martes, 6 de junio de 2017

PERO, ¿POR QUÉ SOCIALISMO LUCHAMOS?: CRÍTICA DEL PSEUDOSOCIALISMO



Por SUGARRA


Es frecuente oír en boca de miembros de la Izquierda Abertzale Oficial, aunque también en la de sectores críticos a la misma, que cuando se refieren al “socialismo” por el que dicen luchar, con mucha frecuencia, le añadan adjetivos, coletillas o etiquetas, tales como: “socialismo feminista”, “socialismo ecológico” o “ecosocialismo”, “socialismo identitario”, “socialismo redistributivo”, “socialismo desde abajo”, etc.

Indudablemente, todos estos juegos semánticos sólo tienen un objeto que es el de embarullar, diluir, difuminar dicho concepto; en un intento desesperado por despojarlo de todo su significado revolucionario. Una pretensión vana de ocultar su verdadero sentido que es el de constituir un periodo de transición entre la sociedad de clases (el capitalismo) y la sociedad sin clases (el comunismo). Y eso lo hacen porque, en el fondo, por mucho que digan, realmente no pretenden acabar con aquel. Porque tienen vértigo ante un cambio revolucionario. Porque únicamente pretenden realizar cambios superficiales, sin abordar los problemas esenciales.



De ahí que la idea de “socialismo” que defienden corresponda objetivamente con los intereses de clase de la pequeña burguesía. Una clase de transición que en la estructura social vasca ocupa una posición intermedia entre la clase obrera y la burguesía. Una clase que tiene un origen y una composición contradictoria. Que se encuentra asfixiada por las grandes empresas capitalistas y que sus capas media e inferior se están viendo rápidamente empobrecidas y abocadas a la proletarización. En definitiva, una clase que, por la posición estructural que ocupa tiene un comportamiento tímido, vacilante e inconsecuente y que, dependiendo de las circunstancias histórico-concretas, podría oscilar entre la contrarrevolución y la revolución proletaria.

Pero, veamos algunos aspectos de su concepción del “socialismo”. Por ejemplo. Hablar de socialismo “feminista” no es más que una redundancia. La opresión de la mujer es la primera que ha aparecido en la historia, incluso antes de que surgiesen las clases sociales. El patriarcado consistió en un conjunto de relaciones sociales mediante las cuales la mujer pasó a ocupar una posición subordinada y dependiente respecto al varón, dando lugar a la división sexual del trabajo. Posteriormente, una vez surgida la sociedad de clases, el patriarcado se fue adaptando e imbricando con ella, estableciendo una relación de mutua interdependencia que le ha llevado a adecuarse a los distintos modos de producción, contribuyendo a su consolidación y, al mismo tiempo, dependiendo de cada uno de ellos para su propia supervivencia.

La lucha contra el capitalismo y por el comunismo conlleva la existencia de un periodo de transición, durante el cual seguirá habiendo clases y lucha de clases. En este periodo, aunque no se producirá “automáticamente” la desaparición del patriarcado, la lucha por la emancipación de la mujer se podrá desarrollar en unas nuevas condiciones, mucho más favorables que hasta ahora, aunque no estará exenta de dificultades y contradicciones.

Y, el avance hacia el comunismo, con la progresiva desaparición de las clases, y la transformación (revolucionarización) de las relaciones sociales de producción, a la vez que irá creando una mujer y un hombre nuevas, irá eliminando progresivamente las condiciones (ideológicas, políticas, sociales, económicas y culturales) que posibilitan la persistencia del patriarcado y con él la continuación de la opresión de la mujer por el hombre. Por eso, consideramos innecesaria la utilización del adjetivo “feminista” para definir al socialismo, pues la lucha por la plena liberación de la mujer ya va implícita en dicho concepto, al menos en la concepción actualizada que defendemos los comunistas vascos.

Algo parecido podríamos decir de la denominación de “ecosocialismo”. Somos conscientes de que el capitalismo, con toda su carga de irracionalidad, de ciego productivismo, que únicamente persigue la máxima obtención de beneficios en el menor espacio de tiempo posible, es el causante de la destrucción sistemática de la naturaleza (efecto invernadero, cambio climático, etc.) así como de la destrucción de cultivos originarios, de la creciente sequía que afecta a áreas cada vez más extensas del planeta, la aparición de plagas y de determinadas enfermedades, etc.

Es por ello que sin acabar con el capitalismo será imposible organizar la producción (agrícola, industrial, etc.) en base a una rigurosa eficiencia energética y a la conservación de todo tipo de recursos naturales que hoy corren peligro de desaparición, o de especies vegetales y animales que están en riesgo de extinción. De ahí que, la lucha revolucionaria, contra el capitalismo, lleva implícita la lucha por la defensa del medio ambiente y del conjunto de los ecosistemas que aún subsisten, con creciente dificultad, en nuestro planeta.

La conciencia ecológica, al igual que la conciencia feminista, son aspectos que ya forman parte de la nueva conciencia de clase que los comunistas tratamos de promover en la clase obrera vasca. Una conciencia de clase más elevada y compleja que la de hace varias décadas, que era fundamentalmente obrerista y socioeconómica. Un nuevo tipo de conciencia de clase, más adecuada a la realidad que nos ha tocado vivir en el capitalismo contemporáneo, en los países relativamente desarrollados.

¿Y que vamos a decir sobre el llamado “socialismo identitario”, con el que parecen querer diferenciarse de alguna otra forma de socialismo “importada” o “extraña” a Euskal Herria?

En el plano político, el socialismo se caracteriza por la dictadura del proletariado, es decir, por el poder revolucionario de los trabajadores. Y en el plano económico por el control social de los medios de producción y la planificación socialista.

Pero estos rasgos generales se concretarán, en cada país, de una forma distinta. Cada uno tendrá sus propias peculiaridades, porque no todos los países accederán al socialismo de la misma manera.

En el mundo hay una diversidad muy grande de países. Unos poseen un territorio muy extenso y otros lo tienen bastante reducido. Algunos cuentan con una población numerosa y otros con una más escasa. En unos, la población es más joven y el relevo generacional está garantizado, mientras que en otros la tasa de natalidad es más baja y la población está más envejecida.

Unos tienen una economía débil, fundamentalmente agrícola, mientras que otros se encuentran más desarrollados y están altamente industrializados. En general, la distribución poblacional de los primeros suele ser fundamentalmente rural, mientras que en los segundos es urbana y se concentra en las ciudades y en pueblos grandes.

Hay unos que cuentan con un bajo nivel educativo y su tasa de analfabetismo es elevada, mientras que otros poseen un elevado grado de instrucción, con una enseñanza básica generalizada y un alto porcentaje de su juventud con estudios universitarios. También hay países que poseen una prolongada tradición política democrático-parlamentaria y otros que, por el contrario, carecen de ella.

Igualmente habría que tener en cuenta otros aspectos tales como el factor cultural (lengua, tradiciones, costumbres, etc.), el factor religioso, el estilo de vida, su idiosincrasia (modo de ser) etc. Y, además, la situación geográfica en que se ubica cada país, su entorno geopolítico (estratégico) y el ambiente de abierta hostilidad o de relativa indiferencia que pueda haber a un posible cambio revolucionario que se pueda producir en él.

Por eso, las experiencias revolucionarias no se pueden copiar, aunque debamos aprender de todas ellas. Tanto de las más paradigmáticas, como fueron la soviética y la china, como de las que tuvieron lugar en otros países. Y podemos aprender tanto de lo positivo, de sus logros y de sus aciertos; como de lo negativo, de sus errores y sus limitaciones.

Por otra parte, también debemos estudiar y conocer nuestra propia realidad social, en todos sus aspectos, porque la Revolución vasca no podrá ser un calco de ninguna otra revolución. Deberá tener un carácter original [1], de acuerdo con nuestras propias condiciones histórico-concretas.

¿Por qué, entonces, esa insistencia en establecer unas “etiquetas” diferenciadoras, marcando las distancias entre ese pretendido socialismo que dicen defender y el socialismo revolucionario (basado en el marxismo-leninismo)?

Es muy sencillo. Porque, verdaderamente, no pretenden abordar las raíces de la explotación social y económica de los trabajadores y trabajadoras, lo que conduciría inmediatamente a otras cuestiones esenciales como son: la necesidad de acabar con la propiedad privada de los medios de producción y, para ello, a la de destruir el Estado burgués y construir un nuevo Estado socialista.

Por eso, en muchas ocasiones, tratando de “marcar distancias” respecto al marxismo, no dudan en volver al socialismo utópico, o en recuperar las trasnochadas recetas keynesianas sobre el Estado de bienestar.

En cuanto al primero de esos aspectos, se manifiesta claramente cuando hablan de construir el socialismo vasco “de abajo arriba”, refiriéndose a diversas experiencias e iniciativas populares (cooperativas para gestionar la producción de electricidad, grupos de consumo o de soberanía alimentaria; de moneda alternativa, como el “eusko”, la banca ética [¿?], etc.). Experiencias que no todas ellas tienen igual interés pero que, en cualquier caso, debemos tomar en consideración en cuanto a que podrían ser formas de auto-organización de diversos sectores populares y que, debidamente orientadas, en una perspectiva revolucionaria, podrían contribuir a descomponer la base económica del sistema capitalista, así como servir para atenuar la represión que este ejerza sobre la clase obrera y otros sectores populares.

Pero, lo más significativo del asunto es que, al parecer, sueñan con desarrollar un movimiento de auto-organización que podría sustituir la función económica del Estado socialista. Una postura que, en el fondo, viene a coincidir con ciertas posiciones anarquistas o, incluso, del socialismo utópico (pre-científico) y que vienen a negar la necesidad de un Estado Socialista Vasco.

En cuanto al segundo aspecto cuando hablan del socialismo y a este le asignan unas funciones tales como la de constituir una “alternativa” al modelo neoliberal, la redistribución de la riqueza, el garantizar los derechos sociales y los servicios públicos básicos, etc., o se refieren a él como un nuevo “modelo social, productivo y de consumo”, en realidad más que a un Estado Socialista Vasco se están refiriendo a un Estado (burgués) de Bienestar.  

En definitiva, cualquier medio es bueno con tal de evitar la toma de conciencia de clase por parte del proletariado y el conjunto del pueblo trabajador o, si están en vías de adquirirla, para procurar su desarme ideológico y político.   

NOTAS

1.- Ver: “Lo original de la Revolución Vasca”. SUGARRA (02-04-2014).
 
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