viernes, 14 de abril de 2017

«Aún tengo armas de cuando la guerra»



Autor: Borroka garaia da!

«Aún tengo armas de cuando la guerra». Esa es la frase que soltó un antiguo anarquista guerrillero que también llegaría a entender el patriotismo del pueblo humilde. Que participó en la defensa armada de la comuna de Donostia, no se cansó de dar palos en depósitos de armas del ejército español, puso pie en tierra para defender los límites entre Gipuzkoa y Nafarroa del avance fascista, tras la derrota y entrega de armas correteó hasta Catalunya con las armas que no entregó en la mano, después se ocupó de la resistencia al nazismo en el estado francés. Y por si acaso, más tarde en las guerrillas de los makis. Ahí estaba, frente a varios refugiados de ETA en un bar de Ipar Euskal Herria. Serían a mediados de los años 60.

El arsenal estaba en un tabique, llevaba ahí como mínimo 20 años. Derribado el tabique, las armas estaban como era de esperar. Con tres metralletas inservibles se construyó una que al menos disparaba. A duras penas las demás a veces funcionaban. Sin embargo, a parte de las pocas armas que ETA había logrado confiscar a las fuerzas militares españolas, ésta fue la primera partida de armas que consiguió la organización. El pequeño arsenal de Felix Likiniano. Entregándolo como si entregara su propia herencia a sus hijos e hijas. No sería lo único que ofrecería. A parte de luchador también era escultor. Una escultura tallada de una serpiente enroscada en un hacha con la inscripción de bietan jarrai.

Embestida de toro, defensa de jabalí, huida de lobo. Esa frase que aparecía una década antes en un texto llamado “Insurrección en Euskadi” sintetizaba los fundamentos de la lucha de guerrillas, una lucha en la que Félix Likiniano había participado profusamente en el pasado. De esta manera, a la hora de crear la escultura también se produjo una síntesis. La contundencia del hacha con lo sigiloso de la serpiente. El significado más básico por lo tanto es el de la acción clandestina frente a una fuerza bruta superior por lo que la inteligencia debe guiar todo accionar. Ese es el significado básico mas o menos conocido popularmente. Existen algunas otras versiones falsas basadas en traducciones incorrectas de bietan jarrai como la de “seguir en las dos vías”, cuando vías no aparece por ninguna parte y nunca estuvo ni siquiera algo parecido en la cabeza de Félix a la hora de tallar la madera y dejar escrito ese lema debajo del símbolo.

Y es que si el significado básico es reconocible, no tanto el significado profundo. Para entenderlo no hay que dirigirse a nadie mas que al propio Félix Likiniano. Cuando Liki deja grabado bietan jarrai no se está refiriendo exclusivamente a que la inteligencia debe guiar el accionar revolucionario, sino que está hablando de una dualidad. O mas bien de unas cuantas. Para Liki ni los intereses particulares ni las ideologías estaban por encima del pueblo. El pueblo está primero y las ideologías le sirven. Se enroscan en él. El hacha no simplemente es contundencia y dureza, para Liki también significaba el pueblo vasco y su lucha ancestral por la supervivencia. La serpiente no simplemente simboliza lo sigiloso y la inteligencia sino la acción viva y colectiva frente al individualismo que al enroscarse en el pueblo logra sus objetivos. En realidad Liki contaba muchas cosas. Habla también de piedra y de herensuge.

Félix Likiniano estaba dejando un mensaje que se pierde en la noche de los tiempos hasta hoy. Su sueño y el de otros muchos y muchas. Hacer la revolución en Euskal Herria.

Ciertamente aún no se ha hecho la revolución en Euskal Herria. Tampoco somos independientes y ni siquiera contamos con el derecho de autodeterminación. La burguesía vasca y española, o mejor dicho la burguesía española y su gustosamente dependiente vasca, siguen dominando todo el entramado social, y haciendo buen negocio de ello. La clase trabajadora vasca cada día es un poquito más dependiente y está un poquito más empobrecida.

El futuro siempre tiene un grado de incertidumbre y el pasado, pasado está. De todas maneras resulta como mínimo curioso que “los vascos y vascas” cíclicamente en la historia acaben parecido. Cayendo, luego levantándose y volviendo a caer. ¿Por qué en la historia siempre pierden los “los vascos y vascas”? Creo que existe un hilo conductor que pese a que en diferentes contextos históricos y generacionales es diferente, contiene una misma verdad de fondo. Hoy en día expresada en el servilismo al PNV y a la conciliación de clases de cara a una estrategia electoral. Al fin y al cabo, jodida lucha de clases (o su ausencia en un bando) al interior de la sociedad vasca, y no tanto las visicitudes del enfrentamiento con los estados, que hace que siempre el gato burgués vasco caiga de pie. No importa la situación.

Cómo llegar a un contexto de paz con justicia va a necesitar de recuperar el verdadero significado de la paz y de la justicia, que son palabras que los poderosos han robado. Rechazar activamente todo proceso de asimilación política, resituar lo que significa un verdadero proceso de paz, saber explicar bien las razones de porqué no existe y tener presente que la paz en realidad no es algo que se construya en bases injustas sino que es consecuencia de un proceso de justicia que asienta su base. Es decir, una remodelación total de casi todo lo visto hasta ahora que no ha sido eficaz mas que para asentar la dominación estatal y la dependencia a la burguesía interna cuando no a tener la falsa esperanza e ilusión de que un cambio institucional o cualquier otro factor superficial pueda traer lo que no puede traer.

En todos los conflictos políticos en primera y última instancia lo que se superpone es la balanza de poder. La ventaja en la balanza de poder es lo único que puede desbloquear una situación dada. En el caso vasco esa fuerza significa proceso constituyente de estado , proceso hacia el socialismo, poder popular y confrontación, mucho más allá de lo electoral entrando también en el terreno de la desestabilización política. De lo contrario el bloqueo del, en proceso de desaparición, del proceso de liberación, no solo se enquistará sino también todas las oportunidades de avance, normalizándonos e integrándonos en una situación anormal de opresión nacional y social para lo que las instituciones autonómicas españolas en Euskal Herria son uno de los puntos de enganche.

Paz por tanto es una situación de justicia mínima y ausencia de cierto nivel de violencia al que se llega tras la intensificación de la lucha de contrarios creando una ventaja. La situación de desventaja en esa balanza es la paz falsa. La paz falsa que necesita la burguesía vasca para medrar y los estados ocupantes para eternizarse. Una paz falsa con base teórica de pacifismo burgués que cabalga bajo la violencia hegemónica y aceptada y que intenta infiltrarse en todo el sistema inmunológico abertzale de la clase trabajadora vasca para domarla políticamente en todos los frentes.

Decía un viejo amigo que un pueblo que no tiene la voluntad ni la fuerza para frente a la opresión liberarse mediante la violencia, tendrá menos voluntad y fuerza para hacerlo sin violencia ya que hacerlo sin violencia supone que se está sobrado para liberarse mediante la violencia revolucionaria y por eso es descartable, de la misma manera que a veces se descartan medios represivos por suficiente control. Me gustaría pensar que en algo se equivoca pese a que no existan hasta ahora casi ejemplos en toda la historia. Es por ello que si en estas generaciones que estamos vivas somos incapaces en un tiempo prudencial de generar un movimiento radical político sin lucha armada pero con capacidad de desestabilización de la opresión y el nivel de exigencia política no sube muchísimos grados, apaga y vámonos que la herencia recogida por los que lleguen y muchos de los que estaban no será muy diferente a los múltiples abrazos de Bergara. En esos casos, si atendemos a ciertas leyes cíclicas …

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