lunes, 7 de agosto de 2017

EEUU. El infierno de la heroína en los suburbios... El genocidio en el gueto...


Una ola de adicción a la heroína se extiende por amplios sectores de la población de Estados Unidos. La tasa de mortalidad por intoxicación de la droga heroína se duplicó para las personas negras y latinas de 2000 a 2013. En ese mismo período, las muertes causadas por la heroína entre los blancos de 18 a 44 años de edad aumentaron seis veces, inclusive en los suburbios y las ciudades pequeñas.
 
¿Por qué esta explosión del consumo de heroína, en particular entre los jóvenes blancos? A principios del documental de HBO Heroin: Cape Cod,un joven blanco en la comunidad turística de Cape Cod en Massachusetts describe lo que llevó a los jóvenes a la adicción a la heroína: “Realmente no hay nada que hacer, en absoluto. Puedes trabajar y ser normal, o consumir las drogas”. El documental muestra a mujeres obligadas a entrar en la prostitución y otras cosas terribles y denigrantes para pagar su hábito. Los padres de los adictos están al límite de sus recursos e ideas. Y la gente muere en cifras sin precedente.
 
En un artículo en la revista New Yorker, Mark Sullivan, profesor de psiquiatría, describe lo que uno de sus colegas llama “el síndrome de una vida terriblemente triste”: “Estos pacientes están en un callejón sin salida, la vida les ha puesto un alto, que están sufriendo”, dijo. “Quieren ser insensibles”.
 
Esta horrible explosión de adicción a la heroína y a la muerte, y lo que dice de la vida en los Estados Unidos, es una dura condena a esta sociedad y a todo el sistema que la mantiene.
 
Ahora los representantes de la clase dominante, los que durante mucho tiempo han promovido la criminalización de la drogadicción y una draconiana “guerra contra las drogas”, dicen, como dijo Chris Christie, que “tenemos que empezar a hablar de [la drogadicción] como una enfermedad, no como un fracaso moral” (Washington Post 3/6/15). Donald Trump tomó una pausa de sus diatribas fascistas contra todo grupo explotado, victimizado y oprimido por el sistema aquí y en todo el mundo, para hablar de las personas que usan drogas: “Vamos a ayudar a las personas que tienen el problema y tratar de lograr que dejen de usarla”.
 
Estas lágrimas de cocodrilo y promesas de “ayuda” no lidian, ni podrían lidiar, con la profunda desesperación entre grandes sectores de la población en esta sociedad que los impulsa a adormecer el dolor de la vida diaria con las drogas.
 
Y… por tan poco que valgan estas promesas de “preocupación” de parte de los gobernantes, ponen en ese contraste de día y noche las formas genocidas en que este sistema históricamente y hoy en día hace uso del horror de la drogadicción para demonizar, aterrorizar y matar sistemáticamente a la gente negra y latina bajo la apariencia de una “guerra contra las drogas”.
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Hasta 2010, las sentencias obligatorias de prisión por posesión de un gramo de crack de cocaína eran la misma que para la posesión de cien gramos de cocaína en polvo, una disparidad de 100 a 1, aunque nunca había ninguna evidencia de que el crack fuera más perjudicial que la cocaína en polvo, pero el crack se distribuye principalmente entre los negros y latinos pobres. La desproporcionalidad horrible en las leyes sobre las sentencias ha servido de vehículo para canalizar a los negros y latinos a la prisión, desbaratar a familias, arruinar vidas, y tachar a las personas permanentemente de “ex-preso”. Y a pesar de todo el bombo de la administración Obama de que iba a abordar este ultraje, la disparidad actual de sentencias federales sigue siendo de 18 a 1.
 
La encarcelación en masa —más de dos millones de personas encerradas en las prisiones de Estados Unidos— destruye vidas y aumenta la miseria entre el pueblo negro de manera enormemente desproporcionada. El pueblo negro constituye el 13 por ciento de la población de Estados Unidos, y los estudios del gobierno de Estados Unidos documentan consecuentemente que las personas negras consumen drogas a una tasa similar a la de la población de Estados Unidos en su conjunto. Pero los negros representan casi el 40 por ciento de los encarcelados en prisiones estatales o federales por delitos relacionados con las drogas.
 
Han utilizado la epidemia de crack de cocaína para demonizar a la gente negra. Pintan a los consumidores de crack de cocaína como “super-depredadores”. A los hijos de mujeres que sufren de adicción al crack les deshumanizan tachándoles de “bebés de crack” (a pesar de los estudios que determinaron que no hay ninguna diferencia estadísticamente significativa a largo plazo de la salud y vida de los bebés a término expuestos a la cocaína como fetos y los que no).
 
Durante décadas, la llamada “guerra contra las drogas” ha enviado un ejército de ocupación a las comunidades negras y latinas. Sucedían con regularidad escenas como la de a principios de la película Straight Outta Compton en la que un ariete parecido a un tanque arranca la parte de en frente de una casa, aterrorizando a todo un barrio.
 
En 1998, el presidente Bill Clinton decidió continuar la prohibición del uso de fondos federales para los programas de intercambio de agujas (en esa administración Hillary Clinton estaba muy involucrada en el establecimiento de políticas internas). Clinton lo hizo a pesar de los numerosos estudios que determinaron que esos programas prevenían la propagación de enfermedades terribles como el SIDA y la hepatitis C sin aumentar el consumo de drogas. Anularon la prohibición federal en 2009, pero programas del intercambio de agujas sigue siendo ilegales en más de una docena de estados, y hay desigualdades de vida y muerte entre los que tienen o no tienen acceso a ellos. Un estudio de 2011 reveló que los programas de intercambio de agujas que sirven a las personas de color son más de tres veces probables de reportar la detención frecuente de clientes mientras viajan hacia o desde el lugar del intercambio, y casi cuatro veces más propensos a reportar la confiscación ilegal de la jeringa por la policía. (Ver “The roles of law, client race and program visibility in shaping police interference with the operation of U.S. syringe exchange programs” [El papel de la ley, la raza del cliente y la visibilidad del programa con respecto a la intervención de la policía con la operación de los programas de intercambio de jeringas en Estados Unidos], 2011).
 
Estas son políticas del gobierno que deliberada y conscientemente condenan a las personas a morir de enfermedades secundarias difundidas por agujas compartidas, las que incluyen el VIH / SIDA y la hepatitis-C. En realidad constituye nada más que la guerra biológica, nada más que privar a las personas del tratamiento que puede salvarles la vida con las excusas más obscenas.
 
Y como resultado vidas están en ruinas y hay gente que muere terriblemente — gente de sectores de la sociedad que eran esclavizados, comprados y vendidos para construir la gran riqueza de Estados Unidos, explotados brutalmente, gente para la cual este sistema ya no tiene ningún uso. Gente a que los valores retorcidos del capitalismo ven a través de la lente deformada de “si mueren, tanto mejor”.
 
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Demonizar a las víctimas negras y latinas de la drogadicción.... Encarcelarlas bajo sentencias muchas veces más duras que las de los blancos que usan una forma ligeramente diferente de la misma droga.... Usar la plaga de la drogadicción para desatar un régimen de terror y muerte a manos de la policía e invadir a estas comunidades como las tropas de Estados Unidos en Vietnam o Irak.... Negarles a propósito el intercambio de agujas que salva vidas y otros recursos a sabiendas de que iba a condenar a muchos a una muerte horrible por el SIDA y la hepatitis C.
 
Esto no es solamente el racismo o la discriminación. Va mucho más allá de eso, en el uso de la política del gobierno para encarcelar, contagiar con enfermedades y matar a las personas de un grupo des-favorecido. En otras palabras, el genocidio.
 
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Las implicaciones GENOCIDAS de todas las políticas diferenciales hacia las víctimas de la drogadicción ponen de relieve la necesidad de que este sistema podrido sea derribado al primer momento posible y reemplazado por una sociedad en el camino a eliminar toda opresión y, como parte clave de realizarlo, a superar el terrible legado de opresión y desigualdades — la creación de una sociedad en que la gente NO tenga que adormecerse para simplemente sobrevivir.
 
La manera en que millones de personas de todos los sectores de la gente en este “mejor país del mundo” han sido destruidas, sus vidas arruinadas por la combinación de la drogadicción y la persecución violenta por ser víctimas de la drogadicción, es una severa condena de la naturaleza de este sistema.
 
Periódico Revolución | revcom.us
 
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