miércoles, 30 de agosto de 2017

La nueva estrategia de Trump en Afganistán: Mayores horrores por encima de 16 años de horrores


El lunes 21 de agosto, Donald Trump anunció su nueva estrategia para la guerra de Estados Unidos contra Afganistán que ya cumple 16 años. “No estamos construyendo naciones otra vez”, chilló Trump. “Estamos matando terroristas”.
 
Trump prometió anular todas las restricciones, que impiden que sus generales y mariscales de campo descarguen matanza y destrucción, inclusive las restricciones menores que quizá reduzcan las bajas de civiles. Alabó el “éxito” de la orientación de darles con todo en Mosul, Irak. Ahí, el embate encabezado por Estados Unidos dejó a enormes sectores de la ciudad en escombros y hasta 40.000 muertos. Y aunque Trump no lo dijo, según extensos informes, Estados Unidos enviará otros 3.900 soldados a Afganistán.
 
Trump no solo amenazó con más matanzas en Afganistán. Como el mafioso internacional que lo es, amenazó a Pakistán con graves consecuencias si no jugara el juego de Estados Unidos y no dejara de ayudar y alentar al Talibán. Le advirtió al gobierno de Afganistán, impuesto por Estados Unidos (y según informes, que pierde de 20 a 30 soldados al día), que debe estar listo para hacer aún mayores sacrificios al servicio de los objetivos de Estados Unidos. Y declaró que Estados Unidos “va a participar en el desarrollo económico a fin de ayudar a sufragar el costo de esta guerra para Estados Unidos”, en referencia al debate en muchos círculos acerca del potencial de que Estados Unidos se beneficie de la enorme riqueza mineral sin explotar en Afganistán.
 
Todo eso descarga nuevos crímenes y horrores sobre el pueblo de Afganistán por encima de los crímenes y horrores que ya ha sufrido durante 16 años, y amenaza con nuevos horrores contra la gente de la región y el mundo.
 
En su guerra injusta y ocupación de década y medio de duración contra el reaccionario gobierno del Talibán de Afganistán así como otros yihadistas islámicos, Estados Unidos ¡ya ha matado un sinnúmero de miles de hombres, mujeres y niños! Ha bombardeado fiestas de bodas y deliberadamente ha masacrado a aldeanos inocentes: 16 en una noche, a manos de un soldado que se desmandó lleno de odio. En redadas nocturnas, ha detenido y aterrorizado gente y luego la ha entregado a sus “aliados” afganis para su tortura en una mazmorra adjunta a la Base Aérea Baghram, la que Estados Unidos tuvo que cerrar en 2014 cuando se puso al desnudo su barbarie ahí. Las autoridades calculan que la guerra ha dejado a una pasmosa cantidad de 149.000 muertos y 162.000 heridos, grandes cifras que sin duda alguna subestiman muchísimo las matanzas. ¡Tan sólo en 2016, la guerra obligó a medio millón de personas a abandonar sus hogares!
 
En abril, el régimen fascista de Trump y Pence detonó en Afganistán la bomba no nuclear más grande del mundo, apodada la MOAB, o sea, “la madre de todas las bombas”. Estados Unidos escaló los ataques aéreos, a 389 en junio, el mes de más ataques en cinco años, que resultó en más civiles muertos. Y Trump promete más muertos, más heridos y más terror. Así como la posibilidad de extender la guerra en la región, y posiblemente en el mundo.

¿Por qué empezó Estados Unidos esta guerra?

El discurso de Trump acaparaba los noticieros vespertinos, y múltiples políticos y defensores del sistema lo discutían. Pero lo hicieron dentro de cierto marco: que los motivos de Estados Unidos por invadir y ocupar a Afganistán fueron incuestionablemente buenos, incluso nobles.
 
Pero, ¿de qué se trata esta guerra? ¿Qué ha estado haciendo Estados Unidos en Afganistán?
 
En octubre de 2001, el régimen de George W. Bush invadió a Afganistán. Lo hizo bajo el pretexto de “liberar” a la población, de traer libertad y democracia y de hacer justicia contra los responsables de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
 
En realidad, eso no es el motivo de la invasión de Afganistán. Como el padrino del imperialismo mundial, Estados Unidos, como cualquier jefe mafioso, no pudo soportar los insultos, y mucho menos las críticas de los gángsteres menores, y conservar su posición como máximo depredador mundial. Después de que pasó la conmoción del 11 de septiembre de 2001, el régimen de Bush lo consideró esencial azotar con violencia, a una escala masiva, para hacerle ver a todos y cada uno que ni la voluntad ni el poderío de Estados Unidos se habían menguado, sino que más bien, al igual que el imperio romano, iba a aniquilar a sus enemigos. Afganistán fue el primer blanco de la embestida premeditada.
 
Los gobernantes estadounidenses también se vieron impelidos a tomar medidas drásticas para minar el crecimiento y la influencia del reaccionario fundamentalismo islámico, encarnado en grupos como Al Qaeda y el Talibán y estados como Irán. No lo hacía porque esas fuerzas islámicas oprimen a la gente, especialmente a las mujeres, de maneras salvajes y medievales, sino porque socavan el control del imperialismo estadounidense sobre el Medio Oriente y Asia central, regiones que son claves para su poder mundial.
 
Bob Avakian ha estudiado a fondo los motivos de los imperialistas, la necesidad que enfrentan y cómo vieron esa necesidad, y las profundas repercusiones de la “Guerra contra el terror” en Forjar otro camino. Para las fuerzas dominantes de la clase dominante de Estados Unidos esta sería una guerra que duraría décadas con el fin de reestructurar la región —“para vaciar el pantano” como decían— a fin de eliminar las bases económicas, sociales y políticas del fundamentalismo reaccionario y así integrar más completamente al orden mundial dominado por Estados Unidos a esta vasta extensión del mundo en general y en su rivalidad con Rusia y China en particular.
 
Después de Afganistán, Estados Unidos puso en la mira a Irak, y también puso en la mira a Irán, Libia, Siria y otros regímenes.
 

Que motiva la nueva estrategia de Trump

La invasión a Afganistán ha resultado en la guerra más larga en la historia de Estados Unidos. Pero ni las maniobras o cambios económicos, políticos y militares, ni los aumentos de soldados o la retirada de soldados le han dado una victoria, y el gobierno de Afganistán respaldado por Estados Unidos sigue siendo débil.
 
Cuando Trump desvaría contra la “construcción de naciones”, señala un aspecto central de su nueva estrategia: que ahora Estados Unidos se centrará en aplastar a las fuerzas que representan un desafío al imperio estadounidense y sus objetivos mundiales. Sin duda alguna, este cambio de estrategia implicará una violencia mucho más atroz, tortura y destrucción de Afganistán y más allá y se indica en el mensaje de Trump a sus comandantes de que ya no tienen que preocuparse al llevar a cabo matanzas, masacres y crímenes de guerra.
 
El régimen de Trump y Pence está indicando que está listo a extender la guerra en Afganistán (posiblemente contra los “refugios seguros” del Talibán y Al Qaeda en Pakistán) como parte de las maniobras que planea para el sur de Asia, como trabajar más de cerca con India.
 
 
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