jueves, 27 de abril de 2017

Trump reduce los impuestos a los más ricos y a las empresas

Trump con secretario del Tesoro, Steven Mnuchin

26 de abril 2017

La Casa Blanca puso los tambores a batir. Con el tono de los grandes momentos, la Administración Trump presentó este miércoles “el mayor recorte fiscal de la historia”. Una promesa electoral destinada a desatar la euforia de sus votantes y restañar las heridas sufridas por el presidente en estos casi 100 días de mandato. La iniciativa, cuyo coste a las arcas públicas puede superar los dos billones de dólares en 10 años, tiene como punto nuclear la reducción del 35% al 15% del impuesto a las empresas (includas las de Donald Trump), y viene acompañada de una nube de medidas que simplifica las declaraciones, reduce a tres los tramos fiscales (10%, 25% y 35%) y rebaja la carga impositiva de los más ricos del 39% al 35%.
 
No hubo ley ni plan detallado. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el director del Consejo Económico, el exbanquero Gary Cohn, pusieron sobre la mesa en apenas 20 minutos una lluvia de medidas, sabedores de que cada una tiene su propio debate. Junto a una "simplificación masiva" de las declaraciones, la Administración Trump abrió la puerta a la reducción en las repatriaciones de capital de las empresas, la desaparición de casi todas las deducciones del impuesto sobre la renta, salvo las hipotecas y las donaciones a ONGs, la tasa cero para parejas que ganen menos de 24.000 dólares al año y el rescate de un tipo del 20% sobre los dividendos.
 
La andanada lanzada por la cúpula económica de Trump resulta más bien una colección de directrices encaminadas a estimular los sueños de prosperidad. Su ambigüedad evita los puntos que desatarán la batalla en las Cámaras y centra el mensaje en aquello que el presidente quiere destacar: él cumple sus promesas.
 
En el orden interno se trata a su vez de un cambio de paso. Después de tres semanas dominadas por la agenda exterior, con intervenciones militares en Siria y Afganistán, y una escalada operativa en Corea del Norte, le llega el turno a la política doméstica. La iniciativa le permite parangonarse con su idolatrado Ronald Reagan y disipa momentáneamente el mal sabor que le dejó el fracaso de su reforma sanitaria.
 
La medida clave es la rebaja del impuesto de sociedades del 35% al 15%. El recorte implica, según la Tax Foundation, que el Estado federal deje de recaudar dos billones de dólares en 10 años. Esta merma supone uno de los grandes obstáculos del plan. Los republicanos se niegan a engrosar el déficit, situado en 2016 en el 3,2% del PIB (587.000 millones de dolares), y si no hay compensación demostrada será muy difícil que lo dejen pasar la propuesta tal y como ha sido presentada.
 
El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, ha intentado calmar los ánimos acudiendo a la vieja curva de Laffer, aquella teoría que establece que una rebaja impositiva fuerte genera suficiente crecimiento económico como para lograr su compensación fiscal. Desde su enunciado en 1974 ha sido el gran asidero del liberalismo americano. Pero su efectividad ha sido puesta en duda tantas veces como ha sido empleada, sobre todo, en grandes magnitudes. Así, los estudios establecen que un recorte como el actual requiere un crecimiento sostenido del PIB del 5%, un porcentaje muy superior al previsto (2%).
 
Pero si hay dudas en el terreno económico, estas apenas se perciben en el electoral. La rebaja al 15% es una de las grandes promesas de Trump y su campo de aceptación va más allá de sus votantes. Ahora mismo, las empresas en Estados Unidos, con los impuestos locales y estatales, soportan una carga cercana al 40%. Con el recorte, quedarían por detrás de Francia o Japón, y millones de empresas verían aumentar de golpe su rentabilidad. La aceptación de tal medida, más allá de los colores partidistas, es tan evidente que uno de sus principales problemas, como han destacado los expertos, es que se intente utilizar también para derivar por esa vía las declaraciones de ingresos personales, mucho más onerosas.
 
La otra cara es más ideológica. Con este hachazo fiscal, Trump se muestra como un presidente dispuesto a mimar la iniciativa privada, pero distante de los problemas sociales. En su fracasado afán por derribar la reforma sanitaria de Obama no le importó presentar un plan que, por un ahorro de un 150.000 millones de dólares, dejaba el año próximo sin seguro médico a 14 millones de personas. Ahora, está dispuesto a someter el presupuesto de Estados Unidos a una tensión histórica que es muy difícil que no devenga en recortes en programas sociales.
 
Agencias.
 
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