domingo, 9 de julio de 2017

El vientre de alquiler y la ideología burguesa



Autor: Borroka garaia da!
 
Los recién nacidos, niños y niñas de Euskal Herria o de cualquier parte del mundo abandonadas. Aquellos y aquellas que por diversos motivos, siempre relacionados con la condición de clase y dependencia de sus progenitores biológicos, especialmente de la madre y una situación totalmente desestructurada que impide hacerse cargo de ellos, no cuentan con ningún lobby, ni con ningún medio de comunicación, ni apenas con ningún partido que defienda sus derechos. O al menos eso parece. Son los hijos e hijas de la clase obrera más castigada. La cárcel aplicada contra ellos se le suele llamar orfanato.
 
Bastardos. Ese es el nombre que la nobleza en su día les puso. Los hijos e hijas de “origen desconocido”. También se les llamaba así a los nacidos fuera del matrimonio. Considerados inferiores a los hijos e hijas “legítimas”. “Tampoco el bastardo podrá entrar en la asamblea del Señor hasta la décima generación.” rezaba ya un texto bíblico. La clase en el poder siempre ha tenido un gusto especial por la sangre y la genealogía, la monarquía y el fascismo también. La sangre pura, la sangre aria, la sangre real.
 
La clase burguesa nació frente a la nobleza para ocupar su posición heredando gran parte de su mitología, imaginario y fundamentos. Y los avances tecnológicos con el paso del tiempo en gran medida tratan de adaptarse a ello. Llegados a la posibilidad de los vientres de alquiler, la élite de la clase burguesa ya puede ir dejando la adopción solo para la plebe, la orfandad está demasiado vinculada a la pobreza y eso era un peso para su clasismo que ya se pueden quitar de encima y disponer por fin de su transmisión genética, ya que en el imaginario burgués, los propios genes deben perdurar, la imagen de los hijos e hijas debe ser parecida y dándose esa transmisión genética el vínculo afectivo será mayor y las cualidades y capacidades de los hijos e hijas también. Y por supuesto, serán las mujeres de la extracción social más baja las que harán de incubadora. Pues de manera altruista nadie se deja explotar. Por lo que “el derecho” de una familia adinerada a transmitir sus genes está por encima del derecho real de un niño o niña abandonada a ser cuidada. Y será la clase trabajadora más deprimida, que por desgracia en ocasiones se ve abocada a abandonar sus hijos e hijas, la encargada precisamente de transmitir los genes de la élite de la clase burguesa que ya rechaza, gracias a la tecnología, adoptar a los hijos e hijas de la pobreza. En caso de que los óvulos no los aporte la pareja adinerada que solicita el vientre, aparecen los hijos e hijas a la carta, como si se confeccionara un personaje hecho a medida, también por supuesto marcado por la misma ideología.
 
Algunos llamarán a esto “libertad”. De hecho también se le llama en algunos círculos a la explotación “libre mercado”. Claro que la libertad sin igualdad es similar a la paz sin justicia. Pero eso son detalles menores para el capitalismo o para el progresismo que aspira a medrar en él legitimando “a sus mayores” de manera altruista.
 
 
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