precisamente los mismos argumentos que históricamente ha utilizado el PNV más rancio para atacar a la Izquierda Abertzale. Sólo les ha faltado de decir que les dan dinero en un portal para que participen en disturbios.

Se impone la tendencia a infantilizar la postura de los manifestantes, y para ello hay un intento por descalificar cualquier cosa alrededor de la manifestación, empezando por la solidaridad hacia los detenidos. Aunque el convocante no era el Movimiento Pro Amnistía, el ataque se ha centrado principalmente en éste. En este sentido hay que decir que el Movimiento Pro Amnistía ha intentado contactar desde el primer momento con los familiares de los detenidos, que llegó a hacer el contacto por teléfono, y que después de poner la cita con unos familiares y amigos, estos no aparecieron. ¿A que no adivináis quién andaba por detrás?

Siguiendo con este intento de infantilización, se está insinuando que los detenidos fueron engañados, y esa insinuación viene, precisamente, de quienes durante años han estado calentando la cabeza a la juventud. Los mismos que se preguntan qué es lo que se gana con tres presos más, son quienes con sus palabras y sus decisiones han puesto a cientos de personas de camino a la cárcel. Y ahí también hay una diferencia, y es que ni yo ni cualquiera de mi alrededor hemos mandado nunca a nadie a ninguna parte a la que no hayamos ido nosotros. Muchos de los que nos critican no pueden decir lo mismo.

Hay quien ha dicho que este tipo de lucha sólo consigue generar más presos. Y yo les respondo que si el objetivo era que no hubiera presos para eso bastaba con no luchar. Pero aquí el debate es otro. ¿De verdad es posible llevar adelante luchas efectivas que no generen presos? Si es así me gustaría saber cuándo y dónde se ha dado, y me gustaría saber cuáles de los pocos derechos que aún nos quedan se han conseguido sin pasarlas canutas. Me gustaría saber dónde se ha conseguido una victoria construida por el camino exclusivamente institucional. También me gustaría saber cuando hablamos de desobediencia, si alguien me puede poner el ejemplo de un solo caso en el que no haya habido consecuencias para los desobedientes. Al parecer es el tiempo de la desobediencia, y manifestarse en Iruñea sin pedirle permiso a nadie fue llevar la desobediencia a la práctica, con todas sus consecuencias.

Otro tema es si los objetivos por los que peleamos merecen pagar un peaje tan alto, pero ahí empieza otro debate, y algunos no querrán hacerlo porque podrían quedar al descubierto sus disfraces.

Siguiendo con esto y entre las presiones que se hacen a quienes están en la cárcel, en este pueblo hemos visto de todo por parte de familiares de presos. Hace mucho tiempo vimos publicada en El País la carta de unos padres que renegaban de la actividad de su hijo, casi diciendo que dejaban de ser sus padres. Hemos visto al hijo de un policía nacional entrando en la cárcel acusado de ser de ETA. Hemos visto a hijos e hijas de gente del PSOE, del PNV y del PP entrando en la cárcel por luchar por este pueblo, y nunca se nos ha pasado por la cabeza decir que la representación política de los presos quedaba en manos de sus familiares.

Esta vez la presión no viene de parte de quienes quieren ver a los detenidos en prisión, sino de quienes les quieren ver en la calle y libres. Para ello se utiliza el miedo de los familiares, se les dice que manteniendo posturas de dignidad se dificultará su salida, y tomando semejante mentira como base, pasamos a manifestaciones silenciosas que tienen como objetivo ir en contra de unos parámetros de lucha concretos más que ir en contra de las detenciones. Se les dice a los familiares que si quieren apoyo para sus hijos, tienen que adoptar determinadas posturas políticas. “Mi hijo no sabía…”, “participa en actos culturales…”, “está de acuerdo con rechazar todo tipo de violencia…” ¿Pero de qué estamos hablando? Vuestros hijos son muy buena gente porque están en contra de la violencia, el resto de manifestantes, sin embargo, ¿qué son para vosotros? ¿Unos pedazo de hijos de puta, o qué? ¿En qué línea de vuestro discurso criticáis a la policía? Me parece un comportamiento inaceptable. Nunca me ha gustado quienes justifican los comportamientos de sus hijos e hijas por las “malas influencias” del resto de amigos. “¡Mis hijos son muy formales pero los del vecino menudas piezas!”

Yo mismo he estado en la cárcel por practicar la kale borroka, y nunca se me pasó por la cabeza pasarle la responsabilidad a otro, nunca dije que estaba en la cárcel por las actividades de otros ni que esas otras actividades se convirtieran en un obstáculo para mi liberación. Nunca dije que nadie me hubiera engañado, ni que las acciones de kale borroka realizadas a favor de mi libertad perjudicaran a mi situación personal, a pesar de que la petición fiscal que pesaba contra nosotros era de 33 años de cárcel para cada uno.

Nunca tomé una actitud auto-compasiva respecto a mis decisiones militantes, y nunca acepté un trato diferente respecto a los que tenía a mi lado. No acepté la distinción interesada entre quien tiene “delitos de sangre” y quien ha cometido “la chiquillada de quemar un banco”. Todos éramos representantes de la misma lucha, en sus distintas expresiones. Todos éramos militantes políticos conscientes.

Quisiera hacer una última reflexión. Entre las críticas que hemos escuchado durante los últimos días hay una que me enfada especialmente, y es la que afirma que la kale borroka es una actividad que nadie entiende. Aunque sea brevemente, quisiera destacar que la derrota que hemos sufrido a la hora de hacer frente a la violencia de estado no ha sido ni policial ni militar. La derrota que hemos sufrido ha sido política. La policía no ha terminado ni con la lucha armada ni con la lucha urbana, porque nunca ha tenido capacidad para asimilarlas. Quienes durante tantos años han jugado el papel de ser nuestros representantes políticos no han sido capaces de explicarle a una mayoría que lo que aquí había no era un estado democrático haciendo frente a unos violentos, sino un pueblo que hacía frente a un estado fascista. Quienes hoy ocupan las poltronas no hicieron su trabajo como les correspondía y por eso hemos sufrido semejante derrota ideológica. Durante mucho tiempo he pensado que había sido un error involuntario, pero ahora me doy cuenta de que no hubo ningún fallo y que quienes preparaban nuestras trincheras ya nos estaban dando la espalda también cuando estábamos inmersos en la guerra.

Sendoa Jurado García, ex preso por kale borroka

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