domingo, 30 de julio de 2017

No olvidemos el espejo de la historia

 
“La historia nos muestra cuál ha sido el camino y cómo lo han construido, por eso resulta irrisorio venir a negar que lo que está sucediendo en Venezuela”
 
Por: Diego Fernando Batero Santofimio
    
Julio 27, 2017
 
“Detrás de ti, combate en combate, /arquitecto del pan, padre del surco,/ llevando tu alto pecho por escudo/ nació la lucha, estatua de los vientos” — Roque Dalton
 
Dicen los medios, y por supuesto también el embajador de EE.UU. —quien, salvo algunas excepciones, parece el redactor de prensa principal—, que lo que ocurre en Venezuela no es ningún intento de golpe de estado, de esos golpes blandos que se acompañan de los famosos titulares adversos y la sobreposición intencionada entre noticias falsas e invisibilización de las no convenientes. No. Según ellos lo que existe es un gobierno impopular y criminal al que su pueblo quiere derrocar. Si tan simple fuera esa ecuación ¿entonces para qué intervenir? Es que los gringos tienen la insana costumbre de meter las narices en todos lados, incluso en las lineas de cocaína que tan disparado tienen el mercado negro.
 
Cuando la falacia de la baja aceptación se cae por su bajo peso argumentativo los titulares y sus gritones lectores sacan otro as: en Venezuela se violentan sistemáticamente los derechos humanos y los datos como las cifras parecen ser más confusos. Que bueno sería, por ejemplo, que tanto el embajador como los dignatarios tan interesados en el activismo de derechos humanos nos dieran razón sobre la culpabilidad de Álvaro Uribe en algunas masacres (1) (2), o los niveles de impunidad de los que gustan usar los gringos uniformados (3), eso sin contar el silencio acomodado sobre el daño que los capos gringos causan sobre nuestros países (4).

 
Hablan de derechos humanos quienes, por ejemplo, sienten beneplácito al ver rodar la cabeza de un Gadafi decapitado (y quienes seguramente se verían regocijados al ver la de Maduro en el pico de un Zamuro). Hablan de derechos humanos sin siquiera inmutarse por las decenas de víctimas que la derecha ha ocasionado en sus marchas guarimbero pacíficas; a eso le solían llamar el discurso de la doble moral. Lenin explicaba en “El Estado y la Revolución” —capítulo I—,que el estado es un instrumento de explotación de una clase sobre otra; y ha sido la burguesía precisamente quien ha ejercido la labor conductora del estado por medio de la conformación de régimenes que respondan a sus intereses. Esa es la esencia que ahora quieren anegar. Lo que se esta tratando de hacer en Venezuela es que después de tantos gobiernos serviles a los intereses de los explotadores sean ahora los explotados quienes asuman el poder. Tal como Quilapayún lo canto alguna vez en “Que la tortilla se vuelva”.
 
Pero hagamos un sucinta aproximación histórica al tema de las intervenciones por parte de los EE.UU. en países donde ellos definen que tienen intereses y, claro, los ayudantes de rodillas que los acolitan: el 2 de diciembre de 1931, el general Maximilino Hernández Martínez derroca el gobierno de Arturo Araujo; el 27 de mayo de 1936, el general Anastasio Somoza (quien había dirigido el asesinato de Augusto Cesar Sandino el 24 de febrero de 1934) inicia un levantamiento militar contra el presidente Sacasa, Somoza llevaba dos años valiéndose del famoso grupo fascista de los “Camisas Azules”, adeptos al partido conservador; el 10 de marzo de 1952, el militar cubano Fulgencio Batisa derrocó al gobierno democráticamente electo de Carlos Prio Socarrás; en el año de 1954, la CIA apoyó el golpe militar que dio el general Alfredo Stroessner (a quien el 3 de febrero de 1989 el general Andrés Rodríguez lo derrocaría en otro golpe con el apoyo de la CIA) al presidente Federico Chávez; el 27 de junio del mismo año, Guatemala padecía la misma medicina cuando el presidente Jacobo Arbenz es obligado por el gobierno norteamericano a renunciar, asumiendo la presidencia el teniente coronel Carlos Castillo Armas; en 1964 el presidente Joao Goulart es derrocado en Brasil, dos años después lo mismo le sucedería al presidente argentino Arturo Illia, en este mismo país en 1976 vuelve y juega el general Rafael Videla; el 21 de Agosto de 1971 el general Hugo Banzer; el 27 de Junio de 1973 se instaura la dictadura militar en Uruguay; el 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet, quien había jurado lealtad al gobierno, organiza un golpe militar en contra del presidente Salvador Allende; el 11 de abril del 2002, el presidente de Venezuela Hugo Chávez es blanco de un fugaz golpe de estado; el 28 de junio del 2009, fue derrocado el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya; el 22 de junio del 2012 es derrocado el presidente de Paraguay Fernando Lugo, luego de un juicio de la oposición en el parlamento; el 31 de agosto del 2016 la presidenta de Brasil Dilma Rousseff fue destituida de la presidencia mediante un “golpe blando” con toda la preámbulo publicitario similar al que hoy se vive en Venezuela.
 
La historia nos muestra cuál ha sido el camino y cómo lo han construido, por eso resulta irrisorio venir a negar que lo que está sucediendo en Venezuela, no es un golpe más de parte de la derecha trasnacional contra la soberanía de un pueblo, un pueblo digno y luchador.
 
 
 
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